El cerebro robado de Einstein

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Albert Einstein (falleció en 1955) fue cremado menos de 24 horas después de que la sangre dejara de andar por los senderos de su cuerpo. Pero su privilegiado cerebro, que tantos aportes había hecho a la ciencia, fue robado por el patólogo que le realizó la autopsia, Thomas Stoltz Harvey.

Este hombre de 40 años, que trabajaba en el Hospital de Princeton, en Nueva Jersey, extrajo el órgano más sabio del mundo. Lo guardó en un frasco y se lo llevó a su casa.

Enteradas del hecho, las autoridades del hospital despidieron a Harvey sin contemplaciones. Pero el cerebro se fue con él. Harvey enfrentó la ira de Hans Albert, el hijo de Einstein, pero logró convencerlo para conservarlo para fines científicos.

Thomas Stoltz Harvey, el patólogo que hizo la autopsia de Einstein y se robó su cerebroThomas Stoltz Harvey, el patólogo que hizo la autopsia de Einstein y se robó su cerebro

Harvey, diseccionó el cerebro en 240 partes. Envió algunas muestras a diferentes laboratorios y creó doce juegos de diapositivas que mandó a algunos investigadores. El resto lo dispuso en dos recipientes especiales y los escondió en el sótano de su casa. Contactó a algunos neurólogos para que examinaran el cerebro de Einstein, pero ninguno lo quiso hacer. Creían que este lunático les mentía. Su propia mujer, harta de la obsesión de su marido con el cerebro de Einstein, lo abandonó.

El ejército de los Estados Unidos se puso en contacto con Harvey porque querían el cerebro de Einstein para evitar que cayera en manos de los soviéticos. Harvey mintió y dijo que no lo tenía. La guerra con Vietnam y el escándalo de Watergate hicieron que todos olvidaran el tema.

Hasta que en 1978 un periodista (Steven Levy, del New Jersey Monthly) entrevistó a Harvey quien le confesó que aún lo tenía guardado en su casa, en una caja de sidra que escondía debajo de un enfriador de cervezas. La doctora Marian Diamond se contactó con Harvey y le pidió un fragmento. Los pedidos se multiplicaron y Harvey cortaba con un cuchillo de cocina pequeños trozos que mandaba por correo o llevaba él mismo en el auto, dentro de su maleta, en una suerte de peregrinaje enloquecido.

Albert Einstein, en la portada de la revista TimeAlbert Einstein, en la portada de la revista Time

En 1996, otro periodista llamado Michael Paternini, comenzó a investigar. Paternini reconoció a la BBC: “Cuando escuché por primera vez la historia del cerebro de Albert Einstein pensé que era una leyenda urbana”. Contactó a Harvey, que trabajaba en una tienda de plásticos en Kansas y estaba arruinado económicamente. Juntos emprendieron una aventura que bien podría ser una película. En un viejo Buick Skylark atravesaron los Estados Unidos con lo que quedaba del cerebro del genio en una valija. Iban a reunirse con la nieta de Einstein, Avelyn. La idea era devolver el cerebro a sus herederos. Paterniti no dejó de aprovechar la oportunidad y escribió un libro que se llamó Conduciendo a Mr Albert.

Avelyn no quiso saber nada con el órgano de su abuelo y tras la muerte de Harvey, éste fue donado. Partes del mismo se exhiben en el Mütter de Filadelfia y en el Museo de Salud y Medicina en Maryland.

El cuerpo de Albert Einstein se convirtió en cenizas tal como lo había pedido su dueño, pero no así su cerebro que eternamente seguirá iluminando a la humanidad.

¿QUÉ TIENE EL CEREBRO DE EISNTEIN?

Qué tiene el cerebro de Albert Einstein que no tenga el tuyo? • LADO B

En 1955, unas horas después de que Einstein falleció, el patólogo Thomas Harvey removió el cerebro del cráneo de uno de los físicos más importantes del Siglo XX, y fotografió algunas secciones. Si la simple extracción ha causado controversia por más de cincuenta años, las características de su cerebro han sido el centro de atención y de discusiones, ya que muchos aseguran que es ahí donde está la clave de su inteligencia. Ahora, una nueva investigación analizó las imágenes que el patólogo capturó en la década de los 50’s, y reveló que su cerebro presenta un cuerpo calloso, el puente de comunicación entre ambos hemisferios, más grande que el promedio.

Los investigadores midieron el grueso del largo de una porción específica del cuerpo calloso del cerebro de Einstein y lo compararon con el de 15 hombres maduros y 52 jóvenes. El grosor del de Einstein fue mayor que el del promedio de los dos grupos de hombres. Los autores proponen que esto se debe a que existen más fibras nerviosas que conectan regiones clave, como las dos partes de la corteza prefrontral, parte responsable de que los humanos tengamos un pensamiento complejo y la capacidad de tomar decisiones. De hecho, ya se tenía evidencia de que algunas partes del cerebro de este notable físico son muy grandes y con muchos pliegues intrincados.

No nos desanimemos. La variación existe en toda la naturaleza. Tanto el cerebro de Einstein, como el nuestro, y el de todo aquel organismo con uno, tienen ciertos atributos que los hacen únicos. Por medio de algún escaneo cerebral podemos conocer las características de nuestro cerebro, o incluso podemos estudiar el de alguien que ya lo haya donado. Por ejemplo, el análisis del cerebro del matemático Carl Gauss, el Princeps mathematicorum(palabras en latín que en español significan “príncipe de las matemáticas”), arrojó que su órgano presentaba muchas circunvoluciones, característica que han relacionado con su inteligencia. (Fuente Lado B)

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