¿Europa logró la inmunidad de rebaño?

Expertos analizan la causa del estancamiento de las muertes por COVID-19 // Protección corta de las personas que pasaron la enfermedad.

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Los descensos en los casos y las muertes en países como Italia o Alemania podría deberse a los bloqueos impuestos por los gobiernos y las medidas de distanciamiento social, lo cual implicaría que aún gran parte de la población sigue siendo susceptible al virus. Sin embargo, hay quienes creen que la mayoría ya habría adquirido defensas.

Investigadores estudiaron si el descenso de los casos y las muertes en Europa tienen que ver con que una gran proporción de la población ya está protegida contra la infección (Shutterstock)La transmisión del nuevo coronavirus se encuentra actualmente en una marcada disminución en muchos países de Europa, América del Norte y partes de Asia. Los nuevos casos confirmados así como las muertes bajaron considerablemente en las últimas semanas.

El paso del famoso “pico” de la enfermedad y las intervenciones gubernamentales sin precedentes con el objetivo de reducir sustancialmente los viajes y el contacto físico entre las personas son algunas de las explicaciones posibles para esta disminución.

Según un informe que publicó la revista científica The Lancet, “los descensos observados en los casos y las muertes podrían deberse a bloqueos (que incluyen órdenes públicas de quedarse en casa, prohibiciones en reuniones públicas con menos de diez personas y toque de queda de todos los grupos de edad), distanciamiento social y otras intervenciones”. Esto implicaría que la epidemia aún se encuentra en una etapa relativamente temprana y que, por lo tanto, una gran proporción de la población sigue siendo susceptible.

Bajo tal escenario, existe un alto riesgo de transmisión renovada si las intervenciones o modificaciones de comportamiento se relajan por completo. Se trata ni más ni menos que de los tan temidos “nuevos brotes”.

Esta primera explicación también es coherente con una alta tasa de mortalidad por infección (IFR) para explicar el número de muertes ocurridas hasta la fecha.

En segundo lugar, están quienes creen que las disminuciones observadas en los casos y las muertes podrían deberse al logro de la inmunidad del rebaño. “Esto implicaría que una gran proporción de la población ya está protegida contra la infección, ya sea mediante la adquisición de inmunidad después de una infección previa o por otros medios naturales (como la protección cruzada de otros coronavirus)”. Bajo tal escenario, asegura el artículo, “es de esperar una mayor disminución de casos y muertes incluso en ausencia de intervenciones o modificaciones de comportamiento. Si se supone que una gran proporción de la población ha sido infectada, esta explicación implica una IFR muy baja para explicar la cantidad de muertes que han ocurrido hasta la fecha”.

Identificar la explicación más probable es clave para cualquier plan futuro tendiente a eliminar el distanciamiento social y las restricciones en los viajes. “También es crítico cuando se consideran las respuestas de salud pública posteriores destinadas a reducir la morbilidad y la mortalidad, especialmente en el contexto de los impactos económicos y de salud más amplios de las estrategias de mitigación y supresión de COVID-19”.

Investigadores del Centro de Análisis Global de Enfermedades Infecciosas, Instituto Jameel para Enfermedades y Emergencias Analítica tomaron “un enfoque simple basado en datos para establecer cuál de estas explicaciones es mejor respaldada por las estadísticas”. “Nuestros argumentos se basan en las tendencias de las muertes acumuladas a lo largo del tiempo en varios países que fueron bloqueados en diferentes etapas de sus epidemias, según lo informado por el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades el 18 de mayo de 2020 -informaron los autores del estudio-.

Para un subconjunto de países, también exploramos los datos obtenidos de los estudios de serología sobre la proporción de la población que tiene evidencia de infección previa. Todas las fuentes de datos para estos análisis se enumeran en el apéndice. Encontramos que hay poca evidencia para apoyar una explicación que se basa en la inmunidad de rebaño por las siguientes razones”.

Primero, la tasa de mortalidad per cápita acumulada de COVID-19 se estancó en diferentes niveles. “La notificación de muertes en diferentes países con buena capacidad de prueba, aunque no sin desafíos, generalmente se considera una de las estadísticas más confiables sobre COVID-19 ya que las pruebas se han priorizado para casos severos”, aseguran. Bajo inmunidad de rebaño, se esperaría que la tasa de mortalidad acumulada debido a COVID-19 por millón de la población se estabilice en aproximadamente el mismo nivel en diferentes países (suponiendo números de reproducción básicos similares).

Esto no es lo que muestran los datos: por ejemplo, en Alemania, los Países Bajos e Italia todos los países con buena calidad de atención médica y capacidad de prueba, la diferencia en la mortalidad es varias veces mayor, con Alemania con 95 muertes por millón de habitantes, los Países Bajos con 332 muertes por millón de habitantes, y Italia con 525 muertes por millón de habitantes (al 17 de mayo de 2020).

“Aunque no hay datos perfectos, es muy poco probable que las diferencias en los informes de mortalidad entre países puedan explicar esta escala de variación. Si la adquisición de la inmunidad del rebaño fue responsable de la caída de la incidencia en todos los países, entonces la exposición a la enfermedad, la susceptibilidad o la gravedad tendrían que ser extremadamente diferentes entre las poblaciones -consideraron los expertos-. Dada una demografía similar, proximidad geográfica cercana, fuertes similitudes genéticas, sistemas de salud robustos y probable exposición previa similar a otros coronavirus humanos, hay poca evidencia para respaldar esto”. Por el contrario, creen que si la nivelación de las muertes es causada por intervenciones y cambios de comportamiento asociados, estas discrepancias pueden explicarse por el momento y la rigurosidad de las intervenciones en relación con la introducción del virus.

En segundo lugar, los países que se encerraron temprano sufrieron menos muertes en las semanas posteriores. “Centrándonos en los países que aplicaron medidas estrictas de represión, comparamos las muertes per cápita en el momento del cierre con las muertes per cápita en el siguiente período de seis semanas. Si ya se hubiera alcanzado la inmunidad del rebaño, no esperaríamos ninguna correlación, o incluso una correlación negativa, ya que el bloqueo no alteraría el umbral de inmunidad del rebaño en la población o la tasa de mortalidad per cápita final”.

Para ellos, “una fuerte tendencia lineal sugiere que los países que fueron bloqueados anteriormente experimentaron menos muertes en el siguiente período de seis semanas. Por lo tanto, esta tendencia es inconsistente con la explicación de la inmunidad del rebaño; sin embargo, es exactamente lo que cabría esperar bajo la explicación de que los bloqueos están reduciendo la transmisión y las muertes, lo que los hace más efectivos cuando la transmisión previa al bloqueo es baja”.

En tercer lugar, y finalmente, “existe una relación fuerte y consistente entre la prevalencia de anticuerpos contra el SARS-CoV-2 y la mortalidad por COVID-19 en las poblaciones europeas, consistente con una IFR de 0 · 5–1 · 0%”. “Utilizando datos de estudios serológicos, comparamos la proporción de la población que tiene evidencia de infección previa, medida por anticuerpos (seroprevalencia) en un punto de tiempo dado, con la proporción de la población que murió de COVID-19 hasta el mismo punto de tiempo. Una fuerte relación lineal entre seroprevalencia y mortalidad indica que regiones dispares han experimentado una mortalidad similar por infección”.

En resumen, existen grandes diferencias en los patrones de muertes per cápita en diferentes países que son difíciles de conciliar con los argumentos de inmunidad colectiva, pero que se explican fácilmente por el momento y la rigurosidad de las intervenciones. “Los estudios de seroprevalencia también proporcionan una fuente de información independiente que es altamente consistente con los datos de mortalidad -sostienen los investigadores-. Por lo tanto, el argumento de inmunidad colectiva está en desacuerdo con los datos de mortalidad y seroprevalencia, mientras que el argumento de intervención proporciona una explicación parsimoniosa para ambos”.

Si bien los impactos de las intervenciones de control actuales sobre la transmisión deben equilibrarse con sus impactos económicos y de salud a corto y largo plazo en la sociedad, los datos epidemiológicos sugieren que “ningún país vio todavía tasas de infección suficientes para prevenir una segunda ola de transmisión”.

INMUNIDAD CORTA POS ENFERMEDAD

Estudios de científicos chinos y estadounidenses afirman que los anticuerpos que desarrolla el cuerpo humano contra el coronavirus pueden durar solo dos o tres meses, por lo que la inmunidad contra el patógeno podría no tener efecto a largo plazo.

Según un estudio de la Universidad de Medicina de Chongqing, en el suroeste de China, el nivel de anticuerpos de la gran mayoría de un grupo analizado de contagiados disminuyó significativamente dos o tres meses después de la infección, lo que podría afectar también a las posibilidades de aplicación de las nuevas vacunas en desarrollo.

El estudio, titulado ‘Evaluación clínica e inmunológica de infecciones asintomáticas por SARS-CoV-2’ y publicado en la revista científica Nature, comparó los resultados de la detección de anticuerpos en sangre de pacientes asintomáticos y de casos confirmados con síntomas, incluyendo 37 infecciones asintomáticas del condado de Wanzhou en Chongqing.

Extracción de sangre para una prueba de anticuerpos (Reuters)

Extracción de sangre para una prueba de anticuerpos (Reuters)

Los asintomáticos eran 22 mujeres y 15 hombres con edades comprendidas entre los 8 y los 75 años, que se compararon con 37 casos confirmados en similar proporción de sexo y edad.

El estudio comprobó que la mayoría de los infectados produjeron anticuerpos de coronavirus, concretamente la IgG y la IgM. La IgM es el que aparece habitualmente primero y de duración más corta para combatir una nueva infección. En cambio, la IgG aparece más tarde, dura más y es el anticuerpo que más abunda en el cuerpo y brinda protección contra las infecciones bacterianas y víricas.

El estudio encontró que, entre tres y cuatro semanas después de la infección, en su fase aguda, el grupo de pacientes asintomáticos tenía una tasa del 62,2 por ciento de IgM y una tasa de IgG del 81,1 por ciento.

En el grupo con síntomas la IgM era del 78,4 por ciento y la IgG del 83,8 por ciento, por lo que el estudio concluye que las infecciones asintomáticas muestran niveles de anticuerpos más bajos que los casos confirmados, aunque son similares en ambos grupos.

Sin embargo, el nivel de anticuerpos de la gran mayoría de las personas infectadas mostró una disminución significativa dos o tres meses después de la infección.

Los niveles de anticuerpos IgG en el 93,3% del grupo asintomático y en el 96,8 % del grupo sintomático comenzaron a disminuir temprano en el período de rehabilitación, es decir, 8 semanas después del alta.

Los investigadores también usaron un ensayo de neutralización basado en pseudovirus, con mayor precisión y sin detección separada de tipos específicos de anticuerpos, y encontraron que los niveles de anticuerpos en suero en el 81.1 por ciento de los grupos asintomáticos y en el 62.2 por ciento de los sintomáticos disminuyeron.

Eleanor Riley, profesora de inmunología de la Universidad de Edimburgo (Escocia), citada por el portal Caixin, consideró que los resultados de este estudio “no son sorprendentes” porque las muestras son principalmente de personas asintomáticas y ligeramente infectadas, y su respuesta inmune es más débil que la de otros pacientes.

La Organización Mundial de la Salud publicó un informe científico el pasado 24 de abril en el que aseguraba que no hay “ninguna evidencia” que pueda probar que los anticuerpos producidos tras la infección por coronavirus puedan proteger al cuerpo de una segunda infección.

Análisis en el centro de investigaciones de la Universidad Tsinghua, en Beijing (Reuters)

Análisis en el centro de investigaciones de la Universidad Tsinghua, en Beijing (Reuters)LA VACUNA PUEDE NECESITAR SER MÁS FUERTE QUE EL VIRUS

Danny Altmann, profesor de inmunología en el Imperial College of Technology, dijo sobre el estudio de Chongqing que, aunque la muestra es pequeña, es consistente con las preocupaciones anteriores: “La inmunidad del nuevo coronavirus producida naturalmente por la población puede ser muy corta”.

Akiko Iwasaki, inmunólogo de la Universidad de Yale (EEUU), resaltó a Caixin que el principio de las vacunas es permitir que se produzcan anticuerpos neutralizantes para defenderse contra el virus y que, si los anticuerpos producidos por infecciones naturales son débiles y a corto plazo, la vacuna puede necesitar ser “más fuerte” que el virus, lo que causaría dificultades en su desarrollo.

Otro estudio de científicos chinos y estadounidenses publicado la semana pasada en el portal médico medRxiv analizó a 23.000 trabajadores sanitarios de los hospitales de Wuhan, el epicentro de la pandemia, directamente expuestos a pacientes. Los expertos estimaban que al menos un cuarto de los mismos estaban infectados de coronavirus, pero solo un 4 por ciento de los 23.000 había desarrollado anticuerpos tras lo análisis realizados. (Con información de EFE)

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