California: Incendios dejan 44 cadáveres y más de 200 desaparecidos.

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El incendio al norte de Sacramento ya es el más destructivo e iguala el récord histórico de víctimas. Los bomberos luchan para salvar mansiones en Malibú, donde se han hallado dos cadáveres.

El incendio que arrasó el viernes y el sábado la localidad de Paradise, en el norte de California, va camino de ser el más mortal de la historia del Estado desde que hay registros. El llamado Camp Fire ha destruido 6.700 estructuras, la mayoría de ellas casas. En la búsqueda entre los escombros fueron hallados este domingo seis cadáveres más, lo que eleva la cifra total a 44. Es el mismo número que el incendio más mortal hasta ahora, que se produjo en 1933. La búsqueda no ha terminado.

El fuego ha arrasado ya 45.000 hectáreas y ha destruido 6.700 construcciones, la gran mayoría viviendas. La ciudad de Paradise (26.000 habitantes) ha quedado arrasada. El lunes por la mañana, más de 200 personas seguían siendo buscadas por sus familiares y constaban como desaparecidas. Decenas de miles de personas permanecen bajo orden de evacuación obligatoria. El Camp Fire es el incendio más destructivo de la historia de California.

Estragos de las llamas en Westlake Village. (EFE)

El lunes por la mañana, las últimas cifras de los bomberos indicaban que está controlado en un 25% después de cuatro días ardiendo. Las labores se realizaban en medio de un pesimismo general porque el principal factor causante de estos incendios, los vientos fuertes y secos del desierto, se reavivaron el domingo y pueden durar hasta el martes. Estos vientos son un fenómeno natural habitual en octubre y noviembre en California. Se llaman vientos de Santa Ana en el sur y vientos del diablo en el norte. Secan todo a su paso y hacen que las pavesas vuelen kilómetros y expandan el fuego a toda velocidad. De los muertos en Paradise, cinco fueron hallados calcinados en sus coches.

La cifra total de muertos atribuibles a los incendios se sitúa ya en 31 personas, 29 de ellas por el Camp Fire. Las autoridades confirmaron el domingo que dos cadáveres hallados en un cañón del oeste de Los Ángeles son víctimas del llamado Woolsey Fire, el incendio que consume las montañas de Santa Mónica y ha obligado a evacuar por completo algunos de los pueblos más privilegiados de Estados Unidos, como Malibú y Calabasas. Los cadáveres fueron hallados calcinados dentro de un coche atrapado por las llamas en una pintoresca carretera de la costa.

Los vientos dieron un respiro el sábado, que permitió a los equipos de emergencia rociar con retardante zonas clave del perímetro del incendio en previsión de que las condiciones iban a empeorar en cuestión de horas. Así fue. El viento volvió el domingo y el lunes se esperaban rachas de 100 kilómetros por hora. El fuego había consumido hasta el lunes 36.000 hectáreas de montañas y cañones llenas de mansiones y ranchos.

Al menos 370 casas han sido destruidas. Es una estimación preliminar porque los bomberos no han podido aún acceder a algunas zonas. El fuego solo está controlado en un 20% y los fuertes vientos hacen que la prioridad absoluta sea contener su expansión y salvar vidas, por lo que ningún residente de la zona ha podido aún volver a sus casas. Los bomberos advirtieron el domingo de que estas no son condiciones habituales de un incendio. Puede cambiar en cualquier momento. Se calcula que 5.700 casas están amenazadas por el Woolsey Fire, entre ellas las mansiones de muchos famosos del mundo del espectáculo. El viernes, el fuego destruyó un rancho que sirve de escenario para películas del oeste desde 1927 y recientemente fue utilizado para la serie Westworld. En los lugares donde han podido acceder las televisiones locales se ven mansiones ardiendo una detrás de otra a toda velocidad. Los residentes de esas zonas llevan cuatro días de angustiosa incertidumbre sobre el daño real que ha hecho el fuego en esas montañas.

Hogares destruidos en Edgewood Lane, Paradise. (AP)

Desde finales de 2017, California se ha dado cuenta de que los incendios se han hecho cada vez mayores y más destructivos. Los fuegos baten récords en pocos meses. El gobernador del Estado, Jerry Brown, llamó a esta situación “la nueva normalidad” el pasado diciembre. El domingo quiso matizarse y dijo que era “la nueva anormalidad”, que atribuye a que las temporadas de calor son cada vez más calurosas y los vientos de otoño cada vez más fuertes.

El consenso científico es que California está sufriendo las consecuencias del cambio climático pero más a largo plazo. Estos fuegos se producen después de que hubiera cinco años de grave sequía, seguidos por un año muy húmedo, que dejaron el campo lleno de combustible de matorral, además de miles de árboles muertos. El campo de California es una pira lista para arder en cualquier momento, a lo que se suma la sequedad extrema e inusual, más la actividad humana en zonas rurales, donde las urbanizaciones se extienden por la naturaleza e incrementan el riesgo de ignición por accidente. (Por PABLO XIMÉNEZ DE SANDOVAL para El País)

El presidente Donald Trump aprobó en las últimas horas la declaración de “desastre de especial gravedad”, así California recibe ayuda más rápidamente “para aliviar algo del increíble sufrimiento”.

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