La reacción de Wall Street por la crisis política en el país

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La crisis política en el gobierno de Alberto Fernández aceleró los tiempos de un giro que se esperaba para después de la elección general.

Se aceleraron los tiempos de una definición clave que aguardan analistas, inversores y funcionarios que siguen los vaivenes de la Argentina en Wall Street, y también en Washington.

WASHINGTON.- La crisis política que se desató en el gobierno de Alberto Fernández luego del virtual portazo que dieron los ministros de La Cámpora o que responden a la vicepresidenta, Cristina Kirchner, aceleró los tiempos de una definición clave que aguardan analistas, inversores y funcionarios que siguen los vaivenes de la Argentina en Wall Street, y también en Washington: qué rumbo tomará la Casa Rosada tras la bofetada electoral que sufrió el Frente de Todos.

El resultado de las elecciones primarias profundizó la incertidumbre sobre esa definición. Sin mucha información, las especulaciones apuntaban a tres alternativas: una radicalización, un giro al mercado, o un “siga, siga”, con las mismas dificultades de siempre, agravadas por el paso del tiempo y la desidia. Ahora el caos político en el que quedó hundido el gabinete tras el portazo que dio el kirchnerismo dejó a todos a la espera de ver qué respuesta brinda la resolución de la crisis de identidad de la coalición gobernante.

El veredicto se esperaba recién para después de las elecciones generales de noviembre. La movida del kirchnerismo aceleró los tiempos.

El interrogante central era si habría una salida anticipada del ministro de Economía, Martín Guzmán, principal blanco del cristinismo, a quien en Estados Unidos siempre vieron como un antídoto contra la radicalización y un garante un acuerdo potable con el Fondo Monetario Internacional (FMI), uno de los epicentros de esa inquietud. Guzmán tejió un buen vínculo con Kristalina Georgieva y el staff, quienes no han ocultado su sintonía con el jefe del Palacio de Hacienda.

Quién reemplace eventualmente a Guzmán –aun si resiste este último embate, nadie espera que se quede después de cerrar el acuerdo con el Fondo– dirá, también, qué dirección tomará el Gobierno. Curiosamente, ninguno de los dos extremos que aparecen como alternativas, una suerte de “vamos por todo” cristinista que ponga plata en el bolsillo de la gente o un pragmatismo pro-mercado que haga las reformas que quiere Wall Street y el Fondo cree necesarias, parecen ser los escenarios más plausibles. El Gobierno no tiene plata para el primero, o voluntad política para el segundo. La opción que queda es más de lo mismo. El veredicto se tejía puertas adentro en la Casa Rosada. (Por Rafael Mathus Ruiz para La Nación)

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