OPS: La peor crisis educativa de la región por la pandemia

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Así lo sostuvo la directora Carissa Etienne; el organismo advirtió que empieza a aumentar la proporción de chicos en las hospitalizaciones y, en algunos casos, la mortalidad.

La directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Carissa Etienne, sostuvo que el avance de Covid-19 en la región desencadenó la mayor catástrofe educativa en América conocida hasta el momento.

Durante una conferencia de prensa, en la que participó LA NACIÓN, la funcionaria, junto con su equipo se refirió así a uno de los principales efectos adversos colaterales, además de las complicaciones asociadas con el acceso a servicios fundamentales de salud, como la vacunación o los controles pediátricos y el impacto mental y emocional asociado con la aparición del virus SARS-CoV-2.

“Los expertos están de acuerdo en que la pandemia provocó la peor crisis educativa que hayamos visto en esta región”, enfatizó la directora.

“Nuestros niños perdieron más días de clases que los de cualquier otra región –continuó Etienne–. Y a pesar de los esfuerzos hechos para aprovechar mejor las aulas virtuales, nunca podrán sustituir la presencialidad porque las escuelas no son solo lugares donde los niños reciben una educación, sino que también es donde ellos socializan y pueden recibir apoyo para su salud mental o una comida nutritiva.”

Cada día que pasa sin que los chicos tengan clases presenciales, sostuvo, “mayor es la probabilidad de deserción y, en los más vulnerables, mayor es el riesgo de abandono y que nunca regresen a la escuela. Para algunos, en especial nuestras niñas, eso puede tener consecuencias prolongadas.”

Mayor esfuerzo
El año pasado, los países de la región notificaron 1,5 millones de casos de Covid-19 en chicos y adolescentes. En lo que va de 2021, esa cifra alcanza los 1,9 millones. Mientras avanza la vacunación en los mayores de 18 y arranca la inmunización en los adolescentes con vacunas autorizadas, desde la OPS señalan que empieza a aumentar la proporción de menores en las hospitalizaciones y, en algunos casos, la mortalidad.

“Tenemos que ser claros: los niños y los jóvenes también enfrentan un nivel de riesgo significativo de contraer Covid-19”, dijo Etienne, que enseguida agregó: “Los países deben hacer todo lo que esté a su alcance para reabrir las escuelas de manera segura. No hay un escenario de riesgo cero, de modo que las autoridades nacionales y locales deben decidir cuándo es el momento de abrir y cerrar escuelas, de acuerdo con la situación epidemiológica local y la capacidad de respuesta” a cualquier contingencia.

De hecho, la OPS elaboró una guía con medidas para esas reaperturas, con condiciones de ventilación y lineamientos sanitarios básicos, como contar con los elementos necesarios para el lavado o la higiene de manos.

“A medida que estén disponibles las vacunas, los docentes y el personal educativo deberían tener acceso prioritario, porque los adultos son más propensos a llevar el virus a las aulas”, sostuvo la directora de la oficina en América de la Organización Mundial de la Salud.

Ayer se conocieron datos del programa Acompañar del Ministerio de Educación de la Nación. De acuerdo con la información presentada, más de 1.800.000 de alumnos de establecimientos estatales tuvieron problemas para estudiar con la suspensión de las clases presenciales por la pandemia y 450.000 de ellos tienen un vínculo “bajo o nulo” con la escuela desde finales del año pasado. (Por Fabiola Czubaj para La Nación // Imagen: “Nuestros niños perdieron más días de clases que los de cualquier otra región”, señaló Carissa Etienne-Silvana Colombo)

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