Racing, campeón: le ganó a Tigre 2 a 0.

Se quedó con el Trofeo de Campeones.

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Racing tuvo un fin de año feliz en Mar del Plata. Venció a Tigre 2-0 y se quedó con el Trofeo de Campeones, partido al que accedieron por ganar la Superliga y la Copa de la Superliga, respectivamente. Los goles los anotó Matías Rojas, casi similares, tras asistencias de Walter Montoya. Y así el entrenador Eduardo Coudet cerró ganador su ciclo en la Academia, conquistando su segundo título, algo que en la mitad celeste y blanca de Avellaneda no pasaba con un DT desde hacía 52 años, cuando Juan José Pizzuti conquistó tres en la década del 60′.

La Academia no llegaba a esta definición en su mejor momento, ya que apenas había ganado uno de los últimos seis partidos que disputó en la Superliga. Entre bajas por lesión y flojos rendimientos individuales, sobre todo en la faceta ofensiva. Pero golpeó con dos goles muy similares desde su elaboración en el primer tiempo y luego supo jugar con la diferencia.

El primer tiempo fue de mayor a menor. No porque en el arranque haya sido bien jugado, pero la tensión había generado empuje, aunque el ida y vuelta entre ambos equipos terminó con más infracciones y jugadas de pelota parada que con búsquedas elaboradas. A Tigre le costó porque hace tiempo que tampoco tiene el rendimiento colectivo que supo recibir elogios antes de irse al descenso. La actualidad también lo encontraba con más irregularidad.

Racing golpeó en los momentos justos: dos llegadas, dos goles. Y en ambos tuvo una fórmula parecida: un pelotazo, retroceso y pivoteo de Cristaldo para que Walter Montoya atacara el espacio rompiendo líneas desde atrás y de dos asistencias del ex Rosario Central para Matías Rojas llegaron los pases a la red del ex Defensa y Justicia; en ambos definió con el arco vacío. Las anotaciones fueron a los 30 y a los 44 minutos, como para dejar casi groggy a un Tigre que había armado un plan más defensivo de lo habitual.

Racing salió con el dibujo de siempre: 4-1-3-2, con Nery Domínguez en dupla central con Donatti y dos centrodelanteros (sin Lisandro López -condicionado físicamente, recién ingresó sobre el final-, los titulares fueron Cvitanich y Cristaldo) que hicieron un gran desgaste frente a los tres centrales de Tigre, pero que igual se las arreglaron para jugar (y muy bien) de espalda al arco, arrastrando marcas para liberar los desdoblamientos de Montoya y Rojas.

En Tigre, Gorosito apostó por un esquema con cinco defensores: 5-4-1. Matías Pérez Acuña y Lucas Rodríguez (por derecha e izquierda, respectivamente) fueron más laterales que mediocampistas. Y Montoya y Cachete Morales, que en principio tenían la idea de hacer más diagonales de afuera hacia adentro para terminar jugando 3-4-2-1 y entre ambos explotar la espalda del chileno Marcelo Díaz, se encontraron con muchas dificultades para poder progresar con la pelota limpia.

Lo de Tigre quedó resumido al empuje de Dening (otro de buen partido pese a que no pudo tener chances de gol claras) y las faltas de la Academia que transformaba en tiros libres frontales. Por la vía aérea ganó un par de veces Ezequiel Rodríguez, también Alcoba, Prediger y Cardozo en el área de Arias.

El segundo tiempo arrancó en la misma tónica, con Tigre ganando de arriba en los tiros libres y córners y con Racing mucho más rápido para romper líneas rivales de como las podía defender el equipo de Gorosito. Así fue que, tras un error en la cobertura de Ezequiel Rodríguez, Cristaldo tuvo el tercer grito, pero su remate de zurda se fue desviado.

Y el equipo de Victoria seguía dependiendo de la pelota parada: de otro córner de Montillo llegó un cabezazo de Prediger que el arquero Arias desvió hacia un costado. Fue la chance más clara de Tigre en el partido, seguida por otro cabezazo del Chino Luna (reemplazó a Cardozo) tras un pique en la puerta del área, que volvió a rechazar Arias. Prediger también estuvo cerca del descuento con un remate que dio en el travesaño.

El empuje de Tigre terminó de desinflarse tras la expulsión de Prediger, por doble amarilla, a los 25 minutos de la segunda etapa, tras una infracción a Cristaldo. Y Coudet tampoco se puso colorado en hacer un cambio que mandó un mensaje: defender la diferencia antes de buscar el tercer gol. Por eso ingresó Lucas Orban (defensor central) por Cvitanich (delantero).

Coudet, a partir que se supo que en septiembre les había avisado a los dirigentes que a fin de año se iba de Racing porque “el ciclo estaba cumplido”, tuvo la difícil misión de mantener motivado a un plantel que ya empezaba a mirar con desconfianza a su conductor, no porque ya no crea en sus condiciones como entrenador, sino porque el Chacho había renovado el contrato en julio y sorprendió no solo a los hinchas y el mundo externo de la Academia esa decisión, sino a los propios futbolistas, a quienes les costó mantener la concentración y un rendimiento aceptable mientras transcurrían los últimos partidos de la Superliga. Por eso el Trofeo de Campeones era una buena manera de cerrar el ciclo en alza. Y el entrenador se dio el gusto de irse con una sonrisa. (Lisandro López, el capitán de la Academia, levanta el Trofeo de Campeones Fuente: LA NACION – Crédito: Mauro V. Rizzi // Por: Christian Leblebidjian para La Nación)

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