Liz Truss sucederá a Boris Johnson en Reino Unido

Ganó la votación de los tories y será primera ministra.

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La canciller se impuso a Rushi Sunak para convertirse en la nueva líder del Partido Conservador.

Reino Unido ya sabe quién será su nueva primera ministra. La actual canciller Liz Truss, una ex liberal demócrata pro europea, antimonárquica y reciclada como tory y Brexiter, fue elegida por un reducido grupo de conservadores a lo largo de todo el país para reemplazar al renunciante Boris Johnson.

Truss venció en la votación al economista de origen indio y excanciller de las finanzas, Rishi Sunak: sacó 81.326 votos contra 60.399.

El problema es que Sunak era el candidato favorito del partido conservador parlamentario. Liz Truss va a tener dificultades con su propia legislación ante los diputados de su propio partido, en la Cámara de los Comunes.

Rishi Sunak, el candidato derrotado en las elecciones internas del Partido Conservador. Foto: REUTERS

Rishi Sunak, el candidato derrotado en las elecciones internas del Partido Conservador. Foto: REUTERS

Muchos de los actuales ministros de Boris Johnson, como la ministra del interior Priti Patel, serán relegados al fondo de la Cámara de los Comunes, y no será un buen comienzo para Liz.

¿Elecciones después de Navidad?
La crisis es tal que nadie le da un gran periodo de sobrevivencia a Liz, que busca emular a Margaret Thatcher. Los analistas creen que después de Navidad se podría convocar a elecciones generales británicas. El laborismo le lleva amplia ventaja a los conservadores en este escenario.

Pero sigue el contorsionismo electoral entre los tories. Los militantes prefieren que el candidato electoral conservador sea Boris Johnson, que busca rehabilitar su carrera política, tras el escándalo por las fiestas del confinamiento. Los tories no tienen un candidato carismático y los laboristas se preparan para ganar la elección.

Liz Truss y Rishi Sunak llegan para el anuncio de los resultados. Foto: AP

Liz Truss y Rishi Sunak llegan para el anuncio de los resultados. Foto: AP

A las 12.27 ( hora británica) se le informó a Liz Truss en privado que era la ganadora de la competencia por el liderazgo conservador y que se convertía en la próxima primera ministra británica, la tercera mujer en el cargo.

Liz superó por votos a Rishi Sunak, un economista, hijo de inmigrante indios, formando en el colegio de Winchester, en Oxford y Stanford, billonario y casado con una india, con una fortuna de 700 millones de libras esterlinas.

Su rol creció durante la epidemia en el COVID donde transformó al partido conservador en puro keynesianismo, con los indispensables subsidios para que las empresas sobrevivieran la pandemia.

Los parlamentarios, pares y miembros conservadores, reunidos en el Centro Queen Elizabeth II en las cercanías de la Cámara de los Comunes, luego escucharon al presidente del partido, Andrew Stephenson, y al presidente del Comité de 1922, Sir Graham Brady.

Solo 10 minutos después de recibir la noticia, la nueva primer ministra fue anunciada oficialmente al país alrededor de las 12:37 por Sir Graham Brady, el presidente del Comité 1922, máxima autoridad partidaria.

Un método de selección discutible
Un selecto numero de militantes conservadores eligieron al nuevo líder partidario y premier. Los que podían votar debían haberse sumado al partido antes del 3 de junio del 2022. Los elegidos fueron seleccionados y posteados on line. Solo 22.000 militantes votaron, menos del 1 por ciento de la población del país.

Se iba a votar dos veces. Pero luego que el National Cyber Security Centre, que es parte del centro de escucha GCHQ, alertó que había un riesgo de que un estado extranjero podía interferir el proceso, solo votaron una vez y no dos.

El problema es que los militantes conservadores que no votaron prefieren a Boris como candidato y consideran que su partida fue in linchamiento parlamentario. Si hay elecciones, lo quieren como candidato frente a los laboristas.

Muchos diputados tories han repensado la posición de Boris, que quiere defenderse ante el comité parlamentario que lo acusa de mentir al Parlamento por su participación en las fiestas en Downing St durante el confinamiento.

La nueva premier
La nueva primer ministra electa dio un breve discurso de 10 minutos, tras un desafío por el liderazgo duro y sangriento, que dejará sus cicatrices entre unos y otros.

Sin embargo, la nueva primer ministra no asumirá oficialmente el cargo hasta mañana. Tanto ellos como Boris Johnson necesitan viajar a Balmoral en Escocia y encontrarse con la Reina para formalizar la transferencia de poder. Un ejercicio que se realiza por primera vez en el palacio de vacaciones de la reina Isabel porque ella tiene problemas de movilidad.

La agenda será pesada desde el primer día que asuma y su rol no será fácil. Deberá unificar a un partido en guerra civil partidaria. Además de la crisis del costo de vida, las preocupaciones por los precios de la energía y la guerra en Ucrania, la primer interpelación parlamentaria se llevarán a cabo el miércoles y la Asamblea General de la ONU se reunirá a finales de este mes.

El líder Tory, Rishi Sunak, fue fotografiado saliendo de su casa en Londres esta mañana, dos horas antes de que se confirmara el resultado de la carrera para reemplazar a Boris Johnson.

No se sabe cual será su futuro, cuando muchos diputados lo quieren ver como canciller de las finanzas pero Liz ya tiene otra candidato. Es el secretario de comercio Kwasi Kwarteng, un amigo de Boris de Eton.

Encuestas negativas
Las encuestas no son una lectura agradable para Liz Truss. Una encuesta de YouGov, realizada la semana pasada, arroja algo de luz sobre lo que el público piensa de Liz Truss, cuáles creen que deberían ser sus prioridades si se convierte en la nueva primera ministra y cuánta confianza tienen en ella para arreglar el costo de vida.

Ante la pregunta de si creen en Liz Truss como primer ministra el 52 por ciento la considera “terrible”, el 20 por ciento “media” y el 12 por ciento “buena”. Su reputación es juzgada con fiereza. El 65 por ciento cree que “está fuera de contacto con la realidad”, el 38 por ciento la considera “trabajadora”, el 23 por ciento “fuerte” y el 21 por ciento “competente”.

Cuando le preguntaron a los encuestados si podían ser creer las medidas a tomar por el costo de vida, el 36 por ciento respondió que no. El 28 por ciento de los laboristas, el 13 por ciento conservadores y el 4 por ciento liberales demócratas, su partido original, hasta que se reciclara como Tory.

Hasta que el actual primer ministro Boris Johnson vea mañana a la reina y renuncie formalmente, en teoría Boris mantiene todos sus poderes. Pero no puede introducir medidas substanciales ni cambios de dirección, Uno de sus actos finales será entregar honores y nominaciones en la Cámara de los Lores.

La elección general
Cuando un prime ministro renuncia, no hay automáticamente una elección general en Gran Bretaña. En un sistema parlamentario , el partido en el poder puede elegir otro líder y continuar en el gobierno., Pero la próxima elección general debe hacerse antes de enero del 2025.

El problema que enfrenta Liz Truss es que su legislación no pase en sus propios pares y caiga en un voto de confianza. En ese caso van a una elección general.

Cambio de planes políticos
Inicialmente Liz Truss no quería escuchar hablar de subsidios ante el costo de la energía ni ninguna medida keynesiana. Su obsesión era bajar los impuestos para calmar a los conservadores, que se asustaron del keynesianismo de Sunak durante la pandemia.

Pero la inflación y el costo de vida están forzando a la nueva primer ministra a cambiar de opinión.

Liz Truss anunciará un amplio paquete de apoyo para hacer frente a los crecientes costos de la energía, mientras sus aliados y funcionarios discuten los planes para congelar los precios del gas y la electricidad con los líderes de la industria.

La canciller actuará rápidamente para establecer una paquete para hacer frente a las crecientes facturas de energía este invierno. Su nuevo proyecto está en la escala del esquema de subsidios del COVID.

A los conservadores principales , que se alinearon para los nombramientos en el gabinete de Truss, se les ha dicho “en términos inequívocos” que no desprecien la idea de que las facturas de energía podrían congelarse.

Fuentes de la industria dijeron que congelar los precios para los consumidores era “la única conversación que alguien tenía con el gobierno”, incluidas las discusiones que involucraban a Kwasi Kwarteng, quien se espera que sea el canciller de las finanzas de Truss.

“El plan es introducir algún tipo de límite de precio artificial para los consumidores , combinado con un mecanismo para reembolsar a los proveedores”, dijo una fuente. “Los planes están bastante avanzados e involucran no solo a los funcionarios públicos, sino también a los ministros que Truss alineó para los puestos de trabajo”.

“El nivel del tope de precios no se ha establecido y las empresas, en particular la hotelería y el comercio minorista, necesitarían un apoyo por separado”, agregó la fuente.

Una figura importante del gobierno dijo que la escala del paquete que se está analizando “al menos” estaría en la región del costo de 69 mil millones de libras del plan del COVID y “podría ser más”. “A nadie se le ocurrió ninguna opción para hacerlo por menos”, dijo la fuente.

La propia Truss no negó ayer que el costo total del paquete podría llegar a los 100.000 millones de libras esterlinas. Ella se negó a detallar sus planes. Pero se negó cuidadosamente a descartar la congelación de las facturas.

“Entiendo que este es un gran problema. Y entiendo que la gente está preocupada y quiero asegurarles que estoy absolutamente decidido a resolver este problema” dijo Truss.

Truss dijo el domingo que establecería un “consejo de asesores económicos” para ayudar a enfrentar la crisis. Se dice que Gerard Lyons, un economista que asesoró a Boris Johnson como alcalde de Londres y cercano a la campaña de Truss, está en línea para un lugar en el panel, y respaldó la idea de limitar el precio del gas al por mayor.

(Imagen principal: Liz Truss tiene una tarea titánica por delante. Foto: AFP // Por María Laura Avignolo para Clarín)

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