COVID-19: El modelo de Nueva Zelanda.

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No solo está aplanando la curva, la está aplastando.

HAVELOCK NORTE, Nueva Zelanda.- Hace menos de dos semanas que Nueva Zelanda impuso restricciones tan fuertes por el avance del coronavirus que no se puede ir a la playa a nadar ni salir a cazar en medio del bosque . Para empezar, porque no son actividades esenciales, y además porque en caso de un accidente, pueden requerir el desvió de recursos de emergencia actualmente destinados a contener la pandemia.

Si quiere salir a caminar o andar en bicicleta, la gente lo hace estrictamente en su vecindario. Todos mantienen la distancia de rigor de dos metros entre persona y persona en las filas de los negocios, mientras esperan para entrar de a uno, y los neozelandeses ya se sumaron a los millones de personas de todo el mundo que están descubriendo los caprichos y delicias de la escolarización en el hogar.

Aquí, en Nueva Zelanda , tardaron apenas 10 días en verse las primeras señales de que el abordaje de “eliminar” en virus , en vez del objetivo de “contenerlo”, como en Estados Unidos y otros países occidentales, estaba funcionando.

El número de casos diminuyó durante dos días consecutivos, a pesar de un gran aumento de los testeos: hoy se reportaron 54 casos confirmados o probables . Eso significa que las 65 personas que ya se recuperaron de la enfermedad en Nueva Zelanda exceden el número de nuevos infectados que se registran diariamente. “Las señales son prometedoras”, estimó Ashley Bloomfield, directora nacional de salud.

La rapidez de los resultados ya hace que muchos pidan un relajamiento de las restricciones, aunque sea leve, durante Semana Santa, especialmente porque el verano parece alargarse. Pero la primera ministra Jacinda Ardern insiste inflexiblemente que Nueva Zelanda debe completar las cuatro semanas de cuarentena -dos ciclos completos de los 14 días de incubación del virus- antes de flexibilizar las restricciones.

¿Como hizo Nueva Zelanda para controlar el brote tan rápidamente? Hace un mes, cuando llegué a este país desde China, epicentro de la pandemia, vía Corea del Sur, otro punto candente de la infección, me sorprendió que nadie me tomara la temperatura en el aeropuerto . Simplemente me dijeron que me quedara en autoaislamiento durante 14 días , y lo hice.

Pero mientras el coronavirus arrasaba en Italia y se esparcía ferozmente por Estados Unidos, este país fuertemente dependiente del turismo -recibe unos 4 millones de turistas extranjeros al año, casi tantos como su población total-, hizo lo hasta entonces impensable: el 19 de marzo, cerró por completo sus fronteras al ingreso de extranjeros .

Dos días después, Ardern dio un mensaje al país por televisión desde su oficina -la primera vez que ocurre algo así desde 1982-, para anunciar que el plan de respuesta al coronavirus tenía cuatro etapas , donde el Nivel 4 era la cuarentena total.

Al día siguiente, un grupo de influyentes dirigentes nacionales la llamó para pedirle que impusiera de inmediato el Nivel 4 . “Estamos sumamente preocupados por lo que ocurre en Italia y España”, le dijo Stephen Tindall, fundador de Warehouse, la cadena minorista más grande de Nueva Zelanda. “Si no cerrábamos el país de inmediato, el sufrimiento se iba a prolongar mucho más tiempo” , expresó Tindall. “De todos modos, cerrar iba a ser inevitable, así que mejor que fuese de golpe y breve”.

Desde aquel miércoles por la noche, todo el mundo se tuvo que quedar en su casa durante cuatro semanas , a menos que cumpliera tareas esenciales, como los profesionales de la salud. Solo se podía salir para ir al supermercado o para ejercitarse en las inmediaciones del hogar.

Cada noche, alrededor de las 10, llegaba una alerta a mi celular que decía: “Haga como si tuviera Covid-19, y así salvará vidas. Todos unidos contra el Covid-19”. Ardern y su equipo de gobierno hablaron con palabras simples desde el primer momento. El mensaje era claro: Quedate en casa . No tengas contacto con nadie fuera de la “burbuja” de su hogar. Sé responsable. Estamos juntos en esta.

Por supuesto que hubo críticas y también actitudes rebeldes. La policía tuvo que sacar a los surfistas del agua. Y el ministro de salud fue atrapado -y públicamente fustigado por Ardern, que aseguró que lo habría despedido de no ser porque era mal momento- por hacer ciclismo de montaña y llevar a su familia a la playa.

Pero el sentimiento de objetivo colectivo estuvo presente . Y la línea de teléfono de la policía para las “no emergencias” quedó desbordada de personas que llamaban para “botonear” a quienes rompían la cuarentena. La respuesta de todos fue notablemente apolítica . El derechista Partido Nacional tomó la clara decisión de no criticar la respuesta del gobierno, y en los hechos, de ayudarlo.

Todos esos esfuerzos parecen estar dando frutos. Tras un pico de 89 nuevos casos el 2 de abril, el número diario de infectados bajo a 67 el lunes y a 54 el martes . La inmensa mayoría de esos casos está conectada con viajes internacionales, lo que permite trazar la cadena de contagios con relativa facilidad y hacer un seguimiento de los otros posibles infectados.

Como hay pocas evidencias de transmisión intracomunitaria del virus, los enfermos no están desbordando el sistema de salud . Y tuvieron una sola víctima fatal, una mujer anciana con problemas prexistentes.

La incipiente desaceleración representa “un triunfo de la ciencia y del liderazgo”, expresó Michael Baker, profesor de salud pública de la Universidad de Otago y uno de los máximos epidemiólogos neozelandeses. Baker abogó desde un primer momento por adoptar el enfoque de “eliminación” del virus y, según él, “Jacinda Ardern encaró esto con decisión y enfrentó la amenaza sin titubeos”.

“Algunos países optaron por el gradualismo, pero nuestro enfoque fue diametralmente opuesto”, indicó Baker. Mientras que otros países intentaron ralentizar el avance de la enfermedad y aplanar la curva, Nueva Zelanda directamente intentó eliminarla .

Pero Nueva Zelanda es una isla pequeña con fronteras fáciles de cerrar. También ayuda que el país parezca más bien un pueblito donde todos se conocen y los mensajes viajan rápido. Entonces, ¿cuál es el próximo desafío? Baker señaló que Nueva Zelanda no podrá volver a permitir el libre ingreso al país hasta que el virus deje de circular por el mundo o hasta la invención de una vacuna. Pero los controles fronterizos podrán empezar a flexibilizarse , así como las restricciones internas a la vida cotidiana de los neozelandeses, que podrá volver a ser “casi” normal.

Ardern dijo que su gobierno está considerando imponer una cuarentena obligatoria para todos los neozelandeses que vuelvan al país después del bloqueo. “No quiero filtraciones en nuestras fronteras” , expresó. Y agregó: “Creo que en ese aspecto todavía podemos mejorar.” (La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern Fuente: AP // Texto: Anna Fifield // The Washington Post, Traducción de Jaime Arrambide).

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