La vacuna rusa: nada por aquí, nada por allá

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¿Proeza científica o propaganda? Qué esconde la vacuna que anunció Putin.

PARÍS.- “Les quiero contar que la conseguí de contrabando y ya me puse la vacuna rusa contra el Covid-19. No parezco tener ningún efektoskiy sekundarov.” Que el lector se tranquilice, este es solo uno de los miles de memes que circularon por las redes sociales esta semana, inmediatamente después de que el presidente ruso , Vladimir Putin , anunciara que su país acababa de ganar la carrera mundial contra la pandemia, aprobando la primera vacuna contra el nuevo coronavirus .

Moscú la bautizó con el nombre del satélite cuyo lanzamiento en 1957 marcó el comienzo de la carrera espacial, obligando a Occidente a enfrentarse con una inesperada y aterradora laguna tecnológica: Sputnik V. Esta vez, con el anuncio de la primera aprobación reglamentaria mundial, Putin intentó repetir aquel golpe maestro de propaganda.

No obstante, la precipitada autorización local después de solo dos meses de ensayos humanos en pequeña escala, refleja más la expresión de la ambición del líder del Kremlin de volver a alcanzar la influencia internacional de la era soviética que una proeza científica rusa. Esa manifestación de victoria prematura traduce una necesidad inquietante de afirmación, sobre todo en su propio país.

“En el plano científico, este anuncio no tiene ningún fundamento. Es apenas una malísima comunicación política”, afirma el profesor francés Alain Fischer. “Nadie es capaz de fabricar una vacuna con una inmunidad durable en apenas semanas”, precisa ese especialista en inmunología pediátrica del hospital Necker de París y miembro del comité Covid-19 que asesora al gobierno francés.

“Estamos exclusivamente en el registro de la propaganda, no de la ciencia”, ratifica, por su parte, la profesora Odile Launay, responsable del Centro de Investigación Clínica del hospital Cochin de París.

En su carrera por ocupar el primer escalón del podio de salvadores de la humanidad e ignorando las objeciones públicas del organismo que representa a las grandes sociedades farmacológicas y estructuras de investigación en Rusia, Putin dio su luz verde para la producción masiva de la vacuna. Lo hizo aún antes de que la misma entrara en fase 3, ensayo clínico final y obligatorio, que implica a decenas de miles de personas inoculadas. Hoy, el Ministerio de Salud Pública ruso fue más lejos, confirmando que la primera partida de su Sputnik V había sido fabricada.

“Es el triunfo de la propaganda sobre la exigencia de los protocolos científicos, que incluso [el presidente] Donald Trump fue incapaz de lograr”, asegura Fischer.

Esto no es nuevo. Según los especialistas, desde que Putin llegó al poder el régimen ruso elaboró un sofisticado sistema de propaganda que desdibuja las fronteras entre realidad y ficción. Y los medios, controlados por el Kremlin, nutren a los rusos con falsas informaciones y teorías del complot.

Desde hace semanas, la televisión estatal rusa presenta la vacuna como un “éxito descomunal” en la batalla contra el coronavirus. Los noticieros insisten en su efectividad y califican el escepticismo occidental -cuando lo mencionan- de “celos” y “ataques anti-rusos”.

“Esta semana, la aceleración de la propaganda nos hizo pensar en el operativo que promovió el Kremlin a comienzos de 2016 sobre una vacuna rusa contra el Ébola. Sin ninguna prueba, el régimen la presentó como un triunfo de la industria farmacéutica local, ‘muchas veces más efectiva’ que cualquier otra vacuna extranjera”, relata Olga Robinson, del equipo de Monitoreo de la BBC.

Pero la autorización de un regulador nacional no hace ganar la carrera mundial a la vacuna. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), varias vacunas-candidatas están en etapas más avanzadas que las de Rusia, entre ellas la de la universidad de Oxford y AstraZeneca, que también será producida en la Argentina . Contrariamente a Moscú, la mayoría de esos equipos científicos publicaron sus trabajos para probar el avance de sus trabajos.

Por la gloria

Entonces, ¿por qué ese apresuramiento?

“Antes que nada, por la gloria. Aun cuando el anuncio haya suscitado el escepticismo generalizado, la Casa Blanca tuvo que salir a decir a sus ciudadanos que en poco tiempo también habría resultados en casa. Y después, muchos países en desarrollo, escuchan con atención a quien podría compartir su vacuna con ellos”, analiza el especialista Mark Galeotti, del Instituto Universitario Europeo.

Putin pretende asimismo restablecer la reputación de excelencia científica de su país, empañada por años de ausencia de inversión tras el derrumbe de la Unión Soviética y de una dramática fuga de cerebros. Pero, más importante que todo, se trata de hacer buena figura dentro de sus fronteras.

“La precipitación en los laboratorios fue proporcional a la necesidad de afirmación de Putin ante la debilidad de sus niveles de aceptación”, explica Tatiana Jean, directora del Centro Rusia en el Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS).

Esos niveles baten récords de impopularidad, aun después que los electores aprobaron recientemente cambios constitucionales que le permitirán permanecer en el poder hasta 2036.

En la Rusia actual, aún existe un sentimiento de orgullo en torno a los éxitos soviéticos pasados, como el programa espacial. Pero, sobre todo, la operación de propaganda del Kremlin en torno a la vacuna responde exactamente al modelo utilizado y perfeccionado hace décadas.

“Estamos ante el mismo operativo de realidad virtual que acompañó el anuncio de las súper-armas de Putin en 2018, cuando prometió una tecnología invencible de nueva generación. Se organiza en un contexto de auténtico progreso, pero respondiendo a la necesidad de grandes victorias que puede utilizar el presidente: aun cuando parte de esa tecnología militar o de la prometida vacuna contra el sida o el Ébola, jamás se materializarán”, explica Judy Twigg, profesora en la Universidad de Virginia Commonwealth.

Con la promesa de una vacuna, Putin vuelve a ser el protector del pueblo. Y para que todos lo entiendan, aseguró públicamente que una de sus propias hijas se hizo vacunar. A menos que se trate de un guiño irónico en dirección de Sarah Gilbert, líder del equipo científico de Oxford, cuyos trillizos también recibieron la vacuna ensayada.

En la cumbre de la OTAN de Gales, en 2014, el general Philip Breedlove, entonces comandante supremo de las fuerzas aliadas en Europa, no utilizó pinzas para describir ese tipo de operaciones: “Rusia libra actualmente la guerra de información más asombrosa e intensa que hayamos visto jamás”, advirtió.

Fue poco decir. A juicio de Peter Pomerantsev, investigador de la London School of Economics, “desde entonces, la Rusia de Putin no se conforma con la pequeña desinformación, la falsificación, las mentiras, las filtraciones y el cíbersabotaje que se asocian generalmente a la guerra de la información: también reinventa la realidad, creando alucinaciones de masa, que se transforman después en acción política”. (Por: Luisa Corradini para La Nación)

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