Agatha Christie, la reina del crimen.

A cien años de su primera novela, su bisnieto y guardián de la obra habla de una vida única.

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Ala autora que aprendió a leer y a escribir sola y fue a una escuela recién a los 16 años, solamente Shakespeare y la Biblia la superan en ventas. Según la web más importante de recomendación de libros en Reino Unido, si pusieran uno atrás de otro los 2000 millones de ejemplares que se imprimieron de sus obras, darían una vuelta y un cuarto a la Tierra o recorrerían una séptima parte de la distancia que hay a la luna. Es un ejercicio simpático con un resultado curioso y arrollador para una señora tímida, modesta y reservada a quien las escenas más patentes de sus thrillers se le ocurrían mientras lavaba los platos. Por estos tiempos se celebra un siglo de la publicación de su primera novela, El misterioso caso de Styles. El “año Agatha Christie”, así fue bautizado, encuentra entonces a editores y herederos de sus derechos con agenda llena a pesar de la coyuntura. Es que para releerla no hace falta salir de casa. Y a sus fans cualquier excusa les parece buena para zambullirse en sus perennes crímenes de tinta y papel.

Agatha Mary Clarissa Miller está considerada uno de los más grandes genios literarios de todos los tiempos. Pero además, y lejos del estereotipo de abuelita formal que muestran sus retratos, su propia vida fue una aventura. Fue una de las primeras mujeres en la Historia en volar en avión -de madera- y, exageradamente tuerca, fue también una de las primeras en conducir automóviles. Era una gran nadadora. Le gustaba investigar las ciencias paranormales. Se alistó en las dos guerras mundiales del siglo XX. Dio la vuelta al mundo. Y escribió muchos de sus relatos en medio de las excursiones arqueológicas a las que acompañaba al segundo de sus dos maridos, 14 años menor que ella.

Como escritora debutó a los 11 años, mientras se recuperaba en cama de una larga gripe. Su madre le sugirió que se entretuviera volcando en papel las narraciones que solía contarle a la familia. El resultado, un poema sobre la improbable aceptación vecinal a los nuevos tranvías eléctricos, fue publicado en el diario local de Torquay, al sur de Inglaterra, donde vivía. Había nacido en un hogar acomodado de familia victoriana, con un padre que nunca tuvo que salir a trabajar. Apostador compulsivo, al morir dejó a la prole casi en la ruina, y bajar de nivel de vida les significó tener que alquilar su casa de veraneo y empezar a pasar largas temporadas en Egipto. Así se enamoró del paisaje, el ambiente y los aromas de Oriente, génesis que le daría contexto a gran parte de sus futuros libros. Escribía por hobby y sus primeros cuentos fueron rechazados. No le importaba, lo que Agatha Christie quería era un marido. El misterioso caso de Styles surgió de una apuesta que le jugó su hermana Madge: hacer una novela de suspenso en la que el lector no pudiera descubrir al asesino aunque contara con las mismas pistas que el detective de la historia. Terminó de escribirla en 1916 y se la rechazaron seis veces, hasta que el diario The Weekly Times aceptó publicarla, en 18 capítulos, entre febrero y junio de 1920. En octubre de ese mismo año fue editada en un solo volumen. Vendió 2000 copias y ella recibió un contrato para escribir cinco ficciones más. Con las 25 libras que cobró se compró su primer auto.

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Su método, sencillo y conducido con arte, llegó a volverse un clásico: primero decidía un crimen, después trabajaba en un móvil tan obvio que pudiera ser descartado por el público, entonces elegía un reparto variopinto de personajes capaces de asesinar, en el que no faltaban amantes celosas ni mayordomos afectados, y recién entonces desarrollaba el argumento. “El guion me viene en la calle, cuando estoy caminando, o comprando en una tienda de sombreros”, dijo. Pero lo que terminaba de volverlo perfecto eran sus dos ingredientes triunfales: venenos mortales y un detective sagaz. “El veneno tiene cierto atractivo”, decía. Había aprendido los secretos de la toxicología en el laboratorio del hospital de Torquoy, en donde trabajó como voluntaria de enfermería durante la Gran Guerra. Muy poca dosis no curaría, demasiada mataría, supo, y decidió convertir esas ponzoñas en su técnica de cabecera para acabar con las víctimas de sus ficciones.

Hércules Poirot, su héroe belga, nació para El misterioso caso de Styles. Necesitaba un investigador especial, ingenioso, reflexivo, meticuloso y con mucha destreza para resolver crímenes. Inspirándose en los refugiados belgas que llegaban al hospital, creó a este hombrecito gris, elegante, vanidoso y pulcro hasta la obsesión, un solterón otoñal tremendamente romántico. Con su bigotín rígido, sus modales remilgados, su pequeña estatura y su nombre de gigante protagonizó 33 novelas y 54 cuentos cortos y resolvió centenares de casos. Aunque tenía una fisonomía improbable, en dos ocasiones Agatha Christie dijo habérselo cruzado en el mundo real: almorzando en el hotel Savoy de Londres y arriba de un barco, en las Islas Canarias. A Poirot le hizo sombra Miss Marple, una adorable viejecita, simple y sabia, inspirada en la abuela materna de la escritora, que desenredó asesinatos en otras 32 novelas. Compitieron durante décadas desde las estanterías de las librerías, porque ella nunca quiso que coincidieran en ninguna de sus historias. A él lo eliminó de un ataque al corazón en la obra Telón, publicada en agosto de 1975. Fue tal el impacto que el New York Times le dedicó un obituario. En 2014 resucitó de la mano de Sophie Hannah, poeta y novelista británica, responsable de varios thrillers psicológicos que fueron bestsellers internacionales y elegida por los herederos de la autora para continuar, 45 años después, con su legado. Aunque no era faena fácil, la crítica la aplaudió: “Hannah hace un trabajo bordado en seda, sin egos, para revivir al querido detective belga. Un Christie clásico. Entiende a Poirot como nadie, o como solamente Agatha Christie lo haría”, dijeron. Ella se toma las cosas con calma: “Lo hago a mi modo. Sería imposible reproducir la forma de escribir de la reina del crimen”.

“Mi bisabuela era un genio”
Christie también compuso historias de amor, firmadas con el seudónimo de Mary Westmacott y protagonizadas por heroínas tímidas enamoradas de apuestos oficiales. Una de ella, Lejos de ti esta primavera, la completó durante un fin de semana. Además, publicó cuentos infantiles, relatos cortos, poemas, ensayos y 20 obras teatrales -una, para niños-. La ratonera está en cartel en el West End de Londres desde 1952 -aunque este 16 de marzo fue suspendida por la cuarentena-. Empezó como un segmento de radio de 20 minutos y se convirtió en el producto teatral más longevo jamás representado. Desde hace 68 años, cada día el nombre de Agatha Christie se lee en los diarios ingleses, en la cartelera de espectáculos. Récord adicional, es la única dramaturga mujer en haber tenido tres obras activas simultáneamente en la misma ciudad. También fue la primera literara del género a la que una misma editorial, Penguin, le publicó 100.000 copias de cada uno de diez de sus libros el mismo día: un millón en una única tarde de 1948.

Pero la fama no la turbaba. Cuando le preguntaban de dónde venía su talento, decía que un extraño ángel alado la frecuentaba en su habitación. Odiaba las entrevistas y las apariciones públicas. Aceptó ser presidenta del célebre Detection Club -asociación que reúne a los escritores de novelas policiales más importantes de Europa- con la precisa condición de que nunca la obligaran a dar un discurso. Sostenía que recurría al papel porque tenía problemas para expresar verbalmente lo que sentía: “La gente debe interesarse en los libros, no en sus autores (.) No hay método detrás del genio, sólo necesito una máquina de escribir y un poco de paz”.

"Creo que uno de los conceptos erróneos sobre ella ­-dice James Prichard- es que, de alguna manera, siempre fue vieja"

Para su familia era sólo una abuela normal, cariñosa y curiosa. “A veces, solía leernos sus historias después de la cena, uno o dos capítulos por noche -contaba su nieto Matthew Prichard, hijo de la única hija que tuvo Christie-. Creo que nos usaba como conejitos de indias, para estudiar cuál sería la reacción del público. Solamente mi madre sabía quién era el asesino. El resto de nosotros a veces adivinaba y a veces no. Eran escenas familiares muy lindas. Y entonces, un par de meses después, veíamos esas mismas historias en las librerías”. En Agatha Christie Limited, la empresa que ella misma fundó en la década del 50 para velar por los derechos de su obra, a Matthew lo sucedió su hijo James, bisnieto de la autora. Para él, era sencillamente la bisabuela Nima. La recuerda así para LA NACION revista.

¿Circulan muchos mitos sobre ella? ¿Podrías contar o desmitificar alguno de ellos?

No estoy seguro de si podría llamarse mito o no, pero creo que uno de los conceptos erróneos sobre ella es que, de alguna manera, siempre fue vieja. Existe la sensación de que era como el personaje de Miss Marple. Obviamente, no era así. Era una joven extraordinariamente enérgica y activa que tuvo todo tipo de aventuras y experiencias. Por ejemplo, ¿sabías que surfeaba? Aprendió a surfear en Sudáfrica y en Hawái en 1922. De hecho, se le atribuye ser la primera mujer británica en ponerse de pie en una tabla de surf. También era una arqueóloga en ciernes, pasó muchos años con su segundo esposo, Sir Max Mallowan, en excavaciones en el Medio Oriente.

Si hoy estuviera viva, ¿seguiría siendo única? Me refiero a si habría muchas mujeres que podrían competirle en términos de sentido de aventura, espíritu y agudeza.

Es difícil comparar entre épocas. Sin embargo, creo que un talento al nivel del que estamos hablando fue único. Es extraordinario que una mujer nacida en Torquay a fines del siglo 19 se convirtiera en la novelista más vendedora de todos los tiempos. Mi bisabuela tuvo una influencia increíble en el género de los crímenes de ficción y en la literatura en general. Fue pionera de muchos de los giros y tópicos que usamos hoy, y muchísimos de nuestros más destacados autores modernos la eligen como fuente de inspiración. Creo que en términos de creatividad y talento, y no uso esta palabra ligeramente, era un genio. Con toda razón se merece su lugar como una de las damas más influyentes de los tiempos modernos.

Elegir a Sophie Hannah para resucitar a Poirot podría sonar como una decisión difícil que tomaron sus herederos para. ¿hacer dinero?

Por supuesto que hay un elemento financiero en una decisión de ese tipo. Pero parte también fue para divertirnos, nosotros y los lectores. Pensamos que sería interesante encontrar a alguien que pudiera escribir más historias de Poirot. Resultó que Sophie se acercó a nosotros justo cuando estábamos considerándolo, así que la casualidad jugó un papel importante.

Agatha Christie, escritora y arqueóloga

Los subproductos de sus obras, como las películas, tienen nuevos giros. ¿Ustedes los deciden o solamente los aprueban?

Tenemos voz en la mayoría de los proyectos en los que trabajamos. Es justo decir que aprobamos cualquier desviación del texto original. Pero somos muy conscientes de lo que estamos haciendo. Sin embargo, cada medio requiere cosas diferentes. Lo que funciona en forma de libro no siempre funciona en película. Así que constantemente estamos haciendo pequeños cambios y a cada formato se le aplica un criterio específico.

James Prichard se entusiasma hablando de secuelas y se prepara para el aluvión de títulos que este año de homenajes llevarán el sello de Agatha Christie. Los proyectos incluyen adaptaciones de la cadena BBC de Londres y el lanzamiento editorial de The Killings at Kingfisher Hill, de la saga de Poirot a cargo de Sophie Hannah. En Argentina, Editorial Planeta acaba de reeditar El misterioso caso de Styles, Cita con la muerte, Diez negritos y Los elefantes pueden recordar. Y tiene en agenda, para lo que queda de 2020, el lanzamiento de seis títulos más, incluyendo Un cadáver en la biblioteca, Cinco cerditos y Muerte en el Nilo. Para octubre, además, se espera el estreno de una megaproducción de Disney basada en Muerte en el Nilo, dirigida y protagonizada por Kenneth Branagh en el papel de Poirot.

Agatha Christie, Dama del Imperio Británico, artesana de las historias fáciles de leer, bestseller monumental, falleció en enero de 1976, a los 86 años. Esa noche todos los teatros del West End de Londres apagaron las luces de sus marquesinas en su honor. La sobrevivieron dos autobiografías, una escrita a lo largo de 15 años, que ella exigió que no fueran publicadas antes de su muerte. Genio y figura de la soberana indiscutible del misterio. (Por: Silvina Dell´Isola para La Nación)

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