El secreto que oculta en su interior el famoso busto de Nefertiti

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Una tomografía computarizada que se difundió en 2009 reveló que la obra de la “mujer más bella de la historia” contiene una escultura tallada en piedra caliza que muestra un rostro con arrugas, “real, humano e imperfecto”.

No hay ninguna reina de Egipto cuyo rostro sea tan conocido como el de Nefertiti. Ni tan siquiera el de la poderosa Hathsepsut, que reinó como faraón; ni el de la bella esposa Nefertari del gran Ramsés II, retratada en la tumba más espléndida del Valle de las Reinas; por no hablar de Cleopatra VII, más relacionada con la fisonomía de Elisabeth Taylor que con la suya propia.

Nefertiti, que participó como consorte en la revolución religiosa de su esposo Akenatón, llamado el hereje, logró la inmortalidad y la fama mundial gracias, no obstante, a una obra de arte, la del escultor Tutmosis, recuperada de la arena del desierto en 1912.

El descubrimiento, por parte de la misión arqueológica del alemán Ludwig Borchardt en el inmenso yacimiento de Tell-el-Amarna, levantó polémica desde el inicio. Por aquel entonces, las excavaciones, financiadas esencialmente por países europeos, se repartían por un igual los hallazgos con el país de origen, Egipto.

Nefertiti. El busto de la reina egipcia en el Neues Museum de Berlín, Alemania. Cada año recibe la visita de un millón de personas. / Foto: EFE

Nefertiti. El busto de la reina egipcia en el Neues Museum de Berlín, Alemania. Cada año recibe la visita de un millón de personas. / Foto: EFE

Y fue así como el famoso busto acabó viajando a Berlín, no sin cierto engaño, ya que Borchart, consciente de la importancia de la pieza, se apresuró a envolverla y mostrar solo una mala fotografía al Ministerio de Antigüedades egipcio, que pecó de ingenuidad a la hora de dar su visto bueno al reparto propuesto por el avispado arqueólogo.

El busto de la reina se expuso por primera vez en 1924, en el Neues Museum, causando gran expectación y donde permanece a pesar de los reclamos insistentes de Egipto para que regrese a su hogar. Difícil lo tiene. Cada año recibe la visita de un millón de personas, muchas de las cuales se dirigen a la Sala de la Cúpula Norte del museo berlinés solo para verla a ella. Una aseguradora tasó la obra hace un par de años en más de 300 millones de euros.

Convertida desde un inicio en un icono de belleza del antiguo Egipto, la obra fue sometida a un detallado estudio de dos años por parte de un equipo de investigadores del Imaging Science Institute de Berlín liderados por Alexandre Huppertz. Los resultados, publicados en 2009 en la revista científica ‘Radiology’, fueron sorprendentes.

Una tomografía computerizada mostró lo que no había sido capaz de detectar otra practicada en 1992: casi como si se tratara de un juego de matrioskas, en el interior del delicado rostro de la reina había otra escultura. Foto: AFP

Una tomografía computerizada mostró lo que no había sido capaz de detectar otra practicada en 1992: casi como si se tratara de un juego de matrioskas, en el interior del delicado rostro de la reina había otra escultura. Foto: AFP

El descubrimiento
Una tomografía computarizada mostró lo que no había sido capaz de detectar otra practicada en 1992, cuando esta tecnología no estaba tan avanzada: casi como si se tratara de un juego de matrioskas, en el interior del delicado rostro de la reina había otra escultura. Concretamente, un primer busto modelado en piedra caliza que representa también el rostro de Nefertiti.

Ahora bien, este primer retrato resulta mucho más fidedigno con la realidad: muestra a una mujer igualmente bella, pero con arrugas en la comisura de los labios y en las mejillas, pómulos no tan prominentes y una pequeña elevación en el tabique nasal. Es decir, la Nefertiti real, humana e imperfecta.

​El propio creador practicó una cirugía estética a su obra original, creada aproximadamente unos 3.400 años atrás, con el objetivo de obtener un ideal de belleza.

El escultor Tutmosis utilizó un extraño sistema de elaboración para modelar el rostro de la reina. Por encima de la pieza tallada sobre la piedra añadió una serie de capas de estuco de diverso grosor hasta lograr el resultado final que todos conocemos y cuya imagen resulta más idealizada de lo que se creía.

Se podría decir que el propio creador practicó una cirugía estética a su obra original, creada aproximadamente unos 3.400 años atrás, con el objetivo de obtener un ideal de belleza, un canon estilístico, que todavía hoy admiramos, una Nefertiti que hace honor al significado de su nombre: “la bella ha llegado”.

(Por Silvia Colomé para Clarín // Imagen principal: El busto de Nefertiti, de Egipto. / Foto AFP)

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