Trump quiere que EE.UU. vuelva a pisar la luna.

Aunque sea a cualquier costo.

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El retorno está previsto para 2024. La NASA necesita para eso entre 20.000 y 30.000 millones de dólares extra.

La fiebre por llegar otra vez a la Luna está de alza y las grandes potencias espaciales afinan el monto de sus presupuestos para que un nuevo contingente de astronautas ponga su pie en aquel fino sedimento grisáceo. Desde que la Administración Espacial Nacional China (CNSA) publicó imágenes de la cara oculta, la administración Trump está dispuesta redoblar esfuerzos y fijo una fecha definitiva para un regreso con gloria.

El tan ansiado retorno está previsto para 2024 (55 años después del primer alunizaje), pero podría costarle a los Estados Unidos mucho más de lo que se estipuló. Para cumplir con lo pautado y evitar un retraso de 4 años, la NASA necesita sumar a su presupuesto de los próximos 5 años entre 20.000 y 30.000 millones adicionales, según estimaciones de Jim Bridenstine, administrador de la agencia espacial. Hoy el presupuesto anual de la agencia es de 20.000 millones.

Para demostrar voluntad política, la administración Trump presentó una solicitud de 1.600 millones de dólares adicionales al presupuesto. Estos costos que ya fueron autorizados, no terminan de convencer al Congreso, quien solicitó un plan detallado de cómo se van a gastar para aprobarlos.

Como para multiplicar la presión y demostrar que el tema permanece en agenda, el primer mandatario publicó un tuit diciendo que este proyecto “restauraría la grandeza de la NASA y volverían a la Luna, y posteriormente a Marte”.

Además, en el balance general, la NASA ya excedió los 9,7 millones de dólares que tenía destinados para la construcción del cohete más grande: el Space Launch System (SLS), que conduce a la nave Orión y debe alunizar en 2024. El cohete, que debía estar terminado hace dos años, recién quedará disponible en 2020.

Para recortar gastos, la agencia se asoció con once compañías aeronáuticas privadas, que empezarán a estudiar y producir prototipos de vehículos espaciales tripulados con su programa de exploración lunar Artemisa. Entre los contratistas principales figuran SpaceX, de Elon Musk; Blue Origin, de Jeff Bezos; Boeing – que ayudó a construir el cohete Saturno V y e impulsó el programa Apolo- y Lockheed Martin.

“Para acelerar nuestro retorno a la Luna, estamos desafiando nuestra forma tradicional de hacer las cosas”, dijo en un comunicado Marshall Smith, director de los programas de exploración lunar de la NASA. “Optimizaremos todo desde los procesos de adquisición hasta las asociaciones y desarrollo de hardware y operaciones”.

En esta incursión, los estadounidenses no se limitarán a pasear sobre la superficie lunar y plantar una bandera que jamás logrará flamear, ya que el astro carece de aire y en consecuencia, de un viento que la mueva. La intención es crear una estación espacial y llevar material científico y electrónico de última generación para construir una estación intermedia que sirva de enlace a Marte.

Los planes para la misión Artemisa -en honor de la diosa de la caza, los bosques y hermana de Apolo- están divididos por etapas En la primera habrá ocho lanzamientos de cohetes y se espera poner una mini estación en la órbita lunar para 2024. Artemisa 2 será una misión alrededor de la Luna con astronautas a bordo y se realizará en 2022, pero no alunizará. Mientras que Artemisa 3 colocará en 2024 a los astronautas en la superficie del satélite, entre ellos a la primera mujer.

De momento, solo Estados Unidos, Rusia y China lograron hasta posar un aparato en la Luna. Pero mientras China se consolida como el mayor adversario, Rusia -con poco presupuesto- se conforma con desarrollar un programa de exploración robótica. Europa coopera con el programa lunar ruso y suministra a Estados Unidos el módulo de servicio Orión.

“La Luna es el único destino planetario que podemos ver con nuestros propios ojos y que no es solo un punto luminoso”, subraya David Parker, director de exploración de la Agencia Espacial Europea (ESA). Se refiere al satélite como un “octavo continente de la Tierra”, aunque los terrestres no hayan puesto los pies desde 1972. (Por Marcelo Belucci para Clarín // Foto: Imagen de la pisada del astroauta Edwin Aldrin en el primer alunizaje, en 1969. (AFP)

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