El Atlético de Simeone quedó eliminado de la Champions

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Sabe Diego Simeone que es esclavo de sus palabras. Sabe mejor que nadie que al condimentar la previa con el teorema de que no existe otra cosa más que un triunfo, queda expuesto, desnudo, sin posibilidad de segundas interpretaciones. Ese es su juego. En definitiva, es la clave del estilo que supo forjar. Y terminó mordiéndose la lengua. Su Atlético de Madrid perdió. Con un gol agónico y cargado de azar cuando el partido parecía irse al alargue, el Leipzig marcó el 2-1 y sacó boleto para las semifinales de la Liga de Campeones.

Jugó mal y perdió el equipo de Simeone, se dedicó a esperar y apostó al ataque recién cuando ya estaba en desventaja en el arranque del complemento. Fue allí cuando mostró su mejor versión y llegó al empate que lo ponía nuevamente en partido. Pero otra vez optó por ceder la pelota y Leipzig se animó con sus armas, con sus intenciones de juego colectivo y ataque en bloque.

La clasificación fue un premio a la postura del conjunto alemán que ahora chocará en semis frente al poderoso PSG. El resultado también es un castigo para una estrategia demasiado cautelosa del Aleti que no pudo jugar bien ni mucho menos hacer eso que era lo único que le importaba a su técnico: ganar.

De arranque fue el equipo alemán, que venía de sorprender en octavos de final al barrer al último subcampeón, Tottenham al que le ganó los dos partidos y por un global de 4-0, el que tomó las riendas.

Con juego prolijo, avanzando en bloque, con la línea de tres defensores plantada casi en el círculo central con la confianza de quien se sabe un equipo aceitado.

El asunto, en ese escenario, era determinar si Atlético de Madrid, que no necesita tener demasiado la pelota para terminar ganando los partidos, estaba cómodo o incómodo con el trámite.

Se agrupaba cerca de su área el equipo del Cholo, con sus dos líneas de cuatro bien pegaditas, los volantes externos, Koke y Carrasco, listos para salir disparados y los dos atacantes, Llorente y Diego Costa, dispuestos a pivotear, aguantar, hacer el trabajo sucio y esperar compañía.

Pasaba el tiempo y pasaba poco en el estadio José Alvalade de Lisboa. El rostro de Simeone, con la mano derecha sosteniendo el mentón era un símbolo de que algo faltaba descifrar.

Porque el juego inofensivo del Leipzig en ataque a su vez mostraba una contracara dura y férrea en defensa con Dayot Upamecano, el líbero, como referente. El francés de 21 años, revelación de la Bundesliga, demostró su fortaleza en un cruce a la banda derecha a dividir contra Diego Costa que dejó dolorido al atacante. También se animó a ir hacia adelante: anticipar, levantar la cabeza y buscar alternativas de pases profundos. Y ganó de cabeza en el área rival, aunque su remate salió al medio y quedó en las manos de Jan Oblak.

El primer tiempo se diluyó sin una sola jugada de gol clara pero con el Leipzig superior en las tarjetas, más cómodo con el trámite del partido e imponiendo, por momentos, su idea de juego colectivo. El Aleti en cambio solo generó sensación de peligro cuando tuvo una chance esporádica de pelota parada.

El premio para el equipo alemán llegó en el arranque del segundo tiempo. Con un gol con su sello, con su estilo, con un zaguero (Lukas Klostermann) que conduce desde el fondo, con los volantes que abren la cancha y generan espacio, con movimientos de izquierda al centro, con el centro preciso de Marcel Sabitzer desde la derecha y el ingreso potente de Daniel Olmo para entrar al área en carrera y abrir la cuenta de cabeza. Golazo.

¿Y qué hizo Simeone? Cambió inmediatamente. Mientras los jugadores del Leipzig festejaban el 1-0 el Cholo hacía señas al grupo de suplentes que precalentaban para llamar a Joao Félix. Un poco de frescura, un jugador joven y de ataque, alguien que rompiera el molde y se animara a crear.

Enseguida el portugués le cambió la cara a un equipo que lucía llamativamente quieto, sin ese hambre que lo distingue.

La pregunta que se cayó de maduro, entonces, es por qué no se animó antes el DT argentino, por qué salir a jugar ante Leipzig con Morata (tras el empate saltó a la cancha por Costa) y Joao Félix en el banco y usar las cartas de ataque cuando el resultado ya obligaba a ir a buscar.

Fue Joao Félix el que generó la jugada del empate. El que invitó a la pared, se filtró en el área y fue derribado por Renan Lodi cuando estaba por definir ante la salida del arquero. Desde los doce pasos, el portugués la clavó fuerte y arriba y puso el 1-1.

Los cambios de jugadores pero sobretodo el cambió de actitud del Aleti le dieron resultado inmediato al equipo de Simeone. ¿Pero qué hizo después de haber alcanzado el empate? Volvió a su esquema defensivo, a ceder la pelota y esperar al Leipzig, a apostar a la pelta parada o a una nueva apilada de Joao Felix.

Y lo pagó caro, con la eliminación. El azar le jugó una mala pasada al equipo conducido por el argentino. El remate de Adams desde la puerta del área que parecía caer mansito en las manos de Oblak, se desvió en el camino en Josema Giménez, descolocó al arquero y se convirtió en el 2-1 agónico del Leipzig que le dio el boleto a semifinales. (Imagen: 
Tyler Adams, autor del gol y todo el Leipzig celebran el 2-1 del conjunto alemán ante el Atlético de Madrid. Foto: AFP)

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