OPINION##Covid-19: el día después de la vacuna.

Reflexiones para comprender los retos del futuro.

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La salida de una crisis de dimensiones inéditas en el último siglo invita a reflexionar sobre los desafíos y las cuentas pendientes de la globalización.

El 2020 y la pandemia marcarán el destino de las nuevas generaciones responsables de construir el siglo XXI. Foto: AFP.No importa cuánto haya vivido quien lea estas líneas. Sean muchos o pocos años, casi con seguridad ninguno de nuestros lectores dispuso de tanto tiempo, ni tuvo tanto interés genuino, en leer, escuchar y aun opinar sobre un tema global como ocurre hoy con la pandemia del COVID-19, una batalla virósica que tiene en vilo a la humanidad toda.

Pareciera que no queda mucho por decir mientras esperamos la noticia iluminadora de una vacuna eficaz y nos preparamos para unos duros próximos años, que pocos se atreven a pronosticar, debido a que no hay antecedentes de una contracción económica mundial de semejante envergadura en la era de la modernidad. Recurrimos a la jerga militar –seguramente de manera incorrecta– y comparamos la pelea contra el virus con una guerra y usamos términos, como “estado de sitio”, “cierre de fronteras”, “toque de queda” y “patrullaje cibernético” para describir nuestra actual cotidianidad. Y aun estando en plena “trinchera”, nos siguen quedando mil interrogantes por descifrar. ¿Hasta cuándo? ¿Cómo ocurrió esta realidad? ¿Hubo alarmas no escuchadas? ¿Por qué el miedo se apoderó de todos? Y, esencialmente, ¿cuándo nos liberaremos de las garras posesivas de esta “peste” que no nos suelta?

Alguien dijo, si cabe un poco de humor en este sismo global inimaginado, que lo verdaderamente difícil de la predicción es intentar hacerla sobre el futuro. De ahí la dificultad de realizar un ejercicio sobre cómo enfrentaremos las consecuencias sociales, sanitarias, psicológicas, económicas y geopolíticas que nos deparará un mundo cuya única certeza es que será diferente del conocido. Seguramente, el 2020 marcará el destino del siglo XXI y, antes de dar paso a estas reflexiones, me permito hacer algunas consideraciones. Cuánto sabíamos, la gran mayoría de nosotros, de virus, epidemias y pandemias hace tan solo un año y, también, qué lugar ocupaban en el listado de nuestras preocupaciones cotidianas.

Los resultados de este presente invitan a cierto optimismo y toma de conciencia vinculados al futuro y cambios de conductas esenciales para la supervivencia. Foto: AFP.Los resultados de este presente invitan a cierto optimismo y toma de conciencia vinculados al futuro y cambios de conductas esenciales para la supervivencia. Foto: AFP. 

Es bueno recordar, no obstante, que el virus de la influenza H1N1 mató a casi 600.000 personas en el 2009 y que el virus del sida arrasó con 36 millones de vidas en poco más de 40 años. Lo extraño –y esto seguramente deberá ser motivo de estudios más profundos– es que “la peste” en cualquiera de sus formas pasa enseguida al olvido para el común de la gente y se borra de la memoria colectiva. Solo pensemos cuánto hemos visto, leído y seguido en series y películas de las dos grandes guerras del siglo XX. El primero de esos conflictos dejó 17 millones de muertos, y el segundo, 78 millones de víctimas. Durante el curso de dos años cercanos a la finalización de la Gran Guerra, entre 1918 y 1919, se desarrolló la mal llamada “gripe española”, que arrojó el terrible saldo de 50 millones de víctimas. ¿Cuánto sabemos de ellas y de sus actores, de sus héroes, de sus villanos y víctimas? Seguramente, muy poco. Sin embargo, quién no escuchó hablar de Rommel, De Gaulle, Patton, Churchill o MacArthur. Es muy factible que la mayoría de quienes sigan estas líneas desconozcan a Maurice Ralph Hilleman (1919-2005), microbiólogo estadounidense que desarrolló 36 vacunas, entre ellas, la del sarampión, las paperas, la hepatitis, la varicela, la meningitis, la neumonía y la influenza. A él, considerado el vacunólogo más exitoso del siglo XX, se le atribuye haber salvado más vidas que ningún científico en esos 100 años. Bien, esta ignorancia podemos fácilmente trasladarla a muchas otras epidemias que, a diferencia del COVID-19, tomamos como noticias lejanas, de pueblos desconocidos y geografías o costumbres ajenas, razón por la cual jamás han sido “nuestro problema”. Hoy, investigadores, médicos e infectólogos nos recuerdan a diario documentos, advertencias y declaraciones públicas que la gran mayoría de nosotros ignoramos. Seguramente, la codicia, los intereses políticos y también la desidia general nos colocaron en este equivocado y estrecho sendero.

A pesar de todo lo malo que sucede, gracias a los avances tecnológicos y a la globalización el mundo se encuentra cerca de una vacuna. Foto: AFP.

A pesar de todo lo malo que sucede, gracias a los avances tecnológicos y a la globalización el mundo se encuentra cerca de una vacuna. Foto: AFP.

Los resultados de este presente trágico invitan a cierto optimismo y toma de conciencia vinculados al futuro y a cambios de conducta esenciales para la supervivencia. También exigen una rápida readaptación de nuevos procederes, que llegaron durante estos meses y que se quedarán para siempre. Si bien ya eran tendencias insinuadas o en curso, como en toda guerra o conflicto grave, se producen aceleraciones fulminantes que llegan y se instalan sin discusión alguna.

Quien escribe estas líneas no engrosa la lista de los optimistas y tiene fuertes reparos sobre los procederes individuales y colectivos cuando el “enemigo invisible” sea derrotado y hasta se lo mire con cierto desdén. Tomo, en principio, las palabras del influyente y joven pensador indio Parag Khanna: “La globalización es la fuerza más poderosa del planeta, podemos darle forma a su curso, pero siempre continuará como un río que baja de la montaña”. En ese sentido, intento comprender a quienes pregonan la reinvención del Estado nacional fuerte y su repliegue “fronteras adentro”. Entiendo que el virus se subió a un avión en el lugar más lejano del planeta y, en pocos días, atrapó al mundo entero. Ahora bien, a esos discursos les recuerdo que, tecnología integrada y aldea global mediante, nos encontramos cerca de una vacuna. Será fruto de la investigación y del esfuerzo conjunto de científicos de diversos países lo que nos devolverá la libertad anhelada, seguramente desautorizando, una vez más, los pronósticos de la OMS.

Barbijos y máscaras para los bebés recién nacidos son toda una postal de los días que corren. Foto: AFP.

Barbijos y máscaras para los bebés recién nacidos son toda una postal de los días que corren. Foto: AFP. 

Entonces, cabe esperar que el mundo interconectado, globalizado y dependiente goce de muy buena salud y que nadie pueda detenerlo. Quien se aísle sufrirá las consecuencias de manera rigurosa. Obviamente, quedaron cuentas pendientes, algunas muy graves y que los líderes del futuro deberán resolver; incógnitas que no pueden esperar y cuya respuesta la sociedad mundial debe reclamar sin descanso, entre ellas, conservar la libertad ante el peligro del totalitarismo tecnológico; proteger el medioambiente antes de tener nuevas sorpresas nacidas del descuido; y crear órganos serios de gobernanza global que coordinen las crisis con seriedad, algo que aquí fracasó de manera estruendosa. Y algo fundamental: entender de forma definitiva y sin dilaciones que la pobreza y la desigualdad no quedan aisladas en el último poblado de la Tierra, sino que se pueden sentar a tu mesa en un instante y sin aviso.

Aunque parezca poco relacionado con la actual pandemia, es bueno recordar que, en 1521, Hernán Cortés, junto con un reducido grupo de españoles y aliados indígenas, derrotó al poderoso Imperio azteca, lo que cambió para siempre la historia de América. En ese asedio final y en la increíble derrota infringida en Tenochtitlán, también fueron sus aliados la viruela, el sarampión, la gripe y el tifus, que arribaron del Viejo Mundo transportados por extranjeros que traían la hoy tan mentada “inmunidad de rebaño” desde Europa. Hubo entonces, antes y después, infinitos avisos y recurrencias que la raza humana ignoró en ese afán de progreso desmedido y de poder a cualquier costo.

Quizás sí sirva esta pandemia, así como su falta de tino en elegir a cualquier víctima, para reflexionar sobre ese “cualquier costo”, que puede ser la muerte misma. (Por Gustavo Gorriz para Infobae // Imagen principal: El 2020 y la pandemia marcarán el destino de las nuevas generaciones responsables de construir el siglo XXI. Foto: AFP.)

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