Lewis Hamilton, séxtuple campeón de la Fórmula 1.

Supera a Juan Manuel Fangio y queda a uno del récord de Michael Schumacher.

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El inglés terminó segundo en Austin y se consagró nuevamente en la máxima categoría.

Montado sobre un monopatín, impulsándose con su pierna izquierda, Lewis Hamilton salió del box de Mercedes para encarar hacia la grilla por la calle de los pits. La gorra y sus lentes oscuros no ocultaban su cara de concentración. Lo esperaba el desafío de consagrarse por sexta vez como campeón de la Fórmula 1. Nada menos. Y el inglés cumplió a lo grande.

El Circuito de las Américas, ubicado en el corazón de Texas, fue testigo de la historia. A falta de dos fechas para el final de la temporada, Hamilton celebró al finalizar segundo en el Gran Premio de Estados Unidos.

El británico sumó su tercera corona consecutiva y la quinta como piloto de Mercedes, superó a Juan Manuel Fangio, campeón en cinco oportunidades (1951, 1954, 1955, 1956 y 1957), y quedó a sólo uno del récord de siete del alemán Michael Schumacher​, ganador en 1994, 1995, 2000, 2001, 2002, 2003 y 2004.

El sábado no había sido un buen día para Hamilton, quien terminó la clasificación en el quinto lugar, con los riesgos que implicaba arrancar mezclado con tantos autos hacia una primera curva que auguraba muchos problemas para frenar, debido a las ondulaciones del circuito.

Pero, tal cual acostumbra, Hamilton arrancó con decisión detrás de Valtteri Bottas, Max Verstappen, Sebastian Vettel y Charles Leclerc. Superó al joven piloto de Ferrari en la largada y, unas curvas más adelantes, se le adelantó al alemán en una magistral maniobra, en la que acomodó el auto por afuera en un giro para tener la cuerda interna en el siguiente.

Con este inicio, dejaba en claro que no había llegado a Austin para especular, a pesar de que le alcanzaba con ser octavo para salir campeón. En esa primera vuelta, que lo dejó tercero, se manifestó toda la ambición y la inteligencia que siempre tuvo arriba de un auto.

A partir de ese momento, se estabilizó una diferencia en la que se acomodaban Bottas, Verstappen y Hamilton. Un poco más atrás, las Ferrari venían sufriendo, con un Leclerc que pasó al “plan B”, que lo distanció más del británico, y un Vettel que tuvo que abandonar en la vuelta 8, producto de una rotura de un brazo de suspensión trasero, luego de pasar por encima de una de las “bananas” que marcan el límite violento de la pista, a la salida de la curva 9 del Circuito de las Américas.

Atrás la carrera era divertida, con un Daniel Ricciardo a bordo del Renault había tenido una excelente largada (arrancó en la novena posición) y superó al McLaren de Lando Norris, para convertirse como el “mejor del resto”.

Hamilton seguía demostrando su hambre de gloria y comenzó a descontarle a Verstappen a partir de la vuelta 10. Pero cuando el británico se puso a tiro del DRS, el holandés ingresó a boxes.

La detención de Bottas en el giro 15 dejó al líder del campeonato en la primera posición, por lo que exprimió los neumáticos medios unas 10 vueltas más, hasta que cambió un juego de compuesto duro.

La estrategia estaba clara: Hamilton se la iba a jugar, fiel a su estilo. Iba a aguantar hasta el final aunque faltara más de la mitad de la carrera. El antecedente de México le jugaba a favor.

Y aunque había regresado a la pista a 21 segundos de la punta y detrás de Bottas y Verstappen, la ambición del británico también afloraba. “Dime qué tiempos necesito para ganar la carrera”, le preguntó por radio a su ingeniero.

Empezó a consolidar su ritmo. Sabía que los dos de adelante tenían que hacer una parada más, pero también era consciente de que sobre el final de la carrera le iba a quedar poco rendimiento a esos cauchos.

Y la definición se dio así, con las paradas de Bottas y Verstappen, que pusieron caucho fresco para salir a cazar al británico.

A 6 vueltas del final, el finlandés se puso en rango de DRS y en el primer intento de sobrepaso, se terminó quedando sin pista cuando osó ir por afuera, en una maniobra que silenció por un momento al público que se acercó a Austin.

Pero Bottas estaba con el auto más entero y alcanzó la punta en la vuelta siguiente, aprovechando los beneficios aerodinámicos del DRS y la cautela que mostró Hamilton, sabiendo que no tenía manera de contenerlo.

A dos vueltas del final, Verstappen se acercó y llegó a estar a segundo y medio de Hamilton. Pero la desesperación del holandés por superarlo lo llevó a casi perder el auto en la curva que desemboca en la recta para encarar la última vuelta.

Hamilton había aguantado ese último embate, que podía haber cambiado el ordenamiento del podio de la carrera. Pero que no iba a modificar el sexto título del británico.

Por eso el festejo desenfrenado cuando se bajó del Mercedes y saludó a sus mecánicos. O cuando se vistió con la bandera británica. O cuando terminó bañado en champán en el podio.

Lewis Hamilton lo hizo. Es hexacampeón mundial. Había conseguido su primer título en 2008 con McLaren, en su segundo año en la Fórmula 1. En 2014 sumó el segundo, ya con Mercedes, y repitió el festejo en 2015, 2017 y 2018.

El mundo motor sabe que le apuntará a los siete títulos de Schumacher. Esta historia continuará…

(Austin, Estados Unidos. Enviado especial de Clarín // Fotos: AP, AFP y Reuters)

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