Argentina y Pfizer sin acuerdo por las vacunas

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El país decidió apostar a la vacuna rusa y la de Oxford, que todavía no están. Mientras la de Pfizer ya se distribuye. Esto impediría llegar a vacunar a los primeros argentinos antes de fin de año.

“Vamos a tener la vacuna antes de tiempo, como en el primer mundo, a un precio infinitamente menor”, dijo el ministro de Salud de la Nación, Ginés González García, los primeros días de agosto en el programa A dos voces, de TN. El Gobierno acababa de firmar el acuerdo de producción en Argentina con AstraZeneca y manifestaba su optimismo.

El ministro aseguró allí también que esa vacuna contra el coronavirus, la de Oxford, estaría disponible en nuestro país en el primer trimestre de 2021. Hoy, la realidad es diferente y están vacunando primero los países que firmaron acuerdos prematuros con otro laboratorio, Pfizer.

El Gobierno tejió vínculos con ambas empresas, aunque desde el comienzo las relaciones parecen haber sido más fluidas con AstraZeneca que con Pfizer. En el primer caso estaba en juego la fabricación del principio activo de la vacuna en un laboratorio de Garín, propiedad de Hugo Sigman.

En el segundo caso, fue el trabajo del infectólogo Fernando Polack y la Fundación Infant lo que permitió que parte de la Fase 3 de la vacuna de Pfizer se desarrollara en el Hospital Militar de Buenos Aires. Los resultados, positivos, se conocieron este lunes.

La posibilidad de hacer el ensayo de la vacuna de Pfizer en Argentina dejaba supuestamente en buena posición al país para poder acceder a una cantidad de dosis cuando éstas estuvieran disponibles. Pero en el medio surgieron cortocircuitos que dilataron la negociación.

Algunas fuentes consultadas vinculan el desacuerdo con que el Gobierno argentino quería que la vacuna de Pfizer también se fabricara en el país, al igual que se hará con la de AstraZeneca. Para eso es necesaria la transferencia de tecnología y en ese punto, todo indica, no se habría podido avanzar.

Parte del éxito de Pfizer para acelerar su aprobación fueron los 6.000 voluntarios testeados en el Hospital Militar, una cantidad que le permitió sacarle ventaja a la otra vacuna estadounidense, la de Moderna, que el presidente Donald Trump decidió “incautar” para los ciudadanos de ese país.

Una lectura posible es que esos voluntarios argentinos, que aceleraron el ensayo de Fase 3, han permitido que hoy norteamericanos y británicos se estén vacunando con la vacuna de Pfizer, mientras la población local espera el desenlace de la Sputnik V y la de AstraZeneca.

En aquella entrevista de agosto en TN, González García exaltaba el valor de apostar a la vacuna de Oxford, entre otras cosas, por su precio infinitamente menor. “Pfizer le vendió a Estados Unidos su vacuna por 19 dólares, mientras que la de AstraZeneca costará 4 dólares”, explicaba.

Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y otros países, en cambio, ya habían decidido apostar decididamente por la vacuna de Pfizer. Son finalmente, y al contrario de lo que pronosticaba Ginés, esos países del primer mundo los primeros que están aplicando la vacuna.

Sin embargo, está claro que no es sólo una vacuna para el primer mundo. También México anunció este martes que el 22 de diciembre tendrá a su disposición las primeras 125 mil dosis de la vacuna de Pfizer para empezar a vacunar a su población y será el primero de Latinoamérica en hacerlo.

En el medio de la discusión en Argentina, terció la vacuna rusa, ahora en análisis por la ANMAT en las oficinas de Buenos Aires y por una delegación que viajó esta semana a ese país para inspeccionar la planta de producción del Centro Nacional Gamaleya de Epidemiología y Microbiología.

González García dijo este martes que habló con Carla Vizzotti, que es parte de esa comitiva, y que la funcionaria le aseguró que están muy conformes con lo que están viendo in situ. También dijo es “es difícil” que las primeras dosis puedan ser aplicadas en el país antes de fin de año, como anunció Alberto Fernández hace menos de una semana, y lo atribuyó a la logística de los aviones.

La vacuna rusa, de ser aprobada, serviría de alguna manera para cumplir con la promesa oficial de tener la vacuna contra el coronavirus entre fines de este año y comienzos del próximo. La de AstraZeneca tuvo un error metodológico durante los ensayos de Fase 3 y ahora se la espera para entre fines de marzo y principios de abril.

Según dijo el presidente Fernández, para cuando llegue ese momento ya quiere tener vacunada al 25 por ciento de la población argentina con la Sputnik V. Esto sería a partir de la provisión de 10 millones de dosis entre enero y febrero próximos.

Mientras el Gobierno busca generar confianza sobre la vacuna rusa y no le queda otra opción que la paciencia hasta recibir la de Oxford, busca explicar cuáles son los inconvenientes que hasta el momento empantanaron un posible acuerdo con Pfizer.

González García habló de “condiciones inaceptables” por parte de la empresa, entre las que destacó que el laboratorio considera insuficiente la ley de inmunidad que votó el Congreso por los eventuales efectos adversos que pueda tener la vacuna, y el pedido de que sea Alberto Fernández el que firme el acuerdo.

Clarín se comunicó con Pfizer, cuyos representantes prefirieron no responder sobre cuestiones puntuales, pero aseguraron: “Mantenemos las conversaciones con el Ministerio de Salud en vistas a un potencial acuerdo. No tenemos comentarios adicionales”. González García también afirmó que el diálogo continúa y que podría llegar a buen puerto, aunque ya no en los tiempos que tenían previstos.

Acceder a la vacuna de Pfizer hoy es más difícil de lo que era a mediados de este año, momento en que el primer mundo se volcó en busca de esa opción como primera alternativa. “Varios países tienen firmados acuerdos de compra con la empresa desde mitad de año. No es el caso de Argentina”, dijo una fuente del sector farmacéutico cercana a los laboratorios extranjeros.

“También es cierto que Pfizer pensaba producir 100 millones de dosis y sólo pudieron producir 50 millones”, agregó. También consideró “rarísimo” que la empresa exija que el contrato deba firmarlo el Presidente en vez del Ministro de Salud.

Otra fuente con vínculos en Pfizer se permitió manifestar su escepticismo en cuanto al argumento de la menor producción. Y admitió que si bien “la compañía es dura para negociar, sus condiciones son iguales para todo el mundo. Si no hay un acuerdo con Argentina es porque nuestro país no acepta algo que otros aceptan o pide algo que otros países no reclaman”. (Por Pablo Sigal para Clarín // Imagen: Una enfermera de un hospital de Chicago recibe la vacuna de Pfizer este martes. Foto: AP)

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