El Torino volvió a girar por el mítico circuito de Nürburgring.

Con Oreste Berta al volante.

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El Torino sigue siendo el mayor emblema de la industria nacional. Una parte, por su alto rendimiento siendo un vehículo de concepción argentina. Pero otra gran parte se lo debe a sus resultados deportivos. Y en especial a la que se conoció como la Misión Argentina, que fue a competir contra los fabricantes europeos en 1969, con Fangio como director del equipo.

A 49 años de lo que se consideró una epopeya, un Torino volvió a girar por la pista de Nürburgring, con Oreste Berta al volante y con el apoyo del fabricante argentino Horacio Pagani, hoy radicado en Italia.

La iniciativa le pertenece a Ricardo Zeziola, un preparador que fue el responsable de restaurar un Torino 380W durante tres años y medio. El vehículo fue embarcado hacia Italia, en donde fue recibido por Horacio Pagani, fabricante del Huayra, uno de los superdeportivos más espectaculares de todo el planeta.

Pagani es además un confeso fanático del Torino. De hecho, cuenta con una réplica de uno de los modelos que compitió en Nürburgring, preparado por el mismo Oreste Berta.


Oreste Berta manejando el Torino en su vuelta en Nürburgring.

Fue el Mago de Alta Gracia el encargado de guiar el Torino por el mítico circuito alemán, también conocido como el Infierno Verde. Y si bien se trató más de un paseo que de pasadas a fondo, Berta destacó lo significativo que resultó volver a girar con el Torino en la pista alemana.


El Torino volvió a a “enfrentarse” al Infierno Verde.

“La emoción de poder revivir lo que fue, sin dudas, una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida” manifestó Berta luego de circular con el 380W. La vuelta se realizó a fines de mayo, pero el video se conoció ahora.


El fabricante argentino Horacio Pagani también formó parte del homenaje al Torino.

En 1967 fue tomando forma la idea de llevar el Torino a Europa para competir. Y la llave de entrada era, sin dudas, Juan Manuel Fangio. El Quíntuple, ya un ex piloto para esa época, contaba todavía con una enorme reputación en el Viejo Continente.


Presentación oficial del Torino, en el autódromo Municipal de Buenos Aires, en 1966, con Juan Manuel Fangio.

Es más, fue Fangio el responsable de hacer el contacto con el estudio de diseño italiano Pininfarina, autor del estilo que terminó teniendo el Torino, que luego se fabricaría en Córdoba entre 1966 y 1981.


Juan Manuel Fangio y Oreste Berta, fueron los que guiaron a la Misión Argentina, en 1969.

Se conformó una verdadera selección argentina de la industria automotriz, con Fangio como director y un joven pero ya destacado Berta como responsable técnico, para preparar los tres vehículos que competirían en una durísima carrera de tres días y medio.

Los pilotos eran los mejores de la época, entre consagrados y promesas. El auto número 1 iba a ser conducido por Luis Di Palma, Carmelo Galbato y Oscar “Cacho” Fangio; el 2 le correspondía a Eduardo Rodríguez Canedo, Jorge Cupeiro y Gastón Perkins; y el 3 tendría al volante a Eduardo Copello, Oscar Franco y Alberto Rodríguez Larreta, más conocido como Larry.

El dominio de los Torino se produjo apenas comenzada la carrera. A las 42 horas de competencia abandonó el Torino 2, cuando se fue de pista y no pudo volver. En la hora 50, el número 1, guiado en ese momento por Di Palma, se quedó sin luces durante la noche y también se despistó.

Luego de 84 horas, el Torino 3 cruzó la línea de meta con 334 vueltas recorridas, más que ningún otro vehículo. Pero una serie de penalizaciones redujo esa cifra a 315 y el vehículo de industria argentina terminaría en cuarto lugar, detrás de Lancia, BMW y Triumph respectivamente.

Si bien no se obtuvo el triunfo, aquella actuación fue considerada como una hazaña para el automovilismo nacional y para la industria automotriz local. El acalorado recibimiento que recibió parte del equipo en el aeropuerto de Ezeiza era un fiel reflejo de que lo logrado fue considerado como una victoria.


Berta lo vivió como una gran experiencia.

A 49 años de aquella gesta, Oreste Berta, el Mago de Alta Gracia, uno de los responsables de aquella Misión Argentina, se dio el gusto de volver a Nürburgring con el auto que ese día se hizo conocer en el mundo: el Torino.

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