Ganó el Abierto Británico con su papá de caddie.

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El sueño increíble de la golfista inglesa Georgia Hall de 22 años. Logró lo máximo de su corta carrera con Wayne, su padre, llevándole los palos.

Cuando Nick Faldo ganó el Masters de Augusta en 1996, la alegría de Wayne Hall fue grande. No era para menos. Se trataba del sexto Major del inglés, que se había convertido en el gran representante de su país en los altos estratos del golf. De hecho, sus éxitos en los “grandes” entre finales de los ’80 y mediados de los ’90 fueron los únicos desde que Tony Jacklin ganara el Abierto de los Estados Unidos en 1970.

Como el certamen que otorga al vencedor la tradicional chaqueta verde se jugó en el estado de Georgia, el buen Wayne decidió utilizar esa conexión -el único atisbo de nombre femenino en todo el escenario- y bautizar con ese nombre a su hija.

Veintidós años después, aquella nena hizo historia y se quedó con el Abierto Británico femenino acompañada en cada hoyo por su papá, quien ofició de caddie.

Georgia Hall, con el trofeo de campeona del Abierto Británico. Foto: AFP.

Hasta esta consagración, Georgia no sólo no había ganado ningún Major, sino tampoco un torneo del LPGA de Estados Unidos, donde apenas dos veces había terminado entre las 20 mejores.

La pasión se transmitió inmediatamente. Suena casi inverosímil, pero por qué no creerle a Georgia cuando asegura: “Desde los 9 años sueño con ganar este torneo”.

El talento de esta nacida en Bornemouth dio indicios de que un futuro promisorio la esperaba ya desde sus primeros swings. Supo ganar la versión del Abierto para niñas en 2012 y, un año después, el Abierto juvenil. Con esta conquista que consiguió en el club Royal Lytham & St Annes, se convirtió en la primera mujer que logra ganar el campeonato en las tres variantes por edad.

Wayne Hall levanta a su hija Georgia al ganar el Abierto Británico femenino. Foto: AFP.

Lo hizo, además, con una templanza digna de una golfista con mucho mayor recorrido. Pese a sus buenas vueltas en los días previos, cuando no había cometido un sólo bogey en las dos primeras jornadas y cerró el sábado con 12 golpes bajo el par, Georgia corría de atrás a la tailandesa Pornanong Phatlum.

Estaba dos impactos atrás al final del séptimo hoyo. Sin embargo, en los últimos nueve Hall sacaría a relucir todo el talento que la convirtió en la mejor jugadora europea de 2017: con un sprint estupendo, que le permitió meter tres birdies en cuatro hoyos (del 13 al 16) se robó el liderazgo.

Georgia Hall pega con el putter en el Abierto Británico femenino. Foto: AFP.

Phatlum acusó el golpe y el doble bogey que cometió en el 17 casi sentenció el pleito. El bogey de Georgia en el último hoyo no impediría la consagración. La inglesa saludó respetuosamente a su rival y se fundió en un abrazo con papá, el caddie, que la alzó emocionado.

La conquista familiar fue toda una apuesta de los Hall, que volvieron a las fuentes. Wayne, que alguna vez se probó en el club de fútbol de su ciudad, el AFC Bournemouth, del cual él y su hija son hinchas, solía llevar los palos de Georgia.

Sin embargo, desde que los resultados de la chica le permitieron a partir de este año competir regularmente en el circuito LPGA, quien se hizo cargo de llevar el bolso fue nada menos que su novio, Harry Tyrrell.

Georgia, con papá Wayne, mamá Samantha y Harry, su novio, que también había sido su caddie. Foto: AFP.

Para este Abierto Británico, ya estaba arreglado que papá volvería a acompañar a la nena. Los casi cinco años de camino juntos lo convirtieron en algo especial en su relación y además la dupla había tenido una gran actuación en este mismo torneo en 2017, cuando Georgia terminó tercera.

Hall se convirtió en la cuarta británica en ganar el Abierto y la tercera desde que en 2001 el torneo pasara a formar parte del selecto grupo de “grandes”. La última en conquistarlo había sido la escocesa Catriona Matthew, en 2009.

Casualmente, aquella ocasión también estuvo marcada por una cuestión filial: la campeona se quedó con el torneo pocas semanas después de ser mamá.

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