El adiós a Osvaldo “Chiche” Sosa.

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El homenaje de Ramón Gómez, el periodista de Clarín que compartió vestuarios, cenas y un encuentro final con el ex entrenador que murió este lunes.

Osvaldo Chiche Sosa seguirá caminando por los vestuarios de Argentinos Juniors, de Talleres de Córdoba o de Independiente. Y siempre estará conversando de fútbol con el Flaco Cousillas o Pistola Vázquez, sus dos ayudantes de campo. Y seguro que Chiche les discutirá su esquema de juego. Sí, murió Chiche, pero sus recuerdos seguirán intactos, aunque mucha gente cree que no se vive de recuerdos.

En Talleres, donde lo conocí, siempre se paraba con cualquier hincha de fútbol y daba explicaciones. Siempre compartía un café y nunca se olvidó de la final que perdió con el Huracán de Corrientes que dirigía Humberto Zucarelli. En el partido de ida, habían igualado 2 a 2, pero en la vuelta en el ahora estadio Kempes los correntinos ganaron 4-1. Aquella noche, Chiche no pudo dormir.

Sufrió un ACV hace varios años. Se pudo recuperar, pero las secuelas nunca lo dejaron en paz. Las piernas y los brazos le jugaron una mala pasada y no podía hablar bien. Pero junto a su esposa Ana y su hijo Lautaro estaba rodeado de amor y mucho cariño.

En febrero de este año lo fui a visitar a la clínica donde estaba internado. No lo vi bien. Andrés Fassi, el presidente de Talleres, me dio una camiseta firmada por él. La tomó, pero no sabía de qué se trataba. Lautaro ahí nomás se la colocó y salió de la clínica con la casaca puesta. “Mi viejo siempre hablaba de Talleres”, me dijo en la despedida.

Ana, su señora, vivía al lado de su cama y nunca lo abandonó. Es cierto que la pasó mal porque tenía que comprar remedios y pañales, pero nunca bajó los brazos.

Chiche Sosa, cerca del banco, como se lo recordará.
Foto: Archivo ClarínChiche Sosa, cerca del banco, como se lo recordará. Foto: Archivo Clarín.

Se me ocurrió mandarle un mensaje al presidente Alberto Fernández para contarle la situación. Y me puso muy feliz porque el primer mandatario lo llamó y se pusieron a hablar de fútbol. La esposa Ana hacía de interlocutora, porque Chiche no podía hablar. Fernández se puso a disposición para ayudarlo y así sucedió.

La charla giró en torno a Argentinos, porque el presidente es hincha de ese club, y amenizaron con un montón de anécdotas. Pensé que no le iba a dar importancia por todas las cosas que tenía que hacer Fernández. Pero ocurrió todo lo contrario.

Tambien tuvo ayuda de Ricardo Gareca​, que le depositó dinero desde Perú. Lo mismo hicieron Cousillas y Victorio Nicolás Cocco, el secretario general del gremio de los técnicos.

Chacarita y Argentinos también lo apoyaron con dos actos en los estadios, brindando el apoyo para que mejorara. Sé que el mundo del futbol está de luto porque se fue al lado de Dios un grande del deporte.

Chiche Sosa dejó un montón de recuerdos. Y uno de los golpes que tuvo en su vida fue la muerte de su hijo Leandro, en México. Siempre fue un agradecido de Alfio Basile, que trajo las pertenencias del productor periodístico.

Era asiduo concurrente al restaurante La Raya con Basile, Horacio Pagani, Roberto Saporiti, Cherquis Bialo, el doctor Paladino y Daniel, el propietario. Y no dejaban que nadie compartiera la mesa..

Varias veces se enojaban por discusiones banales. Y tuve la suerte que cada vez que visitaba Buenos Aires, iba a comer con ellos. Es una mesa muy selecta y no cualquiera se sentaba con ellos. “El Negro Gómez tiene un lugar en esta mesa porque es amigo”, se le escucho con ese vozarrón inconfundible a Cocco Basile. Y La Raya también lo va a extrañar a Chiche…

Así como los que peinamos canas vamos a tener un buen recuerdo de Chiche, también muchos jugadores lo van a extrañar. ¿Saben por qué? Porque era un gran tipo. Y mi tristeza me durará por mucho tiempo…(Osvaldo Sosa, en una pretemporada en Mar del Plata con Argentinos Juniors, en 2005. Foto: Archivo Clarín)

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