Los precios en Uruguay se disparan para los argentinos.  

Por el precio de dólar.

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MONTEVIDEO.- La última vez que Luciana Attias cruzó el charco y pasó unos días en Buenos Aires, decidió hacer como sus amigas y volver cargada con algunos productos de perfumería. Fue una manera de hacer una prueba y confirmar que, entre la diferencia de precio y las promociones 2×1 de la capital argentina, gastó menos que acá comprando champús y cremas similares.

Como en otros años, y a diferencia de hace sólo seis meses, los vaivenes de la economía argentina hacen que Uruguay empiece a volverse nuevamente caro en comparación con el país vecino. Mientras que la proyección de inflación de este año para Argentina es del 30%, y con una devaluación de entre 30 y 40% en estos últimos tres meses, en Uruguay la inflación del último año es de entre 7 y 8% y el peso uruguayo (UYU) pasó de 28 a 30-31 por dólar.

Si bien no es como en 2012, cuando a partir del cepo cambiario argentino los barcos explotaban de uruguayos que iban hasta Galerías Pacífico a hacer sus compras, cada vez son más los que vuelven de Buenos Aires con vinos (además de la importante diferencia de precio, mayor variedad), objetos para la casa, café y hasta ropa deportiva.

El comentario “está barato” que se escuchaba entre los veraneantes argentinos durante las vacaciones en las playas esteñas y rochenses empieza a sonar de este lado entre los residentes uruguayos que hacen el trayecto inverso.

Este panorama es un mal presagio de que el éxito del último verano se repita en la próxima temporada, en particular entre la clase media que elige playas aledañas a las de Punta del Este. No sólo por los precios uruguayos, sino también porque la recesión argentina impide tener certezas sobre cuánto costará el dólar cuando concreten el viaje programado.

Francisco, 30 años, se mudó por trabajo a Montevideo en 2015: “Fui al supermercado a comprar un litro de leche de almendra y estaba a 240 UYU (228 ARS). Opté por una de arroz, a 150, para probar. Es un disparate gastar esa guita en leche. En Buenos Aires encontré la de almendra a 90 ARS y en botella de vidrio”, cuenta este argentino. Dice que los precios son un tema de conversación entre sus amigos, mayoritariamente compatriotas, y que justo el otro día se preguntaron qué pasará en el verano.

Según la Encuesta Mundial de Costo de Vida publicada por The Economist Intelligence Unit, y que compara el precio de más de 150 artículos en 133 ciudades de todo el mundo teniendo como referencia el valor del dólar, Montevideo (62) es la ciudad más cara de América Latina después de Ciudad de México (59), y está ubicada 15 posiciones antes que Buenos Aires (77).

Gastos
Aquí una familia tipo con dos hijos gasta en promedio 6000 UYU (5710 ARS) semanales para llenar el changuito. El alquiler de un dos ambientes cerca de la rambla ronda los 1.000 dólares (60 metros cuadrados), el viaje en colectivo asciende a 33 UYU (31 ARS), y las entradas al cine y al teatro se consiguen por 350 (333 ARS) y a partir de 400 (380 ARS) respectivamente.

Los peajes -dos de Montevideo a Punta del Este y tres hasta Rocha- valen 95 UYU cada uno (90 ARS), el tanque de nafta se llena con 2100 pesos (2000 ARS) y la bajada de bandera de los taxis es de 42 pesos uruguayos (39,90 ARS). Comer afuera, sin excesos, en promedio 1000 pesos (952 ARS) por persona.

“Cuando llegamos, hace un año, no había tanta diferencia, y hasta me parecía que Uruguay era un poquito más barato. En el verano, con la llegada masiva de argentinos, eso se notó. Y ahora pareciera estar volviendo a lo que fue siempre. Este es un país súper estable, los uruguayos están acostumbrados y acomodan sus hábitos a esa realidad. Lo que varía es Argentina y, dependiendo de cómo está el país, nos queda caro o barato”, observa Luciana, que desembarcó en esta ciudad por el trabajo de su marido y con dos hijas de 4 y 7 años.

Montevideo no es una capital de consumo. El uruguayo no suele hacer grandes gastos, es discreto y, lejos de competir, mira con recelo a quienes llegan con aires de grandeza. Los shoppings están llenos pero no porque los comercios vendan: pasear por un centro comercial es el programa de muchos durante el fin de semana.

Poco consumo
“No es una ciudad en donde se consuma mucho. No hay plata en la calle. Hasta ofrecen préstamos a tasa 0 de interés en dólares para incentivar la compra de un auto. El uruguayo está resignado, pero el que viene de afuera no lo puede creer. En Buenos Aires tenes un solo tipo de arvejas y acá la calidad es mejor pero, si queres comer sano, te compras 6 cosas y se te fueron 50 dólares”, dice Francisco.

Tampoco hay dónde gastar el dinero. A diferencia de la sensación de los argentinos que vienen de paseo, aquí no hay tanta variedad de productos gastronómicos: los que aquí viven rápidamente se conocen de memoria toda la oferta dado que lo importado es lo mismo en todas las góndolas, desde pequeñas tiendas orgánicas a grandes supermercados. Y en objetos de cocina y decoración, salvo algunas tiendas con precios muy elevados, mucho viene de China. Lo mejor suelen ser las creaciones de industria uruguaya, aunque crecen muy de a poco por la idea de que aquí “no hay mercado”.

Según el último informe del Sistema de Información de Precios al Consumidor (enero 2018), una comparación de las principales cadenas de supermercados en Montevideo y en los balnearios del Este (Disco, Devoto, Devoto Express y Tienda Inglesa) mostró que se cobran precios más altos en Punta del Este, en Atlántida y en Piriápolis durante el verano.

En la primera quincena de enero, detalla el documento, las cadenas imponen en promedio precios 11,77% más caros en Punta del Este respecto a Montevideo y alrededor de 4% más elevados en Atlántida, lo que implicaría que este comportamiento responde a la demanda derivada del turismo.

Los uruguayos que veranean en el Este tienen la costumbre de llenar el auto en Montevideo por la comodidad de llegar a casa ya abastecidos y también porque saben que en los balnearios estará todo más caro. La medida es limitada: según el informe, los sobreprecios comienzan a notarse ya en las primeras quincenas de noviembre y diciembre. (Por Nathalie Kantt para La Nación)

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