Buzz Aldrin: “Hay que poner los ojos en Marte”.

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El segundo hombre en pisar el satélite dice que todavía se maravilla de haberlo hecho. Y cuenta detalles del alunizaje.

Buzz Aldrin no tiene alas, tampoco un traje verde y blanco ni un rayo láser en el brazo. Pero es uno de los máximos superhéroes estadounidenses, como Buzz Lightyear, el simpático personaje de Toy Story que fue bautizado en honor al segundo astronauta que tuvo el privilegio de pisar la Luna, hace 50 años.

El apodo de Buzz le viene de pequeño, cuando su hermano tenía dificultades para pronunciar bien la palabra brother (hermano). En realidad se llama Edwin Eugene Aldrin, hoy tiene 89 años y su vida sigue conectada al espacio al punto de que siempre luce pulseras y ropa con algún motivo alegórico del universo que amó explorar.

“Mientras el mundo miraba lo que estábamos haciendo, nosotros estábamos muy concentrados en estar en la Luna. Cuando Neil bajó la escalera, el control de la misión nos dijo que estaban obteniendo una imagen, pero estaba al revés. Por suerte pudieron arreglarlo”.

Nacido en Glen Ridge, New Jersey, Aldrin se graduó como ingeniero mecánico en la Academia Militar de Estados Unidos en 1951. Durante la Guerra de Corea fue piloto con más de 60 misiones de combate. Más tarde se doctoró en Astronáutica en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) y luego fue elegido como miembro de la NASA. Su carrera escaló hasta la cima cuando le anunciaron que sería parte de la misión Apolo.

Siempre se dijo que en ese módulo lunar no apto para claustrofóbicos, de apenas 6 metros cúbicos, Aldrin y sus compañeros de viaje, Neil Armstrong y Michael Collins, convivieron, aunque sin ser amigos. Y que a Buzz siempre le quedó la espina de no haber sido el primero en caminar sobre el satélite, una fama que se llevó el comandante Armstrong, a pesar de que en los papeles le correspondía a él porque era el piloto de la nave. La experiencia tuvo un costado personal difícil: su vida al regreso de la Luna fue complicada, con un divorcio, problemas con el alcohol y peleas con sus hijos.

Muy atareado estos días con los festejos del 50° aniversario del alunizaje, Aldrin había vuelto ya al centro de la escena estadounidense en febrero, cuando fue invitado por Donald Trump a su tradicional discurso anual en el Congreso y escuchó decir al presidente que quería relanzar la carrera espacial.

Desde su casa en las afueras de Los Angeles, el astronauta contestó algunas preguntas por escrito a Clarín y prefirió eludir los temas personales para enfocarse en las memorias de su trascendente misión.

“Neil lo llamó ‘Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad’. A mí, la Luna me pareció una magnífica desolación”.

– ¿Qué recuerda de aquel día?

– Fue emocionante. Lo primero que recuerdo es cuando estaba por despegar el cohete. A medida que avanzaba la cuenta regresiva, nos alegramos de no tener que empezar de nuevo: la misión ya estaba en marcha. El lanzamiento salió muy bien, ¡y por fin nos pusimos en camino! El lanzamiento en sí fue sorprendentemente bien y, por suerte, nada inesperado sucedió. En realidad, no sabíamos exactamente cuándo habíamos dejado el suelo, excepto por los instrumentos que estábamos viendo y las comunicaciones de voz. Desde los instrumentos, pudimos ver nuestra velocidad de ascenso y cambio de altitud, pero estábamos cómodos en nuestros asientos. Nos miramos el uno al otro y pensamos: “Debemos seguir nuestro camino… ¿qué sigue?”.

– ¿Cuál fue la sensación al poner al fin un pie en la Luna?

– A medida que nos acercábamos a la Luna, nos nivelamos y seguimos avanzando. Sabíamos que seguíamos quemando combustible. Sabíamos lo que teníamos, luego oímos que nos faltaban 30 segundos para llegar. Así que fue agradable finalmente aterrizar. Vimos nuestra sombra proyectada frente a nosotros cuando aterrizamos, algo que nunca habíamos visto en el simulador. ¡Eso era nuevo! Vi como el polvo creaba una bruma, no partículas, sino una bruma del motor que empuja el polvo hacia arriba. La luz se encendió y anuncié “luz de contacto”, “parada del motor”… Nos alegró haber aterrizado. Neil y yo sonreímos.

El mundo estaba en vilo en ese momento, su familia seguramente mucho más. ¿En qué pensaba cuando estaba en la Luna?

– Mientras el mundo miraba lo que estábamos haciendo, nosotros estábamos muy concentrados en estar en la Luna. Cuando Neil bajó la escalera, el control de la misión nos dijo que estaban obteniendo una imagen, pero estaba al revés. Por suerte pudieron arreglarlo. Muy pronto, Neil y yo estábamos fuera del módulo lunar y en la superficie. Neil lo llamó “Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad”. A mí, la Luna me pareció una “magnífica desolación”. Pero en la Luna nosotros teníamos trabajos que hacer.

EL TRAJE DE ALDRIN

Fue hecho a medida y diseñado para proporcionar un entorno de soporte vital para el astronauta durante los períodos de actividad extra-vehicular (EVA) y para ser usado ​​con relativa comodidad por hasta 115 horas en conjunto con la prenda de enfriamiento líquido. También se pudo haber usado durante 14 días en modo no presurizado.
Materiales
En general: tela beta, goma, nylon, plástico.
Conectores: aluminio (rojo, azul)
Anillo de cuello: aluminio
Anillos de bloqueo de muñeca: aluminio.
Cremallera: Latón con junta de neopreno.
A7-L(Neil Armstrong)
Se usó durante la caminata lunar durante 2 horas, 31 minutos y 40 segundos.
 
Casco extra-vehicular
Tiene dos visores, uno cubierto con un revestimiento de control térmico y el otro con un revestimiento óptico de oro.

Posee dos protectores solares laterales que se pueden subir y bajar de forma independiente.


 
Guantes extra-vehiculares
Cubierta exterior de Chromel-R (aleación 80% níquel y 20% cromo) con aislamiento térmico para manipular objetos extremadamente calientes o fríos. Las puntas de los dedos azules son de caucho de silicona para proporcionar sensibilidad. El guante interior es de un compuesto de caucho / neopreno.
 
Tela Beta
Es una tela ignífuga de fibra de sílice de tejido fino, similar a la fibra de vidrio. Resiste temperaturas de hasta 650° C. Puede ser recubierta de teflón para mejor resistencia o para reparación de roturas por micrometeoroides.
 
Botas extra-vehiculares
Suela de silicona, parte superior tejida de Chromel-R, capas adicionales de protección térmica y beta en las plantas contra temperaturas extremas y rocas afiladas en la superficie lunar.
 
Sistema de soporte vital portátil (mochila)
Es un dispositivo que permite la actividad extra-vehicular con la máxima libertad y seguridad para el astronauta, conectado al traje mediante mangueras y conectores especiales.
Posee tres componentes principales: el sistema portátil de soporte vital (PLSS), el sistema de purga de oxígeno (OPS) y la unidad decontrol remoto (RCU).

Las funciones realizadas por el PLSS incluyen:

Regular la presión del traje proporcionando oxígeno respirable.
• Eliminar el dióxido de carbono , la humedad, los olores y los contaminantes de la respiración de oxígeno.
• Enfriar y recircular oxígeno a través del traje presurizado, y agua a través de la prenda de enfriamiento por líquido.
• Comunicación de voz bidireccional.
• Visualización o telemetría de los parámetros de salud del traje.
• Telemetría de un indicador de la salud inmediata del astronauta (p. ej., frecuencia cardíaca).

– ¿Cuáles?

– Teníamos experimentos para establecer, y nos concentramos en eso más que en cualquier otra cosa. Realmente no pensamos mucho en todos aquellos que nos estaban mirando en ese momento, porque estábamos enfocados en el control de la misión. Por supuesto, fue muy emocionante. Neil decidió dónde colocar la cámara y saqué dos experimentos y los llevé. Estábamos enfocados en los experimentos, asegurándonos de que estuvieran nivelados, apuntando hacia el sol.

– ¿Cómo fue el regreso?

– Recuerdo especialmente el momento de volver a casa y cuánto nos alegramos de volver. Por qué solo hay una Tierra. Algo importante para destacar es que en el splashdown (cuando el módulo cae al mar) tuvimos que lanzar un interruptor para liberar los paracaídas, pero estaba un poco lleno de baches, por lo que volcamos en el mar antes de que pudiéramos soltar los paracaídas. Luego los globos que tenía el módulo nos inclinaron hacia arriba de nuevo por suerte. Fue bueno estar de vuelta, ver y hablar con la familia. Le voy a contar una historia divertida: la gente a menudo recuerda nuestra foto en una ventana. Cuando tocaron el himno nacional, nosotros queríamos pararnos, pero al estar en la ventana, ¡tuvimos que arrodillarnos!

– Medio siglo después, ¿cómo ve hoy en perspectiva este hecho histórico? ¿Cuál cree que será el próximo paso para quienes hoy trabajan e investigan el espacio?

– Fue un privilegio haber estado en esa primera misión tripulada a la superficie lunar, un honor haber trabajado con tanta gente buena y dedicada, y haber dejado nuestras huellas allí. A veces me maravillo de poder haber ido a la Luna. Creo que es hora de que la próxima generación ponga sus ojos en Marte.

Washington. Corresponsal (Por Paula Logones para Clarín)

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