Lázaro Báez insiste en que “no hablará”

Pide “unidad” a sus hijos.

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El empresario K se reunió con su segundo hijo, Leandro, y le solicitó que se junte con sus hermanos y su madre para hacer una defensa en común.

La casa tiene tres habitaciones, un living amplio, la cocina, dos baños, un parque con piscina. Sostiene que el lugar le gusta, que está cómodo allí, aunque extraña el sur. Tiene una tobillera electrónica colocada y pese a no estar en la cárcel, se sigue sintiendo preso. Lo está, pero por ahora pese a haber sido condenado a doce años por lavado de dinero, no regresará al penal donde estuvo más de cuatro años y medio.

Lázaro Báez tiene una preocupación latente: la situación emocional de su hijo Martín, detenido en Ezeiza hace dos años, y la condena que recae sobre todos sus herederos. Ordenó que las defensas trabajen conjuntamente, “ya no le importa la cantidad de años que le quedan por delante afrontando procesos judiciales, ahora quiere salvar a sus hijos”. El silencio fue su estrategia, y por ahora, lo seguirá siendo.

Desde hace un tiempo, Lázaro Báez está acompañado por su novia mientras cumple el arresto domiciliario. En una propiedad prestada en el Gran Buenos Aires, permanece. Es otra suerte de prisión, pero ya no está dentro de un penitenciario a diferencia del mayor de sus hijos varones, Martín. Con una condena de doce años de prisión, por haber lavado 60 millones de dólares, permanece quien supo ser el socio comercial de Cristina Kirchner durante más de una década. Los unieron, determinó la justicia 28 vínculos comerciales.

“Cristina no aprende más”, suele reiterar Báez. Su planteo tiene una segunda parte: “No aprendió de Néstor cómo resolver las cosas de la política”. En estos días, recluido en ese domicilio prestado, pese a haber adquirido 1.412 bienes en ocho provincias diferentes, sus planteos referidos a la vicepresidenta, no se alejan de algo ya sostenido. “Ella nunca me quiso”, y su hijo Leandro el único de la familia decidido a hablar, amplía el concepto: “Está claro que le soltaron la mano, hicieron un intercambio de figuritas y lo dejaron a él como emblema de la corrupción y se olvidaron de los funcionarios”, dijo a Clarín.

Lázaro Báez mantiene la calma, es estoico de carácter, la condena por lavado de dinero no lo quebró. Esperaba la acusación, pero admite a su círculo más íntimo que le sorprendió la pena máxima otorgada. Sin embargo, su punto débil son sus hijos. Leída la sentencia a cargo del Tribunal Oral Federal 4 (TOF 4), el empresario K se comunicó por teléfono con el mayor de sus hijos varones, Martín, que permanece preso en Ezeiza hace dos años. A él lo sentenciaron a nueve años de cárcel.

Su mayor preocupación es su hijo, su estado emocional. Cuando dijo sus palabras finales ante el TOF 4, Martín Báez dijo que su vida estaba destrozada, habló de una condena social y volvió a pedir que lo absuelvan. Esto último no ocurrió, todo lo contrario, le dieron la segunda pena más alta por lavado de dinero.

Siempre más dependiente de las decisiones de su padre, más cauto para hablar, Martín Báez es la mayor preocupación de Lázaro. Sigue preso, y todo indica que permanecerá en ese estado por mucho tiempo más. Las llamadas telefónicas desde la casa donde cumple el arresto domiciliario hacia el Penal donde estuvo durante cuatro años y medio, son diarias. Busca acompañar a su hijo Martín que cumplió años el 9 de febrero, dos días antes que el empresario K.

El día de su cumpleaños número 65, Báez recibió una sorpresa: lo visitó después de dos años sin verse, su hijo Leandro. Lo acompañaron sus dos hijos, al más pequeño Lázaro no lo conocía personalmente. Ese momento irrumpió en su estoico carácter. Y desde su entorno más íntimo aseguran que desde que quedó detenido en abril de 2016, algo se modificó en él respecto a su familia, “está más conectado y pendiente”, explicaron.

Sin embargo, el silencio continúa siendo su estrategia y elección ante las causas judiciales. El menor de sus cuatro hijos, le pidió en varias ocasiones que hable, que “explique el rol de todos nosotros en la empresa y quiénes eran los que manejaban la plata que estaba afuera, porque éramos beneficiarios de las cuentas pero nunca vimos un peso”, dijo a Clarín.

En la intimidad su planteo es uno solo: salvar a sus hijos. Uno está preso, Leandro tiene una pena de cinco años y Luciana y Melina Báez, fueron sentenciadas a tres años en suspenso. “Trabajen juntos, hay que sacarlos como sea”, esbozó durante estos días ante sus abogados. Con la condena ya dictaminada, el empresario K avanzó sobre algo que no ocurrió durante los ocho años de instrucción del caso: que toda la familia tenga una misma estrategia judicial, llegaron a tener en total, una docena de abogados. La desesperación se impuso, y ahora piensan en delinear una apelación de términos similares para lograr una reducción de las acusaciones para los dos varones y una absolución para sus hijas.

Con esa inquietud latente, Lázaro realizó un pedido puntual a su hijo Leandro: “Visitá a Martín y acercate a tus hermanas”, más específicamente a la mayor de ellas, Luciana. Las diferencias dentro del clan Báez quedaron expuestas durante todo el proceso judicial, los distanciamientos con historia se profundizaron entre algunos de sus miembros y ahora, con toda su familia acusada, Lázaro busca la unidad de todos.

Ya les había requerido a sus cuatro hijos que se mantengan tranquilos previos a la lectura de la sentencia, hace una semana atrás. Ahora, brega por la unidad de sus herederos, todos condenados por lavado de dinero. Según revelan desde el entorno cercano, su análisis no difiere mucho del esbozado por Leandro en estos días: Cristina Kirchner debe estar preocupa porque se habló de un delito precedente que es el caso de la presunta corrupción en la obra pública.

Durante estas semanas, en esa búsqueda de limar asperezas en su familia, Báez volvió a comunicarse con Norma Calismonte, su ex esposa pero la única que fielmente lo visitó durante cuatro años mientras él permaneció en el Penal de Ezeiza. Fue la responsable de cuidar hasta su fallecimiento, a la madre del empresario K, y desde el entorno más cercano le atribuyen un rol aún superior: la de contener a todos sus hijos que desfilaban por los tribunales de Comodoro Py. También le pidió a su hijo menor que acompañe a su madre lo más que pueda. La condena los golpeó a todos, es indiscutible.

Está lejos la idea de volver a Santa Cruz. Extraña su provincia por adopción, a donde llegó de Corrientes cuando tenía tan sólo cinco años, y donde supo levantar un cuantioso y millonario imperio. Ya no pregunta por las empresas ni por las propiedades. Sostuvo en estos días, que le gusta la casa donde cumple el arresto domiciliario. Obtuvo algo de tranquilidad. Los días transcurren con cierta monotonía: lee los expedientes judiciales y está enfocado principalmente, en el caso de la obra pública donde comparte juicio con Cristina Kirchner. Pero transita por otras lecturas: política, historia preponderantemente, y el teléfono es su manera de comunicarse de forma más asidua con los suyos. “Algún amigo aún le queda”, dijo irónicamente Leandro.

Añora reunirse con sus cuatro hijos. Hace mucho tiempo que no logra, por las distancias, por las internas familiares que signaron durante estos años a su núcleo más íntimo, y ahora uno de ellos está en la cárcel. Asegura que están solos, sin el acompañamiento de la política que supo ser un gran paraguas para él, y reitera de vez en cuando, que le soltaron la mano, que Cristina Kirchner su ex socia comercial, se olvidó de él, “Sólo salen de la cárcel los cristinistas”, dijo entre risas pero con una molestia indisimulable, en una ocasión cuando aún permanecía en el Penal de Ezeiza.

Aquel vínculo de cifras millonarias forma parte del pasado, pero para la justicia no puede omitirse si se busca explicar la fortuna de Lázaro, el imperio de 1.412 bienes y como se convirtió en empresario de la construcción desde 2003. Para él, es parte de una etapa concluida. (Por Lucía Salinas para Clarin)

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