Faltan datos claves sobre la vacuna china

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Los laboratorios Sinovac y Sinopharm fueron de los primeros en el mundo en arrancar con los ensayos clínicos, pero siguen sin publicar los resultados de las pruebas, incluso después de ser aprobada en unos 60 países.

WASHINGTON.- El mes pasado y sin fanfarrias ni aspavientos, Singapur recibió un cargamento de las vacunas Sinovac desde China. Hoy, el lote de dosis sigue ahí, sin usar, almacenado en un galpón. Para su campaña de inmunización contra el coronavirus, la poderosa ciudad-Estado de Singapur decidió ir para adelante con las vacunas de Pfizer y Moderna, y sus funcionarios dicen que Sinovac tiene que suministrar más datos antes de que el gobierno evalúe administrar sus dosis a la población.

El caso pone de relieve las limitaciones de la “diplomacia de vacunas” desplegada por Pekín. La falta de transparencia de China con sus ensayos clínicos ha minado la confianza de la opinión pública, por más que los mandatarios de muchos países, desde Indonesia hasta Sierra Leona, se hayan inoculado con esas vacunas para alentar a la población a hacer lo mismo.

Los laboratorios chinos Sinovac y Sinopharm fueron de los primeros en el mundo en arrancar con los ensayos clínicos el año pasado. Lo que no se entiende es por qué siguen sin publicar los datos de los ensayos, incluso después de que decenas de países han dado luz verde para el uso de emergencia de esas vacunas.

“Es extremadamente irregular”, dice Peter English, experto británico en control de enfermedades transmisibles, en referencia al uso generalizado de esas vacunas antes de la publicación del referato por pares en revistas científicas. “Deja un montón de interrogantes abiertos”.

De hecho, y a pesar de las presiones de Pekín para que los gobiernos extranjeros las usen y tengan un acceso fluido a esas dosis para retomar en breve sus viajes a China, ha habido señales de que las vacunas de Sinovac y Sinopharm son menos efectivas de lo esperado. Esta semana, el distribuidor de Sinopharm en los Emiratos Árabes Unidos dijo que “un pequeño grupo de personas” serán invitadas a recibir “una tercera dosis de la vacuna”, tras haber evidenciado una respuesta insuficiente de anticuerpos con las dos primeras dosis.

Sinopharm, un gigante farmacéutico propiedad del Estado chino, ha informado un 79% de índice de eficacia de su vacuna. Los ensayos de eficacia de la vacuna de la competencia, Sinovac, un laboratorio más pequeño, han arrojado resultados muy variados, desde un 50,4% en Brasil —apenas por encima del 50%, considerado el umbral mínimo para que una vacuna sea utilizable— hasta más del 80% de eficacia en Turquía.

Ni Sinopharm, ni Sinovac, ni los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de China quisieron hacer comentarios para este artículo. Las vacunas chinas ya están sobrevendidas a los países en desarrollo, mientras que las naciones ricas acaparan las más efectivas, fabricadas por Pfizer y Moderna. En el caso de Singapur, el gobierno tiene la ventaja de una pequeña población de 5,7 millones y de tener a mano vacunas más efectivas.

Sin elección
Chong Ja Ian, profesor Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de Singapur, dice que el gobierno no ha rechazado la vacuna Sinovac porque sería una afrenta para Pekín, pero que los entes reguladores tampoco pudieron aprobarla, por falta de datos. “Singapur puede elegir, a diferencia de algunos países que solo recibieron Sinovac”, dice Chong.

Otros países más populosos y con menos opciones han aceptado las vacunas chinas, a veces, no sin dudas de parte de sus mandatarios. Brasil, el país más populoso de América Latina, adoptó la vacuna Sinovac tras las resistencias iniciales de Jair Bolsonaro. El mes pasado, Filipinas aceptó una donación del gobierno chino de vacunas Sinovac, a pesar de que el presidente Rodrigo Duterte dijo que en lo personal preferiría darse una vacuna china diferente.

Los laboratorios suelen difundir los resultados de los ensayos clínicos de fase 3 en publicaciones científicas que los someten al referato de pares, para luego ser evaluadas y aprobadas por los entes reguladores de cada país. Pfizer y Moderna, por ejemplo, publicaron sus resultados en la edición de diciembre de la revista The New England Journal of Medicine.

Sinopharm y Sinovac han informado algunos resultados claves, pero no han publicado los datos que los sostienen en ninguna revista, que se ocuparía de hacerlos cotejar por expertos independientes. Tanto el gobierno como los laboratorios chinos han esquivado mayormente las preguntas sobre la fecha de difusión de esos datos.

En una entrevista publicada este mes en el diario estatal Global Times, Shao Yiming, un experto en vacunas de los CDC de China, aseguró que quienes deben difundir esos datos son los países donde Sinovac y Sinopharm realizaron ensayos, incluido Brasil y los Emiratos árabes Unidos. “La difusión de datos de los ensayos clínicos está en la órbita de decisión de instituciones extranjeras”, dijo Shao. “Esa decisión no está en poder de China”.

Más de 60 países han aprobado alguna de las vacunas chinas para el coronavirus para su comercialización o uso de emergencia, según la Agencia de Cooperación para el Desarrollo Internacional del gobierno de China.

Malasia comenzó a usar la vacuna de Sinovac este mes, después de iniciar su campaña de vacunación con suministros muy limitados de vacunas de Pfizer y AstraZeneca. El ministro de Ciencias, Khairy Jamaluddin, fue el primero en recibir una dosis de la vacuna Sinovac para fomentar la confianza pública. “Quiero que sepan que es segura”, tuiteó Jamaluddin en chino, después de recibir la primera dosis. “Me siento perfecto. Y de pronto, hablo en chino mejor que antes.”

El presidente Xi Jinping aún no se ha vacunado, al menos públicamente. Este mes, Sinopharm informó que más de 5000 altos funcionarios que asistieron a la sesión legislativa anual del país habían sido vacunados.

En Hong Kong, la desconfianza hacia las vacunas aumentó tras registrarse siete muertes de personas vacunadas con Sinovac y otra muerte de una persona inoculada con la de Pfizer, aunque no se haya establecido un vínculo entre esas muertes y las vacunas.

Después de que los grupos prioritarios se mostraran reacios a vacunarse, China amplió su programa de inmunización para incluir a toda persona mayor de 30 años, que puede elegir entre la vacuna de Pfizer o la de Sinovac. Es una situación que Singapur está tratando de evitar, dicen los expertos, ya que podría retrasar la reapertura de las fronteras y de la economía.

English, el experto en vacunas, dice que el objetivo de los laboratorios al publicar los resultados de los ensayos clínicos de manera transparente es generar confianza en la población. Y eso es especialmente crucial durante una pandemia, cuando la indecisión de la gente entre vacunarse o no tiene un precio en vidas humanas. (Imagen: Una enfermera lleva heladeras portátiles con la vacuna desarrollada por Sinopharm contra el coronavirus durante una campaña de vacunación de trabajadores de la salud, en Ate, un distrito de Lima-Ernesto Benavides – AFP // Por Eva Dou-Shibani Mahtani para The Washington Post // Traducción de Jaime Arrambide para La Nación)

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