Un deporte que mueve millones en apuestas durante la pandemia

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Es la liga de tenis de mesa de Rusia. Se juegan partidos, cada media hora, de la mañana a la noche, en salas oscuras de Moscú. Por qué es tan popular en Estados Unidos.

Juegan los partidos en salas silenciosas y poco decoradas de Moscú, en torneos que se celebran todos los días y a toda hora, con una mezcolanza de atletas que varían drásticamente en edad y, en muchos casos, en capacidad atlética.

Y cada mes se apuestan millones de dólares a cada uno de sus movimientos.

Se trata de la Liga Pro rusa, una oscura competencia semiprofesional de tenis de mesa que en los últimos 10 meses se ha convertido en el más insólito de los fenómenos de apuestas deportivas en Estados Unidos.

“Es loco pensar que gané cientos de dólares viendo jugar al ping-pong a unos viejos en Rusia”, dice Shayan Ahmad, 23 años, de North Brunswick (Nueva Jersey), uno de los muchos nuevos y ansiosos apostadores del tenis de mesa.

La inverosímil llegada del ping-pong ruso a la escena de las apuestas fue rápida y oportuna. Se produjo en los primeros días de la pandemia, cuando los apostantes consagrados hurgaban un panorama deportivo desolado en busca de algo, cualquier cosa, en lo que jugar un poco de dinero.

Pero apostadores y casas de apuestas suelen arreglárselas para salirse con las suyas y pronto, para llenar el vacío, eligieron competiciones como hockey sobre hielo bielorruso, fútbol nicaragüense y béisbol surcoreano. Más tarde, cuando las grandes ligas regresaron cautelosamente al ruedo, todos estos deportes volvieron al olvido.

Es decir, todo excepto el ping-pong ruso, que sigue siendo una de las atracciones preferidas en las casas de apuestas deportivas de EE.UU. desde hace casi un año.

“Es divertido, aleatorio y da la sensación de que puede pasar cualquier cosa”, comenta Isaiah Croft, de 23 años, fabricante de muebles de Chesapeake, Virginia, que durante sus frecuentes viajes a Denver, donde creció, apuesta en el sitio web DraftKings. “Es tenis de mesa ruso. Es apasionante”.

El solo hecho de que partidos de ping-pong con apuestas bajas disputados entre jugadores poco conocidos en salas silenciosas como tumbas puedan calificarse de apasionantes habla de la astucia de los organizadores de la competencia, de quienes poco se sabe, y de la peculiar estructura de la liga.

La agenda diaria de partidos está casi atiborrada: un nuevo encuentro cada media hora, desde la mañana hasta la noche. Como las repeticiones de la serie La ley y el orden, parece que siempre hay un episodio en marcha. A los apostadores estadounidenses, acostumbrados a la lentitud de los fines de semana de la National Football League, el abanico de oportunidades para apostar les resulta un verdadero deleite.

Los partidos se juegan en salas cerradas, todos lo días.

Los partidos se pueden retransmitir por streaming en algunas plataformas de apuestas o en páginas web de terceros, pero no hay mucho que ver. Una sola cámara situada en la esquina superior de una sala prácticamente desierta capta la acción. No hay anuncios, comentarios, ni todo el despliegue de los deportes profesionales.

Algunos jugadores son jóvenes, otros están encaneciendo. Algunos son muy buenos, otros no tanto. El peor de todos podría despachar fácilmente a un contrincante ocasional en la mesa de un sótano, pero el nivel general de juego está claramente debajo de las ligas profesionales del mundo y de las competencias internacionales.

“Siempre es como que dos viejos con pantalón corto y remera de gimnasia juegan en alguna sala vacía”, cuenta Ahmad, “y puede haber una chica con un tanteador de los que se usaban en las clases de gimnasia, en el que se van corriendo los números a mano”.

Dejando de lado la estética, la liga rusa Pro —también llamada Liga Pro de Moscú o Liga Pro de Rusia, dependiendo de la casa de apuestas deportivas— parece perfectamente estructurada para satisfacer el apetito de los apostadores internacionales y los números indican que está haciendo lo suyo bien.

Los partidos son apasionantes y cambiantes, por eso atraen a los apostadores.

Jay Croucher, jefe de operaciones financieras de la casa de apuestas deportivas en línea PointsBet, señaló en una entrevista que el tenis de mesa representó más del 50% del total de las apuestas de la empresa el pasado mes de abril, después de que el mundo del deporte profesional se desplomara bajo el peso de la pandemia. Incluso cuando las grandes ligas de todo el mundo iniciaron su regreso durante el verano nórdico, el ping-pong seguía acaparando una cuarta parte de todas las apuestas del sitio. En la actualidad, con la mayoría de los grandes deportes funcionando ya a pleno rendimiento, el tenis de mesa sigue siendo el quinto mayor atractivo de la plataforma, por detrás del fútbol americano, el básquetbol, el fútbol y el tenis.

La tendencia ha sido aún más pronunciada en algunos estados. En Colorado, por ejemplo, el ping-pong generó 12,4 millones de dólares en apuestas en todas las casas del rubro en noviembre, lo que lo convierte en el tercer deporte más importante para los apostantes, apenas por detrás del fútbol americano profesional y universitario.

“Hay un elemento en la cuestión que resulta desconcertante”, afirma Jay Croucher. “Simplemente que es algo que uno nunca podría esperar.” En respuesta a algunas preguntas por correo electrónico, un representante de la liga informó que la organización estaba activa desde 2017 y que su plantilla de jugadores constaba de más de mil “ex atletas profesionales, semiprofesionales y aficionados”. No aceptó revelar el monto de los premios, alegando tan sólo que son “suficientes y sirven como motivación adicional para demostrar las mejores cualidades de los participantes en cada partido y prepararse bien para los torneos”.

En cuanto a los extraños horarios de juego —algunos partidos están programados a las 2, 3, 4 y 5 de la madrugada, hora de Moscú—, el representante explicó que “muchos deportistas quieren jugar después de sus trabajos en horas de la tarde y la noche”. Sin mencionar en ningún momento las apuestas, aseguró además que “nuestro principal objetivo es desarrollar el tenis de mesa en Rusia”.

Los partidos son apasionantes y cambiantes, por eso atraen a los apostadores.

El ascenso del ping-pong en el mundo de las apuestas no ha sido del todo tranquilo. Durante el verano norteamericano, las autoridades de los estados de Nueva Jersey y Colorado suspendieron las apuestas en competiciones de tenis de mesa parejamente turbias en Ucrania, después de que algunas agencias plantearan su preocupación por el posible arreglo de partidos. Tales partidos también se habían vuelto populares entre los apostantes estadounidenses.

El mes pasado, la policía de Nueva Gales del Sur (Australia), cuya capital estatal es Sydney, detuvo a un antiguo miembro del equipo nacional de tenis de mesa llamado Adam Green por su papel en lo que se describió como un “sindicato transnacional de apuestas”. Las apuestas corruptas de Green en partidos ucranianos habían dado lugar a ganancias estimadas en 500.000 dólares australianos, es decir, unos 385.000 dólares estadounidenses, según la policía.

La Liga Pro rusa nunca ha sido acusada de ninguna actividad sospechosa, sin embargo, y sigue atrayendo cada vez a más apostadores curiosos.

Shayan Ahmad, que trabaja como camarero en un local de la empresa de entretenimiento deportivo Topgolf, empezó a apostar en el ping-pong ruso al principio de la pandemia y desde entonces se ha armado una especie de rutina individual reconfortante: al llegar a casa después del trabajo, sobre la medianoche, se ducha, se mete en la cama y empieza a buscar partidos de tenis de mesa atractivos para apostar.

La actividad le resulta divertida, pero se sorprende con el volumen de información que ha retenido y su relativo éxito personal. Algunos días, sostiene, sus ganancias con el ping-pong superan las de su trabajo.

“La gente me dice: ‘Eh, ¿cómo aprendiste los nombres?'”, cuenta. “Tengo todos esos nombres rusos en la cabeza. Sé quiénes son buenos.” Brad Humphreys, economista deportivo de la Universidad de West Virginia, afirma que el surgimiento del tenis de mesa fue una sorpresa —”Si yo hubiese hecho una lista de los deportes que experimentarían mayor incremento en el volumen de apuestas, el tenis de mesa internacional no habría estado entre los 100 primeros”— pero que se ajusta a ciertos conocimientos básicos sobre las apuestas.

El formato, dice Humphreys, es clave. En la Liga Pro los puntos se mueven rápidamente y muchos apostadores de tenis de mesa, como Isaiah Croft, se centran por completo en las apuestas de acción rápida a mitad de partido y apuestan por el jugador que ganará el siguiente punto. Los partidos también son cortos y a menudo los ganadores se definen en menos tiempo que un primer tiempo de la N.F.L. Para los apostantes, se trata de una carrera rápida, el equivalente a un billete de lotería para raspar.

“Todo lo que uno pueda hacer para vivir el vértigo que se experimenta al ganar o perder una apuesta más rápidamente, la gente tiende a eso”, apunta Humphreys, “por eso las máquinas tragamonedas son tan adictivas”.

Aun así, los apostadores más avispados siempre creen que pueden encontrar una forma de ganar.

Nick Webster, un operador de emergencias de la ciudad de Nashua, estado de Nuevo Hampshire, que trabaja en turnos nocturnos, empezó a apostar al ping-pong como forma de combatir el aburrimiento. Dice que tiene pilas de blocs en los que anota los jugadores y los enfrentamientos para decidir sus elecciones.

Tiene un jugador favorito, un competidor de mediana edad llamado Aleksey Lobanov, y a veces ve los partidos de la Liga Pro en Internet para divertirse, incluso si no ha hecho ninguna apuesta.

Nick hace un alto para reconocer lo absurdo de esto, de lo profundamente que se ha metido en este mundo.

“De pronto me encuentro animando a Lobanov, un tipo del que no había oído hablar en mi vida, y ahora es como uno de mis deportistas favoritos”, dice. “Es una lástima que no pueda ir a un comercio y comprar una camiseta de Lobanov”.

♦ Evan Nechepurenko colaboró con informes desde Moscú.

Traducción: Román García Azcárate.

(Por Andrew Keh para Clarin)

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