España vuelve al trabajo, pero con restricciones.

Los médicos españoles frente a un nuevo reto.

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Gines/Sevilla/12-04-2020: El alcalde de la localidad sevillana de Gines, Romualdo Garrido (2i), da indicaciones a varios voluntarios, de los 37 participantes, para el reparto de 12.000 mascarillas por toda la población. FOTO: PACO PUENTES/EL PAIS

Lo hace sin romper la seguridad del confinamiento.

Aunque hay voces contrarias a levantar la hibernación, algunos expertos advierten que alargar el parón económico tiene efectos más graves en la salud de los vulnerables.

Los trabajadores de servicios no esenciales, como la construcción o la industria, vuelven este lunes a sus puestos tras dos semanas de hibernación de la economía. El pasado 30 de marzo, el Gobierno endureció el estado de alarma y ordenó el cese de toda la actividad laboral no imprescindible para reducir la movilidad a la propia de un domingo y forzar la bajada de contagios por el coronavirus. Oficinas, albañiles y fábricas, entre otros, pararon. Este lunes, sin embargo, muchos vuelven al trabajo con las reticencias de algunos sanitarios y la oposición de algunos políticos. Cataluña se ha posicionado radicalmente en contra y Madrid expone sus dudas por el riesgo, dicen, de rebrotes. El debate en la comunidad científica busca equilibrar este riesgo con el impacto que tiene, en términos de salud a largo plazo, mantener la actividad económica al mínimo.

El Gobierno decidió reanudar parte de la actividad sin el consenso de sus expertos
La policía repartirá diez millones de mascarillas entre quienes vayan a trabajar en transporte público

El Gobierno insiste en que España no está en fase de desescalada. El confinamiento continúa, pero volviendo a las condiciones decretadas con el primer estado de alarma, el 14 de marzo. Esto significa que la mayor parte de la población sigue en su casa —colegios, bares, restaurantes, equipamientos culturales y centros de ocio permanecen cerrados—, pero se reinicia la actividad económica que paró con el decreto de hibernación. El Ejecutivo de Pedro Sánchez ha acompañado la decisión de reactivar estos sectores con el refuerzo de medidas de protección, como el reparto de 10 millones de mascarillas en el transporte público y la publicación de un protocolo de actuación para una vuelta al trabajo más segura.

Con todo, el debate sobre levantar la hibernación de la economía sigue sobre la mesa. La Generalitat de Cataluña, por ejemplo, considera una “imprudencia” y una “temeridad” relajar el confinamiento. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, sembró dudas sobre la estrategia de Sánchez y pidió que aclare “cuánto, cómo y dónde” se llevará a cabo el reparto de mascarillas anunciado. “Otra ola ahora mismo sería imperdonable”, zanjó.

Los expertos admiten que se juega en el terreno de la “incertidumbre”. “Nadie sabe si prolongar esto cinco días más va a tener un enorme beneficio o si pesará más el impacto económico. Ninguna decisión puede ser fija y radical”, valora Toni Trilla, epidemiólogo y miembro del comité científico que asesora al Gobierno. La gran reducción en la movilidad ya se produjo, de hecho, con el primer estado de alarma, cuando el Gobierno limitó los desplazamientos y ordenó el confinamiento de la población en sus domicilios. “Desde el momento en que se dijo que había que quedarse en casa, la movilidad urbana se redujo un 70%. Con el confinamiento total bajó un 10% adicional. Tampoco pasamos del blanco al negro. Ahora puede haber un 10% más de movilidad otra vez y más contagios, pero el otro 70% tiene que mantener las condiciones de antes y no salir de casa”, agrega Trilla. Coincide el epidemiólogo Joan Ramon Villalbí: “Pasar del confinamiento extremo al confinamiento menos extremo comporta un riesgo, pero modesto”.

Otros expertos, no obstante, tienen dudas. La viróloga del CSIC Margarita del Val calificó de “precipitada” la reanudación de la actividad industrial. Los sindicatos sanitarios tampoco lo ven con buenos ojos. “Seguimos a ciegas. Se va a hacer una desescalada del confinamiento sin saber cuánta gente está afectada ni cuántos asintomáticos hay. Puede haber un brote en cualquier momento”, lamenta María José Campillo, tesorera de la Confederación Española de Sindicatos Médicos (CESM).

Desde el sindicato de enfermería Satse alertan de que la vuelta al trabajo puede generar un repunte de casos que deberán asumir “unos centros congestionados y cuando los profesionales sanitarios no tienen, en muchos casos, la protección necesaria para trabajar”. Desde el sector de las residencias, de los más castigados por la Covid-19, la patronal Aeste teme “un repunte de contagios entre los trabajadores de los centros”, agrega su presidente, Jesús Cubero.

La carga de enfermedad transmisible es inferior respecto a hace dos semanas”
BENITO ALMIRANTE, JEFE DE ENFERMEDADES INFECCIOSAS DE VALL D’HEBRON
El doctor Benito Almirante, jefe de Enfermedades Infecciosas del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, considera sin embargo, que el debate es más político que científico y apunta que, por un lado, la gente está más concienciada con las medidas de protección y, además, “la carga de enfermedad transmisible también es inferior” respecto a hace dos semanas. Esto es, hay menos personas que puedan contagiar el virus. Lo que falta, a su juicio, es conocer de dónde salen los más de 4.000 contagios que sigue habiendo a diario a España. “¿Dónde están? Si son en residencias, el control tiene que ser diferente del confinamiento. Si son contagios intrafamiliares, el confinamiento les perjudica más bien. Y si se dan entre trabajadores esenciales, seguramente no hay manera de evitarlo”, valora.

En cualquier caso, ni los que vuelven este lunes ni la propia vuelta al trabajo serán iguales a dos semanas atrás. La conciencia individual sobre la protección se ha instalado, aseguran los expertos, y los ciudadanos están sensibilizados con las medidas de higiene. “Va a haber una vuelta a la actividad laboral, pero menor que antes y en condiciones más prudentes y restrictivas para reducir contagios”, conviene Trilla. El Gobierno repartirá mascarillas en el transporte público y ha publicado una guía que contempla, además de primar el teletrabajo en los casos en que sea posible y mantener el distanciamiento social, desinfectar los objetos que se hayan usado fuera de casa, como pueden ser las gafas o el móvil. También se exige el uso de mascarilla entre los empleados que trabajen a menos de dos metros y que las empresas hagan salidas y entradas escalonadas para evitar aglomeraciones.

Contención individual
La idea que subyace es afinar más de forma individual las herramientas de contención de la infección. Esforzándose más cada uno. No hay más remedio que probar con prudencia y humildad y entender que, a lo mejor, hay que volver atrás”, sostiene Villalbí. Sin embargo, la portavoz del CESM expone sus dudas sobre la capacidad para mantener el distanciamiento social en los transportes públicos. Cubero teme que se baje la guardia “con la falsa sensación de seguridad que da la mascarilla”.

El impacto económico en la salud de mantener la actividad productiva parada tampoco es un tema menor para algunos expertos. “El confinamiento extremo tiene consecuencias graves. Hay gente que vive al día y después de tanto tiempo parada, no va a tener para comer. Todo esto también tiene consecuencias en la salud a medio plazo y el sufrimiento psicológico dejará secuelas. No se puede minimizar este impacto”, apunta Villalbí. Los expertos avisan de la necesidad de retomar la normalidad en los hospitales. “Estamos llegando a una situación donde hay más mortalidad y morbilidad por cosas que no son coronavirus que por la Covid-19. En algún momento el país tiene que volver a funcionar. La sociedad está en una situación donde los problemas económicos serán más difíciles de solucionar que los médicos por el coronavirus. Me preocupa, por ejemplo, la salud de niños y adolescentes, que no han salido de su casa en un mes”, apunta Almirante.

Mantener o no la hibernación tampoco acabará con el virus, insisten los científicos consultados. “Aunque estemos más tiempo, la población seguirá siendo susceptible al virus. Cuando se abra, habrá más contagios. Hemos hecho un esfuerzo para parar la oleada, pero la vida sigue. Tenemos pacientes crónicos en sus casas que hay que ver, hospitales que han dejado de operar. Y hay que empezar a mover todo eso”, apostilla Javier Arranz, del grupo de Enfermedades Infecciosas de la Sociedad Española de Medicina de Familia. Cuando se desconoce qué va a pasar, siempre hay riesgo, admite Trilla, pero puede ser un riesgo controlable y revisable: “No hay recetas mágicas”. (Por Jéssica Mouzo para El País).

EL NUEVO RETO ESPAÑOL

Los hospitales españoles de las zonas más afectadas por el coronavirus se preparan para hacer frente a una segunda revolución en apenas un mes. Si la llegada de la epidemia les obligó a convertirse de repente en centros dedicados casi en exclusiva a la Covid-19, el descenso de la presión asistencial por la enfermedad registrado en los últimos días les impulsa ahora a “reconstruirse” con el objetivo de tratar a pacientes de otras patologías que no han sido asistidos en las últimas semanas.

“Hace solo diez días teníamos 1.030 camas dedicadas al virus. Ahora son 550”, detalla Jaime Masjuan, jefe del servicio de Neurología del Ramón y Cajal, de Madrid, que, pese a todo, alerta de que las UCI siguen sobrecargadas. “Pero necesitamos ir recuperando el espacio que quede libre, porque los daños colaterales de la epidemia van a ser importantes. Van a venir pacientes con secuelas porque han sufrido infartos, ictus… y no han venido al hospital ni han recibido la asistencia que requerían”, añade.

Personal sanitario en la entrada de urgencias en el hospital de Alcalá de Henares, este domingo

Personal sanitario en la entrada de urgencias en el hospital de Alcalá de Henares, este domingoFERNANDO VILLAR / EFE

Es “el repliegue”, como lo denomina el jefe de servicio de neumología del Hospital Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares (Madrid), José Miguel Rodríguez. “Es más complejo reorganizar un hospital en estas circunstancias que abrir uno de nuevo. Pero tenemos que hacerlo bien, porque de ello dependerá la salud de muchas personas”, incide.

La situación de todos los grandes centros sanitarios madrileños es similar, según fuentes sanitarias de la región más golpeada por la epidemia. Pero otras comunidades como Cataluña se preparan para el mismo reto, aunque con algunos días de retraso por las distintas velocidades a las que el virus ha golpeado a España.

“Será tan importante continuar dando respuesta a la Covid-19 como reemprender la actividad aplazada en los hospitales”, señala el informe diario que la Generalitat elabora sobre la evolución de la enfermedad, en este caso el correspondiente al sábado. “Para lograrlo, deberán recuperarse espacios imprescindibles, como pueden ser bloques quirúrgicos, hospitales de día o espacios de consultas externas”, prosigue el documento. En este sentido, los hospitales catalanes ultiman “planes para un regreso progresivo a la actividad habitual del sistema”.

Masjuan resume en tres los “grandes retos” a los que ahora se enfrenta el sistema sanitario. El primero es el “arquitectónico”: “Tenemos que volverlo todo a la situación original a medida que se pueda, porque se han ocupado gimnasios, quirófanos y cualquier otro espacio disponible para meter las camas de UCI”.

El segundo es funcional. “Un hospital son más de 40 servicios clínicos y quirúrgicos. Con la llegada del virus, todos tuvimos que unirnos con el único objetivo de parar la epidemia. Ahora deberemos ir desmontando muchos de esos equipos y devolviendo a los profesionales a su servicio de origen”, sigue el jefe de Neurología del Ramón y Cajal. El último punto es el asistencial. “De todo lo que no se ha hecho, había cosas que podían esperar y deberán seguir esperando, pero otras no. Estoy hablando de consultas externas a pacientes de un perfil de riesgo, pruebas diagnósticas, ingresos e intervenciones”, completa.

Entre todos los profesionales consultados reina cierta inquietud por lo que pueda aflorar cuando se retiren las aguas del tsunami vírico. Jefes de servicio de especialidades como cardiología, neurología y nefrología han venido lanzando avisos durante las últimas semanas del notable descenso en la asistencia a casos habitualmente graves.

También preocupan determinadas oncologías y algunas cirugías. “Los compañeros de quirófanos nos están contando que están viendo casos que antes no se veían, porque se atajaban antes. Son urgencias que solo han acudido al hospital en el último momento. Y hay cosas que cuanto más tarde se hagan, peor”, explica Masjuan, quien recuerda que una simple apendicitis no tratada a tiempo puede ser mortal. (Por ORIOL GÜELL para El País)
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