Un niño belga de 8 años ya va a la universidad.

Es un genio que habla tres idiomas y tiene un coeficiente intelectual altísimo.

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Terminó el secundario en Bélgica junto a chicos de 18 y su coeficiente intelectual es de 145, mucho más que la media, que es de 95.

Robert Bobby Fischer fue un niño genio y triunfó en el ajedrez. Pero alguna vez, al analizarse su coeficiente intelectual, científicos llegaron a la conclusión de que habría triunfado en cualquier disciplina a la que se dedicara.

El caso viene a cuento porque ahora otro chico, todavía no tan famoso como aquel, deslumbra al mundo por su inteligencia y por su edad.

Se llama Laurent Simons y es un nene de apenas 8 años que vive en Bélgica y, pese a su corta edad, ingresará a la Universidad tras haber recibido el diploma de la escuela secundaria.

De hecho, cuando esto ocurrió, también marcó las diferencias. Es que al recoger su diploma entre el grupo de jóvenes de 18 años con los que compartió las aulas, su estatura pronto lo dejó en evidencia. El pequeño Laurent tenía 10 años menos que sus compañeros.

El chico tiene un coeficiente intelectual de 145, algo que seguramente ayudó a que terminara sus estudios en tiempo récord, según explicaron sus padres, que también dijeron que su materia preferida es matemáticas porque, según él mismo dice, “es muy amplia, hay estadísticas, geometría, álgebra…”.

Su padre contó que Laurent tuvo algún problema al relacionarse con el resto de los compañeros en su infancia, debido a que no le interesaban mucho los juguetes, y al mismo tiempo aseguró que la decisión de comenzar con su carrera universitaria no es una preocupación para la familia. “Si decide mañana convertirse en carpintero, eso no sería un problema para nosotros, siempre y cuando sea feliz”, afirmó.

En Bélgica los estudios de secundaria tardan unos 6 años en completarse. Sin embargo Laurent lo consiguió en un año y medio y ahora entrará a la Universidad.

Laurent Simons, nacido en la ciudad belga de Ostende pero residente en Amsterdam, ha llamado la atención en su país de origen por su inusual precocidad, luego de conocerse que había superado sus estudios de Bachillerato diez años antes de lo que marca el plan de estudios.

El descubrimiento mediático fue sin embargo anterior. En la plataforma YouTube pueden encontrarse videos de Simons en clase con seis años, acompañado de estudiantes mucho mayores, aunque ahora, con una media sonrisa, dice que se aburría cuando estaba en la clase.

De padre belga y madre holandesa, el avanzado laberinto mental de Simons no ha sido siempre una ventaja. Sobre todo cuando se trataba de socializar. Sus progenitores cuentan que le costaba relacionarse con sus compañeros de colegio, y cuando todos se entretenían con juguetes, él se limitaba a mirar. Si le daban alguno para divertirse, no sabía qué hacer con él. La misma distancia lo separaba del resto cuando el escenario era el aula y el material el conocimiento. “A veces mis compañeros tardaban demasiado en responder, así que yo contestaba en su lugar”, respondió en un reportaje que le concedió a la televisión belga.

Su prodigiosa capacidad de aprendizaje se ha manifestado de múltiples formas. A los seis años leyó la saga completa de Harry Potter. Y además del holandés, su lengua materna, también maneja el francés y el alemán. Su asignatura favorita está sin embargo hecha de números. “Me encantan las matemáticas porque son muy amplias. Hay estadística, álgebra, geometría…”, relata.

Finalizado el curso académico, Laurens analizará durante las próximas vacaciones junto a sus padres cuál será el próximo paso en su meteórica ascensión. Entre sus posibles dedicaciones futuras menciona profesiones tan dispares como la de cirujano o astronauta. Eso sí, sin ningún tipo de presiones de sus padres. “Lo que él decida y lo que más feliz lo haga, astronauta o carpintero, no lo presionamos para nada”, dicen.

El de Laurent Simons no es, con todo, un caso único. Y tampoco hay que recorrer tantos kilómetros para encontrar uno parecido. Está el caso de Tomás Fernández, el chico de Berisso que en 2015, a los 13 años, comenzó a estudiar en la facultad de Ciencias Exactas de la UNLP el profesorado de matemáticas.

Hoy Tomás ya tiene 16 años, continúa siendo alumno regular de la facultad de Exactas, y está cursando materias de segundo y tercer año.

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