La hazaña de la doctora Kolbinger.

Una aficionada alemana ganó una de las carreras ciclistas más duras, conquistada hasta ahora solo por hombres.

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La hazaña de Fiona Kolbinger tiene pocos precedentes. Casi sin experiencia, esta joven doctora alemana se apuntó a una carrera ciclista de alta resistencia, conocida por su dureza. Soñaba con ocupar un peldaño del podio femenino, pero llegó la primera, adelantando a todos sus rivales, también a los hombres.

Kolbinger, de 24 años, es la primera mujer que gana la Transcontinental, una carrera ciclista en la que los corredores cruzan Europa sin asistencia a lo largo de 4.000 kilómetros. Kolbinger lo ha conseguido en 10 días, dos horas y 48 minutos. “Ha sido una enorme sorpresa. Sabía que puedo pedalear mucho y muy rápido, pero no me esperaba que fuera a ser capaz de recorrer tantos kilómetros al día y sobre todo que fuera a ser la más rápida”, asegura todavía incrédula Kolbinger en una entrevista con este diario.

La séptima edición de la Transcontinental arrancó en Bulgaria y fijó su meta en Francia, en la Costa Atlántica. En esta carrera, los corredores viajan solos y eligen su propia ruta, pero deben pasar por cuatro puestos de control fijados a lo largo del recorrido y superar puertos obligatorios como el paso del Timmelsjoch en el Tirol, de 2.474 metros, o el Galibier a 2.645 metros de altura, en los Alpes franceses. Deben pasar además por al menos siete países.

Viajan con lo puesto y cubren una distancia mayor que la del Tour de Francia —3.500 kilómetros— en menos tiempo —10 días, frente a los 23 del Tour—. Buscan hoteles por el camino y compran comida. Llevan instalado un GPS que les mantiene localizados y que les permite visualizar cómo avanzan los otros corredores. Como van solos, si la bicicleta se estropea o se pinchan tienen que arreglárselas como puedan.

“Creo que la clave de mi éxito fue que mis paradas fueron muy cortas. No paraba en los restaurantes para no perder tiempo, solo comía en los supermercados y en las gasolineras. He sido muy organizada con mis paradas”, explica. “Intentaba alimentarme de la manera más normal posible, pero comí muchos plátanos y bocadillos. Bebía mucha leche con cacao para ingerir calorías”. La ecuación según Kolbinger es relativamente sencilla. Cuantas menos horas durmiera, más horas podría pedalear y más avanzaría. Cuenta que los ocho días en que pasó la noche al raso, metida en el saco, durmió entre tres y cuatro horas. Los dos días que descansó en un hotel aprovechó algo más y durmió cinco horas. El resto del tiempo lo pasó montada en la bicicleta.

Hubo días duros. “El último fue realmente difícil. No esperaba que en Francia fuera a hacer tanto frío por la noche. Pero cuando lo pasaba mal, por frío, hambre o cansancio, sabía que al final, era algo que se podía arreglar comiendo o bebiendo, y que terminaría pronto”.

Fiona Kolbinger, tras ganar la carrera. FRED TANNEAU AFP.

A los tres días de comenzar la carrera, Kolbinger, el dorsal 66, se había puesto en cabeza. Algunos analistas pensaron que en los tramos de montaña los veteranos acortarían la distancia con la alemana y acabarían por adelantarla, pero no fue así. El pasado martes, en Brest, la Bretaña francesa, Kolbinger cruzó la meta en primera posición a las 7.48 horas de la mañana. Dejaba atrás a 264 participantes, 40 de ellos mujeres.

Esta era la primera vez que Kolbinger participaba en una carrera de estas características. Su primera bici de carreras se la compró hace apenas tres años. Antes, había hecho viajes, pero con una bicicleta pesada y las alforjas muy cargadas. Su primera carrera de larga distancia fue hace dos años, cuando corrió la Londres-Edimburgo-Londres, con 22 años. Le gustó y decidió repetir. Hace medio año, empezó a prepararse para la carrera Transcontinental, cuando se definieron los puestos de control y pudo empezar a definir la ruta.

Kolbinger ha roto la barrera invisible que separa a los hombres y mujeres de la competición, al menos en su modalidad. “En las carreras de alta resistencia hay otros factores que influyen aparte del físico. Tienes que diseñar una buena ruta, saber arreglar la bicicleta, ser capaz de dormir poco… no solo depende de los niveles de testosterona y los músculos. En carreras más cortas, la diferencia física entre hombres y mujeres es más importante”.

Aconseja a las mujeres que no se arruguen por los prejuicios o por supuestas convenciones. “Espero poder ser un ejemplo para demostrar que nadie debe ser subestimado por su sexo, su religión o por su educación. Todo el mundo puede tener éxito en la vida, no solo en el ciclismo”.

“EL CICLISMO ES POCO MÁS QUE UN HOBBY”

La nueva estrella del ciclismo alemán acaba de terminar medicina en la universidad de Heidelberg, al oeste del país. El pasado mayo se licenció y en septiembre comenzará sus prácticas como cirujana en Dresde. Cuentan sus conocidos, que el año pasado, mientras se preparaba para examinarse, llevaba las tarjetas con esquemas de antibióticos y bacterias en la bolsa transparente que cuelga del manillar.

Antes de empezar a trabajar le espera en agosto otra carrera ciclista, la París-Brest-París. Para Kolbinger, el ciclismo siempre será “parte de su vida y un poco más que un hobby”, pero no se plantea dedicarse al deporte de forma profesional. Asegura que lo que le gusta es trabajar como doctora. (Por Ana Carbajosa para El País // Foto: Fiona Kolbinger, durante una etapa de la Transcontinental. DAMIEN MEYER AFP)

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