Cumbre de Alternativa Federal para buscar salir de la grieta.

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La victoria pone al cordobés en el centro del dispositivo del PJ Federal. Prepara una reunión con candidatos y gobernadores. El diálogo con Mauricio Macri y la distancia con Cristina Kirchner. 

Juan Schiaretti abandonó el humor cordobés y se puso serio: estaba en El Panal, la casa de Gobierno cordobés, siguiendo los datos de su victoria cuando le tiraron la pregunta sobre contemplaba una aventura presidencial propia.

El domingo a la noche, el teléfono del gobernador no tuvo respiro: el scrum de Alternativa Federal, gobernadores del PJ y Miguel Lifschitz y un mensaje de felicitaciones de Rogelio Frigerio, el macrista preferido de los peronistas.

Ahí dio la primera puntada de un operativo que sumó un gesto público y continuará en estas horas y estos días: pasada la elección cordobesa, Schiaretti se enfocará en darle volumen a AF, enfrente de Mauricio Macriy de Cristina Kirchner.

En su discurso, habló de un “peronismo federal y republicano” y adoctrinó a sus voceros para que ratifiquen la pertenencia al PJ Federal. Traducción: alimentará la tercera posición.

Con el score, reverdeció la hipótesis de un Schiaretti presidencial. Con la embriaguez de los 54 puntos, en Córdoba pasaron de un no rotundo a dejar una hendija si hay un clamor de los gobernadores o se entiende que la hipótesis sirve para potenciar el espacio.

Este lunes empezó una ronda de conversaciones para planificar una juntada que no tiene fecha ni lugar pero podría hacerse esta semana para aprovechar el shock de la victoria del 12-M. Antes, expresamente, el gobernador le bajó la persiana a los dirigentes que pidieron venir al festejo.

El efecto electoral no es infinito y no sobra tiempo. Antes del 22 de junio, día del cierre de listas, hay otra fecha esencial: el 14 vence el plazo para inscribir alianzas electorales y así se resolverá donde jugarán los gobernadores, con AF o con Cristina.

“En Alternativa, todos los candidatos tienen en claro que cada gobernador arma sus boletas nacionales como quiere. Es una condición, de los gobernadores para seguir en el espacio”, advierten, terminantes, en el PJ Federal.

El decreto de Macri para prohibir las colectoras liquidó lo que puso ser un atajo para subsanar ese conflicto: que las listas de diputados y senadores se cuelguen de dos frentes nacionales distintos, uno K y otro no K.

No será posible: los jefes provinciales del PJ deberán elegir una de las escuderías del peronismo.​

No hubo -ni hay- enlaces con el dispositivo K. En el cordobesismo dan por hecho que Cristina será candidata -invocan el protagonismo de Alberto Fernández en el armado- y no contemplan la opción de una alianza con la ex presidente.

“Cristina no es peronista, no forma parte de este espacio”, es la letanía que repiten en el schiarettismo.

Pasada la medianoche, el gobernador festejó en una cena en la Casa de Gobierno junto a unas 40 personas: hubo empanadas, brindis y charlas.

Estaban, además de unos pocos extra provinciales, su mujer, Alejandra Vigo, algunos ministros y el staff de candidatos de Hacemos por Córdoba: Martín Llaryora y que ganó la intendencia de Córdoba, el vice Manuel Calvo. No estuvo la diputada electa Natalia De la Sota.

Ese cuarteto, más un puñado de alcaldes del interior como Martín Gil, de Villa María, integran la camada que Schiaretti puso en la cancha para administrar su sucesión, una maratón que recién se resolverá dentro de cuatro años.

Schiaretti no cederá la centralidad ni la jefatura pero prepara el ciclo que viene. Para no quedar atado a un heredero, diversificó el menú político: de Llaryora, un territorial que alguna vez lo desafió, a Calvo y Natalia De la Sota, de ADN delasotista, intendentes jóvenes o su esposa. (Por Pablo Ibáñez para Clarín // Foto: Juan Schiaretti en el baile del festejo, junto a los candidatos, una postal futurista de la sucesión)

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