El cerrajero rosarino que hizo historia en la astronomía.

Con su telescopio, logró captar el nacimiento de una supernova.

424
Compartir
Rosario, 22 de febrero de 2018 Víctor posó sonriente junto al telescopio con el que hizo historia, donde descubrio una supernova.- Foto: JUAN JOSE GARCIA

Como Clark Kent, este rosarino lleva “doble vida”: de día atiende una cerrajería y de noche sube a su terraza para transformarse en astrónomo. Hace dos años captó con su telescopio el nacimiento de una supernova y se hizo famoso. ¿Cómo cambió su vida desde ese hallazgo casero?

Las manos de Víctor Buso están engrasadas. Tiene que terminar varios encargos antes de cerrar la persiana de su cerrajería. En su local, entre llaves, máquinas y la claridad del día, este rosarino es como Clark Kent. Esconde un don y un logro que son imposibles de descifrar a simple vista. Por las noches, en la terraza de su casa, ya despojado de su ropa de trabajo, el hombre se transforma en un intrépido y curioso astrónomo. Con su telescopio apuntando al cielo registró hace dos años un acontecimiento inédito, el nacimiento de una supernova. Su vida, sin embargo, poco cambió tras su descubrimiento que sigue sorprendiendo a la ciencia mundial.

Su nombre se hizo conocido a principios de este año cuando la prestigiosa revista Nature validó su descubrimiento casero: una precisa y contundente secuencia fotográfica en la que se observa la explosión que se da sobre el final de la vida de una estrella. Hasta que Víctor tomó esas imágenes, la ciencia no tenía registro de ese fenómeno. Su hallazgo, dicen los expertos, marcó un antes y un después en la historia de la astronomía.

En la cerrajería.

A los 59 años, este cerrajero captó durante unos días la atención de la prensa internacional. Lo entrevistaron medios de Japón, Suecia y Australia, entre otros tantos países. La historia merecía ser contada: un aficionado, un telescopio montado en la azotea de una casa familiar, una noche de insomnio y lo inesperado, un hallazgo revolucionario.

Pero los flashes se apagaron. El teléfono dejó de sonar y Víctor volvió a su rutina, a su cerrajería. Clarín lo encontró en su lugar de trabajo, en el local que heredó de su padre. Cuenta que si bien ahora lo llaman para dar charlas en congresos y tiene en agenda algunos viajes al exterior, sus manos están siempre negras de trabajo. Necesita hacer llaves para llevar la comida a su casa.

“Mi descubrimiento equivale a ganarse tres loterías. Aunque este reconocimiento no da dinero”, dice entre risas. Lo que nadie puede quitarle es el orgullo de haber “tocado el cielo con las manos”. Y lo logró sin ser profesional, sin título y sin la alta tecnología que se usa para lograr hallazgos como el suyo.

Descubrió el nacimiento de una supernova desde la pasión más genuina. A los once años, mientras sus amigos jugaban al fútbol, él fabricaba telescopios de cartón, madera y hojalata. En la terraza de su casa tiene un instrumental profesional (telescopio, computadora, cámaras, cúpula giratoria) que compró hace cuatro años con la venta de un terreno.

Hallazgo. Víctor captó el nacimiento de una supernova que sorprendió al mundo científico. Su descubrimiento se publicó a principios de este año en la revista especializada Nature.

“Busqué esto toda mi vida, no lo voy a negar. Hasta lo soñé. El sueño me persiguió toda la vida como un karma y se transformó en realidad. Creer o reventar”, cuenta Víctor.

Lo del sueño es literal. Sucedió a finales de los 80. “Una voz me decía que tenía que buscar entre tal y tal estrella”, recuerda.

El 12 de septiembre de 2016 subió las escaleras y se sentó durante un buen rato para investigar una galaxia. Pensaba que ahí había algo que observar. Tuvo que esperar que le llegara una máquina nueva que había comprado para conocer con mayor exactitud aquello que lo interpelaba desde el cielo. El paquete llegó ocho días más tarde. Víctor lo instaló y volvió a apuntar hacia el mismo objeto. Pero no encontró nada nuevo ni extraño.

A la medianoche volvió a subir, tenía necesidad de seguir mirando las estrellas. Ni siquiera movió la cúpula, lo que le hubiese permitido tener un mayor alcance de observación. Era tarde y no quiso despertar a los vecinos. El telescopio quedó, increíblemente, apuntando entre las dos estrellas de su sueño.

“Me di cuenta más tarde de ese detalle. Lloré como un niño”, dice Víctor, y agrega que ahora va a esperar “hasta el próximo sueño” para volver a mirar por el telescopio.

Con el telescopio en esa posición, Víctor se sentó en su computadora y empezó a registrar imágenes. De repente, apareció un pixel cada vez más brillante, una estrella que no figuraba en ningún catálogo de esa galaxia. Intentó dar aviso a los observatorios argentinos para que pudieran apuntar sus telescopios y confirmar el evento. Pero no encontró a ninguno. Todos los astrónomos locales estaban reunidos en Capilla del Monte, Córdoba.

Rosario, 22 de febrero de 2018
Víctor posó sonriente junto al telescopio con el que hizo historia, donde descubrio una supernova.-
Foto: JUAN JOSE GARCIA

Víctor dice que sueña con una placa en la puerta de su casa que diga: “Aquí se descubrió el nacimiento de una supernova”.

Víctor llamó entonces a un amigo, también amateur, para pedirle ayuda. “Esto hay que reportarlo ya, hay que dar una alerta”, escuchó del otro lado de la línea. “¿Cómo se hace eso? No estoy registrado en ningún servidor, no sé inglés”, se preocupó. Y mientras su amigo daba el alerta, Víctor subió una foto de su descubrimiento a “TN y la Gente”. Nadie le respondió. Su publicación pasó desapercibida. “Me acuerdo de eso y me río. En ese momento no tenía noción del tamaño del hallazgo”, recuerda. Se acostó a las cinco de la mañana, cuando ya no había mucho que hacer, solo esperar.

Captura. La obtuvo Víctor desde su terraza una noche de insomnio, según contó a Clarín.

“Gorda, creo que descubrí algo grande”, le dijo a su mujer.

Al anochecer siguiente empezó a tomar dimensión de su descubrimiento. Percibió que aquel pixel brillaba fulgurante, como lo hace una supernova. Ingresó de cholulo a un foro internacional de cometas en el que participa para contar la noticia. Un periodista científico español lo contactó por privado ni bien vio la foto. “Ese dato no existe en el mundo, no hay registro en la astronomía, hiciste historia”, le dijo.

Después llegó el momento de validar el descubrimiento. Rechazó un ofrecimiento de un astrónomo norteamericano y entregó sus imágenes a dos jóvenes astrónomos de la Universidad de La Plata, Melina Bersten y Gastón Folatelli, quienes presentaron la documentación a la revista Nature.

Aquella publicación, un artículo de siete hojas que cambió su vida, vino con “un pan bajo el brazo”. Víctor va a ser abuelo por primera vez. Su nieto nacerá en enero, después de su viaje a Chile, a donde lo invitaron a pasar una noche en la montaña mirando las estrellas. “Este logro ha jerarquizado a la astronomía argentina -afirma-. Y el rol de los aficionados, que demuestra que con pasión, se puede” .

Víctor tarda una hora en hacer cada llave que le encargan. Sus clientes le preguntan detalles del descubrimiento. El nuevo héroe del barrio disfruta de esos mimos y jura que la fama internacional no lo agranda. Hoy su máximo anhelo es bien mundano: que la Municipalidad de Rosario ponga una placa en la puerta de su casa con esta leyenda: “Aquí se descubrió el nacimiento de una supernova”. (Por Andrés Actis para Clarín)

ADNbaires