Roland Garros: Mayar Sherif, la tenista egipcia que “banca” Salah

31
Compartir

Mayar Sherif rompió una gran barrera. Egipcia y de 24 años, se convirtió en la primera mujer en representar a ese país en el cuadro principal de un torneo de Grand Slam. Ubicada en el puesto 172° de la WTA, superó la clasificación en Roland Garros y tuvo el orgullo de debutar, en la primera ronda del main draw, en el estadio central, el Philippe-Chatrier, frente a la segunda favorita, Karolina Pliskova (la checa de impuso por 6-7 [9-11], 6-2 y 6-4).

Sherif, nacida un país con casi 99 millones de habitantes, generó impacto desde sus logros internacionales con raqueta. Inclusive, el futbolista Mohamed Salah, figura de Liverpool y uno de los hombres más populares de Egipto, celebró el rendimiento de Sherif en sus redes sociales, deseándole buena suerte en París.

“¿Qué le preguntaría a Salah? ¿Cómo hiciste para romper la barrera para creer o ser el primero en hacer algo tan grande siendo una persona que viene de Egipto? ¿Cómo pasó por eso? Y como fueron las etapas para llegar al punto donde está ahora. Eso le preguntaría”, dijo, divertida, Sherif, en rueda de prensa. Por haber alcanzado la primera ronda en el Bois de Boulogne se aseguró un cheque de 84.000 euros, que es más de lo que llevaba ganado en esta inusual temporada (64.000 euros).

Viviendo en El Cairo y después de llegar al Top 50 en el ranking mundial juvenil, debió dejar de viajar a los torneos internacionales debido a las limitaciones económicas y tampoco pudo seguir desarrollándose en Alicante, España, donde hacía base en una parte del año. Optó por viajar a EE.UU. para estudiar y jugar tenis universitario: 2019 fue su primer año en el circuito profesional luego de graduarse con un título en medicina deportiva de la Universidad de Pepperdine.

En París, Mayar Sherif, la primera egipcia en el cuadro principal de un Grand Slam; se formó en el tenis universitario estadounidense.En París, Mayar Sherif, la primera egipcia en el cuadro principal de un Grand Slam; se formó en el tenis universitario estadounidense. Crédito: REUTERS/Gonzalo Fuentes

Hasta este Abierto de Francia, Sherif solamente había disputado la clasificación de un Grand Slam: en el Abierto de Australia, en enero pasado, donde se despidió en la primera ronda. En París se convirtió en una de las dos mujeres árabes, junto con la tunecina Ons Jabeur, en competir en el cuadro principal. Así, esta fue la primera vez desde que Selima Sfar (Túnez) y Bahia Moutassine (Marruecos) jugaron en Australia 2002 que dos mujeres árabes participaron en un cuadro principal de un major.

“Jugar en el estadio central fue una increíble sensación. No puedo describirlo. Me dio tanta energía. Me encantó. Me encantó tener esa atención, que la gente estuviera allí, apoyando. Disfruté mucho. Disfruté de los momentos de presión. Espero, realmente, volver el año próximo”, describió la jugadora que posee ocho títulos individuales del Circuito ITF, cinco de los cuales fueron sobre polvo de ladrillo. Entre los hombres, el egipcio mejor clasificado es Mohamed Safwat, de 30 años, actual 141° y 130° en febrero pasado.

Roland Garros fue el segundo torneo de la máxima categoría para Sherif: en agosto pasado había competido en el certamen en Praga, cayendo en la primera rueda. Pero en París cumplió un sueño y generó una reacción muy saludable desde una sociedad que pone ciertos reparos. Y Mo Salah colaboró, en buena medida, para que su ejemplo fuera tomado en forma positiva y masiva. “Salah es uno de los mejores futbolistas del mundo y ver a alguien muy exitoso apoyándote, al igual que otras personas exitosas de mi país, simplemente te da energía y conocimiento de que hay buenas personas y que están dispuestas a apoyarme”, expresó Sherif, radiante, tras haber dado un valioso paso para su carrera y para las tenistas de su país que añoran ser como ella y competir en el máximo nivel. (Imagen: La egipcia Mayar Sherif jugando, en el Chatrier, contra Karolina Pliskova; fue la primera mujer de ese país en el main draw de un Grand Slam. Fuente: AFP – Crédito: Thomas Sampson // Por: Sebastián Torok para La Nación)

ADNbaires