Decepción y derrota histórica de Argentina en Qatar

La Selección y los motivos del papelón: jugó mal y tuvo mala suerte pero también subestimó el partido.

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En su debut en el Mundial cayó 2-1 ante Arabia Saudita, en la previa el rival más flojo del grupo. ¿Y ahora?

Como si los planetas se hubieran alineado en contra, la Selección perdió el partido que nadie pensaba perder. ¿Por qué perdió? Creo que se conjugaron tres factores, que esos tres planetas malignos operaron en simultáneo: jugó mal, subestimó el partido y tuvo mala suerte.

El equipo no tuvo juego. Ausentes las famosas “pequeñas sociedades”, la idea de dominar tenencia y terreno nunca prosperó. Se sabía cómo iban a jugar los árabes. Dos líneas de cuatro en poco espacio, entonces lo más recomendable era buscar el cambio de frente y la profundad por afuera. Se intentó, no funcionó. Y no hubo Plan B, agravado por bajísimas actuaciones individuales.

Messi debe haber jugado uno de sus partidos más flojos en su larga trayectoria en la Selección y eso que no fue maltratado con faltas, apenas contenido con marcas escalonadas. Más viejo que el viento. Ahora bien, con Paredes estático, con De Paul errático, Gómez de ratitos y Di María sin desborde y mal con la pelota, el 10 tampoco tuvo con quien jugar, si lo hubiera intentado. No fue líder de juego, desde ya.

Un equipo inexplicable que se convirtió en un fantasma

El gol apenas empezado el partido gracias a un penalcito que habría que agradecer pareció que el estreno iba a una goleada cómoda. Los jugadores dieron esa sensación, jugando a dos por hora, esperando ese segundo gol y ese tercero que tarde o temprano llegaría. Llegaron pero el VAR es impiadoso. ¿Y entonces qué? Siguió esperando mansamente que las peras cayeras del árbol pero se olvidó de sacudir el árbol. Las peras no cayeron.

Y tuvo mala leche dos veces. En esos offsides de microscópico, bien sancionados según el nuevo sistema. En esa tapada del arquero saudita a los 2 minutos al zurdazo de Messi. En la ráfaga de siete minutos en que se pasó del 1-0 tranquilo pero insuficiente al 1-2 ilevantable porque la voltereta del resultado agrandó al adversario y, por el contrario, pasmó el espíritu rebelde de la Selección. Y tuvo mala suerte en la definición de las pocas jugadas a fondo que creó cuando buscaba el empate.

Todas las alarmas están encendidas. Se jugó mal. Hubo rendimientos pobrísimos y la matemática señala que la clasificación a octavos se complicó demasiado y demasiado temprano, incluso con cualquier resultado de México y Polonia, a la sazón, los rivales que parecían más difíciles. Se dio por hecho que los tres puntos iniciales estaban en el bolsillo. Ahora no. Ahora hay que remar. Y parece que el mar se transformó en un océano de dulce de leche. (Fuente Clarín-Por Daniel Lagares)

DECEPCIÓN

Tantas veces se advirtió: la Argentina podía perder contra cualquiera. Y sucedió, y sucedió contra cualquiera, porque Arabia Saudita no le pudo regalar más facilidades. No fue necesario que el Mundial entrase en tramos decisivo, que el examen lo tomaran los rivales europeos, para descubrir la auténtica robustez de la Argentina. Jugó mal siempre, pero ocho minutos la quebraron. Le faltó todo al equipo: estilo, astucia y carácter. Vaya momento para perder el invito que se infló con amistosos basura. Otro déficit señalado en varias oportunidades. La Argentina, que no entendió el partido en el primer tiempo, quedó atrapada por el shock emocional que la mandó al diván desde el amanecer de la segunda parte. Ya sabe lo que le espera: caminar por la cornisa. También la Argentina perdió el partido inaugural con Camerún en 1990 y luego trepó hasta la final; España cayó en su estreno en 2010 y terminó como campeón del mundo. Tendrá que reinventarse, atrapada por los nervios.

El derrumbe espiritual fue estrepitoso. Para confirmar que los mundiales imponen otra atmósfera, otra tensión. El principal capital de la selección era su contrato de hermandad, pero esa personalidad no llegó al rescate. La pelota quemó. A los inexpertos y hasta a Lionel Messi, que se enredó entre telarañas emotivas y limitaciones físicas. Un equipo que se crió en la victoria, se evaporó en la derrota. La Argentina no se encontraba en desventaja en un juego desde 2019, desde la semifinal con Brasil de aquella Copa América. El examen estaba pendiente, pero nadie podía suponer que la adversidad la iba a paralizar. Menos contra Arabia Saudita, físico e intenso, sí, pero de tercer orden internacional. La selección jamás había caído contra un oponente asiático en las Copas del Mundo.

¿Es el peor resultado histórico de la Argentina en los mundiales? Difícil asegurarlo porque aparecen los matices, los contextos. Pero ingresa en la galería del terror, sin dudas, junto con Camerún (0-1) en 1990; Checoslovaquia (1-6) en 1958, y Alemania (0-4) en 2010. Atendiendo el rival, probablemente se trate del mayor martillazo.

Messi, como si quisiera esconderse, presiente el derrumbe en pleno partidoMessi, como si quisiera esconderse, presiente el derrumbe en pleno partidoAníbal Greco – La Nación

La gestión en la desesperación también naufragó. Los cambios de Lionel Scaloni terminaron por deformar al equipo. El entrenador deshilachó a una formación que atravesaba por una crisis de identidad. Julián Álvarez ocupó una posición incómoda y Enzo Fernández rellenó un puesto infrecuente. Si el equipo no tuvo lucidez en la primera etapa para destrabar la ingenua trampa del offside que le proponía Arabia Saudita –desprendiéndose desde atrás era la opción, no lanzando hacia el espacio una y otra vez–, la ceguera condujo a la manada desde la desventaja hasta el cierre. La Argentina padeció los minutos adicionados: lejos de una oportunidad para la búsqueda heroica, se convirtieron en un martirio. La selección ya se había transformado en un fantasma.

Lionel Scaloni deshilachó al equipo con los cambios en el segundo tiempoLionel Scaloni deshilachó al equipo con los cambios en el segundo tiempoKHALED DESOUKI – AFP

Cuando Arabia empató, olió sangre y fue por más. Cuando Argentina se descubrió ensangrentada, se asustó. De tan camaleónico en otras ocasiones, desconcertante incluso en algunos éxitos y barnizado por el azar, una tarde en Doha todo se desplomó. En el momento más inoportuno. Muchas veces la selección jugó agazapada, a la espera de la equivocación del rival. Muchas veces estuvo despistada y lo protegió un desacierto en la definición del adversario. Arabia tuvo suerte, desde ya, en su día para la eternidad. A la Argentina se le desmoronaron todas las máximas que hace tiempo habían desplazo los pilares del análisis. Un equipo un poco inexplicable, asumiendo la vaguedad como virtud.

La propuesta siempre fue titilante, pero el éxito barrió el debate. La que parecía incuestionable era la personalidad. Un equipo salvaje, valiente, hasta con peligrosos aires pendencieros. Capaz de prepotear los partidos para llevarlos hasta donde el juego no siempre conducía a la selección. Un equipo insoportable como tono elogioso. Adaptarse a todo, siempre con las revoluciones altas, era ese encanto pragmático de un grupo de espartanos. Al escudo le faltó el corazón. (Por Cristian Grosso para La Nación)

Mundial qatar 2022 - argentina vs arabia saudita - partido 1920 scaloni

 

Derrota argentina en el debut de la Copa del Mundo (REUTERS/Hannah Mckay)

Derrota argentina en el debut de la Copa del Mundo (REUTERS/Hannah Mckay)

BOLOTIN DE CALIFICACIONES

Emiliano Martínez (5):
Nada que hacer en los dos goles, que fueron, además, los únicos dos remates con peligro de Arabia Saudita.

Nahuel Molina (4):
Se lo notó atado por momentos en su estreno mundialista, aunque por otros pasó bien hasta al fondo, pero no descargaron para él. El segundo gol de Arabia llegó por su sector.

Cristian Romero (4):
Fue el mejor de la defensa que casi no fue inquietada en el primer tiempo. Y también organizó la mejor jugada de ataque, válida, en ese período. No llegó a cerrar en el primer gol de Arabia Saudita. Ahí sintió una molestia y se fue reemplazado.

Nicolás Otamendi (5):
Casi no tuvo trabajo. Despejó de cabeza un remate con destino de arco, pero en la jugada siguiente llegó el segundo de Arabia.

Nicolás Tagliafico (5):
Sin una referencia para marcar, se mostró como alternativa para generar espacio por la banda izquierda. Pero no lo buscaron demasiado y cuando tuvo la oportunidad no tuvo claridad para terminar la jugada.

Ángel Di María (5):
​Buscó y buscó durante todo el partido, pero le faltó claridad para la puntada final. En la segunda parte desbordó bien por la derecha, pero sus centros no encontraron receptor.

Rodrigo De Paul (4):
​Jugó en modo Atlético de Madrid. Apagado, poco claro, con escasa dinámica. Cometió muchos errores en el manejo del balón.

Leandro Paredes (4):
Impreciso, sin su habitual pivoteó para convertirse en el eje del mediocampo. De todos modos, sorprendió su cambio.

Alejandro Gómez (5):
El Papu fue el más claro en el primer tiempo. Con mucha movilidad por la banda, pero también cerrándose para generar juego. Asistió a Lautaro Martínez en uno de los goles que fue anulado por offside.

Lionel ​Messi (4):
​​Arrancó bien el partido con un casi gol y el penal acertado. Luego le costó encontrar espacios en el bloque súper compacto que planteó el rival. Perdió la pelota en el primer gol de Arabia Saudita. Un flojo estreno para la Pulga en su quinto Mundial.

Lautaro Martínez (4):
Mostró su entrega habitual para ser el primer defensor, pero se lo notó ansioso y cayó demasiadas veces en posición adelantada. Había definido con excelencia en lo que era su primer gol en un Mundial, que fue anulado por offside.

Lisandro Martínez (5):
​Entró por Romero, cuando el partido ya estaba 1-2. Arabia casi no atacó desde entonces. Tuvo un buen cierre en una contra.

Enzo Fernández (5):
Jugó de volante central y buscó aportar dinámica en un equipo que estaba ya muy apurado y confundido.

Julián Álvarez (5):
Entró como volante por la izquierda, como lo hace a veces en el City, estuvo bien retrocediendo, pero aportó poco en ataque.

Marcos Acuña (5):
Entró por un agotado Tagliafico en busca de más profundidad por la izquierda. Sin embargo, sus centros no llevaron demasiado peligro. (Por Nahuel Lanzillotta para Clarin -Doha, Qatar. Enviado Especial).

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