Siguen los acampes y las protestas en CABA.

Es un problema para Mauricio Macri pero también, para Alberto Fernández.

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Los piqueteros más duros (Polo Obrero y Barrios de Pie) se muestran como opción de fuego y de poder actual pero también, ante un eventual gobierno peronista.

Alberto Fernández disimuló su “incomodidad” con el estilo Grabois de protestas piqueteras y elogió en público al díscolo dirigente de la CTEP, la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular.

Lo hizo desde Tucumán, en el cierre de un miércoles casi de fiesta para el candidato presidencial peronista, tras cerrar la jornada con una cena donde sentó a gobernadores de su signo político con la CGT y a la UIA (Unión Industrial Argentina), fotografía que ilustra su deseo de conformar acuerdos que le permitan arrancar derecho en su eventual gobierno, de triunfar en la elección presidencial del próximo 27 de octubre.

Pero las imágenes de un Obelisco rodeado y un Ministerio de Desarrollo Social prácticamente aislado por un acampe piquetero, llegaron hasta los teléfonos celulares de la comitiva de Fernández, quienes vieron desde el norte argentino una protesta dura protagonizada por el Polo Obrero y la disidencia de Barrios de Pie, conducidos por la férrea Silvia Saravia.

Tanto en el team tucumano como en la sede porteña albertista (denominada “México”) vieron que esa protesta de los “duros” era un mensaje más al “por venir” que a la gestión actual de Mauricio Macri y de la ministra Carolina Stanley, a quienes se les endilga mantener vigentes un esquema de planes sociales más amplio que el del kirchnerismo, chicana tomada hasta por la propia Cristina Fernández, quien en una presentación de su libro “Sinceramente” chicaneó al macrismo por tener “más plan sociales que antes con los ‘choriplaneros’”.

Resulta así, la presentación de los “piqueteros duros” como una opción de poder y con poder de fuego ante el que, estiman, será el próximo gobierno y manteniéndose ajenos al control de cualquier tipo de “pacto social” o acuerdo que apunte a “evitar estar en la calle”, como pidió el postulante Fernández desde la norteña Tucumán.

Juan Grabois primereó con sus protestas pero esta semana, entendió el mensaje que le llegó -en tono político- desde “México” y desde el Instituto Patria, búnker K. Por eso, se llamó a silencio, se despegó como pudo de una protesta en elegantes shoppings porteños y empezó a planear en serio tomarse un breve exilio, con Brasil, Dinamarca o Italia, como destinos posibles de una descompresión política con la dirigencia máxima del “Frente de Todos”.

Ahora, los peronistas que ya se ven gobernando en el país desde diciembre próximo, analizan que la 9 de Julio cortada y el sitio sobre el ministerio que supo ser de Eva Perón (en Avenida Belgrano y 9 de Julio) puede ser una postal no deseada, generada por el brazo piquetero del Partido Obrero y por un sector de Barrios de Pie, que se alejó de la conducción de Daniel Menéndez quien, con su aliada Victoria Donda, dividió la fuerza “Libres del Sur” y se pasó a la lista del peronismo unido.

En tanto, en el Gobierno nacional ya desdeñan el problema de los cortes como un asunto propio: “Por nosotros, que corten dos meses más. No les vamos a dar un solo plan más. Ya es un tema de la futura gestión”, dijo en estricto off un funcionario a quien tiempo atrás, lo dejaba sin sueño la imagen televisiva de un corte furibundo en el centro porteño.

“Eso sí: que no le corten el Metrobús al Pelado”, ironizaba el mismo hombre al ver el esfuerzo de la Policía de la Ciudad con garantizar la circulación de los colectivos por la mayor arteria porteña, preocupación del jefe de Gobierno o alcalde local Horacio Rodríguez Larreta.

Pero donde no hay grieta entre el albertismo y el funcionariado macrista es en catalogar estos cortes y acampes del piqueterismo duro como “una extorsión” de sectores que pretenden lograr beneficios con un corte de  vitales arterias porteñas por el lapso de 48 horas. (Por Pablo de León para Clarín // Fotos: Acampe en la 9 de julio, de madrugada. Foto Marcelo Carroll)

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