Una holandesa diseñará aulas escolares para nuestro país.

¿Sin pizarrones ni pupitres?.

60
Compartir

El Ministerio de Educación de la Nación convocó a una holandesa para “rediseñar” las aulas. Son espacios abiertos para que los chicos desarrollen pensamiento crítico e independiente.

No más aulas. No más pizarrones ni filas de bancos. No más chicos sentados y docentes al frente de la clase.

Ahora, las nuevas tendencias del mobiliario escolar promueven espacios dinámicos que estimulan a los estudiantes y los alientan construir sus propias ideas de forma autónoma. Enmovimiento constante.

Rosan Bosch, autora de “Diseñar un mundo mejor empieza en la escuela”, propone un formato disruptivo que apunta a grandes salones equipados con mobiliario colorido, de formas curvas, que invita a compartir las distintas instancias de aprendizaje.

Concentración. Dispositivos que promueven lecturas grupales o individuales.

De paso por Buenos Aires, la diseñadora holandesa explicó las claves de su innovadora propuesta que incorpora nociones detrabajo en equipo, instancias grupales y diversidad de situaciones donde el diseño se transforma en una herramienta que articula el proceso educativo.

Espacios de encuentro. Opciones para sentarse a trabajar en grupo.

Los conceptos planteados por Bosch para despertar y estimular el pensamiento crítico comprenden configuraciones “que inspiran a los responsables de la educación a iniciar pequeños cambios, no es necesario dar vuelta las escuelas, sino iniciar un diálogo para capacitar a los docentes y transformar las aulas ante este desafío”, señala Bosch, convocada por el Ministerio de Educación de la Nación para el futuro rediseño del mobiliario escolar.

“Estamos trabajando en 9 escuelas piloto con los equipos interdisciplinarios de infraestructura de cada provincia para replantear una nueva cultura educativa. Es un desafío para los arquitectos y los docentes”, explica la autora, que le puso el sello a las escuelas Vittra Sodermalm, de Suecia, la Academia Sheikh Zayed de Abu Dabi, la Biblioteca Central de Dinamarca y el Liceo Europa de Zaragoza, España, entre otras.

Sectores. Bosch define áreas para reunirse entre pares.

Los entornos delineados por Bosch apuntan al movimiento. “Los chicos no activan el cerebro cuando están quietos”, sugiere la diseñadora, que creó 5 situaciones espaciales ideales para aplicar en las escuelas: “cima de la montaña”, “cueva”, “fogón”, “manantial” y “manos a la obra”.

Escuelas sin aulas. Gradas en vez de asientos.

En la “cima de la montaña”, Bosch ubica las situaciones “unidireccionales”, similares a las que ocurren en un auditorio. Para presentaciones grupales o donde el docente explica un tema, este espacio cuenta con acústica especial y está aislado del resto del equipamiento.

Auditorio. Para situaciones de aprendizaje donde se exponen contenidos.

La “cueva”, en cambio, es el ámbito para profundizar contenidos, asimilar información y generar entornos de concentración individual. “Se caracteriza por la tranquilidad, pero no necesariamente por el aislamiento. Son espacios pequeños, definidos para uno o dos estudiantes que se encuentran alejados de las áreas de actividad”, dice la autora.

Escuelas sin aulas. Intercambios casuales en espacios de uso común.

El “manantial” es el área que aprovecha espacios informales con mucha circulación. Como un bar o cafetería, un pasillo o un hall de circulaciones cruzadas, donde se producen encuentros espontáneos. “Son ideales para intercambiar y compartir. Les permite a los estudiantes y a los docentes conocer otras experiencias, debatir y descubrir nuevas ideas”.

Lúdico. Tobogán en la biblioteca.

El “fogón”, por su parte, proporciona espacios para aprendizajes en grupo. “Como los grupos se dividen, se reagrupan y se mezclan es indispensable que el diseño facilite este proceso”, señala Bosch. “Este espacio se puede configurar con escenarios flexibles: mesas altas y bajas para compartir, por ejemplo”.

En movimiento. Salones de usos múltiples.

Y en “manos a la obra”, Bosch sugiere “una dimensión de comunicación no verbal, un vínculo entre teoría y práctica, mente y cuerpo, visión y juego”. En esta sección se potencia lo lúdico y el entorno físico es clave. Salir y ver qué pasa afuera es la misión. “Muchos niños aprenden mejor cuando el proceso de aprendizaje se basa en una combinación de experiencias. Si pueden sentir, tocar, oler y probar activan mejor los procesos”, dice Bosch.

Experimentación. Tocar, sentir, probar y oler.

Es un escuela taller, una modalidad nórdica que según la autora no implica presupuestos descomunales. “Cada espacio se puede adaptar con lo que tiene. A veces, sólo es cuestión de liberar el espacio, sentarse en círculo y mirarse a los ojos. La pasividad es el gran enemigo. Los alumnos de hoy van a tener trabajos que hoy no existen. Propiciemos entonces, entornos más amables”, sugiere Rosan Bosch. (Por Vivian Urfeig para Clarín)

ADNbaires