El adiós de Javier Mascherano.

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Del reconocimiento en Brasil 2014 a este descolorido nivel en Rusia 2018. El Jefe anunció su retiro de la Selección.

En Brasil 2014, cuando Argentina galopaba hacia la final, el #Maschefacts fue trending topic. Javier Mascherano, que había metido un cruce descomunal ante Arjen Robben evitando una clara situación de gol ante Holanda, podía recuperar las Islas Malvinas. Entonces, este volante que debutó con la camiseta de la Selección Mayor incluso antes de vestir la banda roja de River, era el símbolo celeste y blanco. Más allá de Lionel Messi, claro, los hinchas se contagiaron de la garra del volante santafesino.

Hoy, cuando todavía se mastica la bronca de la eliminación, aquella imagen es borrosa. Mascherano, con 34 años cumplidos hace apenas 23 días, corre de atrás a Kylian Mbappé, 19, fresco, presente de estrella y futuro sin techo. Y nunca lo alcanza. Porque el Jefe ya no es ese mediocampista vigoroso con el que soñábamos gestas imposibles. Ahora, sigue siendo un volante con personalidad, mucho amor propio, pero lejos del fútbol de elite que necesita la Selección. Por algo dejó Barcelona y terminó en la Superliga china.

Hay que quedarse con aquel 2014 para valorar a este futbolista récord de partidos internacionales con la Selección Mayor. Jugó 147 veces con el escudo de la AFA a la altura del corazón. Metió 3 goles. Pasó por todas las categorías juveniles en 59 encuentros: Sub 17, Sub 20, Sub 21 y Sub 23. Ganó el Sudamericano Sub 20 en Uruguay 2003 y dos medallas doradas en los Juegos Olímpicos Atenas 2004 y Beijing 2008. Disputó cuatro finales con la Mayor: tres Copas América (Venezuela 2007, Chile 2015 y EE.UU. 2016) y la del Mundial pasado. No ganó ninguna. Parece una broma macabra, entonces, la publicidad del pan lactal en la que alza un sándwich como si se tratara de la Copa del Mundo.

Lo que no podrá negarse de Mascherano es que dio la cara. Mientras muchos jugadores pasaron de largo en la zona mixta, el capitán sin cinta paró. Al borde de las lágrimas anunció que dejará la Selección. “Es hora de decir adiós, es hora de alentar desde afuera. Ojalá que en el futuro estos chicos puedan lograr algo”, sentenció con la voz entrecortada.

“Esto es fútbol. Muchas veces no sucede lo que uno desea, lo importante es no tener nada que reprocharse. Nosotros sabemos lo difícil que es llegar a una final. Quizás algún día se pueda valorar a una camada de jugadores que, bien o mal, siempre dio todo”, manifestó. Y le pidió a sus compañeros, especialmente a Messi, que no abandone la Selección. “La mayoría de este grupo puede seguir. Yo los animo a seguir intentándolo. Está claro que para mí no era. Uno lo intentó y no pudo ser. Ojalá Messi siga. No le debe nada a nadie”.

Mascherano siempre fue el líder. También, el que alzo la voz en la intimidad de la concentración para imponerse ante el técnico, que terminó aceptando esta suerte de doble comando. Y dividió las aguas.

“Ahora seré un hincha más”, dice Mascherano. Y se va. Con pena y sin gloria. Será difícil cuestionar su sentimiento de pertenencia y espíritu de lucha. Y tal vez no queden dudas, después del nivel que mostró en Rusia, de que llegó muy tarde este paso al costado.

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