Argentina: es hora de hacer las paces con el medio ambiente.

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Para mejorar la calidad de vida de su población, es clave enfrentar los impactos de la deforestación, inundaciones y contaminación. Hay indicios de una eficiente limpieza del Riachuelo en este 2018.

Cada año, miles de visitantes llegan a Buenos Aires, ya sea por placer o negocios, y son muchos los que se dan una vuelta por el emblemático paseo de Caminito, al sur de la ciudad. Fascinados por sus calles de piedra y espectáculos de tango, a pocos se les ocurre dirigir sus móviles y cámaras fotográficas al río que pasa muy cerca.

La cuenca del Matanza-Riachuelo, que desemboca a pocos metros de Caminito, es una de las más contaminadas del mundo, lo que impacta en la calidad de agua y aire de más de siete millones de personas que viven en sus alrededores, un 10% de los cuales son pobres.

El vínculo entre la degradación ambiental y la calidad de vida no es tan evidente. Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), un 17% de las muertes en Latinoamérica están vinculadas con la contaminación, los accidentes y otros factores ambientales. Y en la mayoría de los casos, el impacto no es equitativo, y afecta desproporcionadamente a los que menos tienen.

Pero no son solo sus ríos. Desde los bosques hasta las ciudades, la gestión ambiental impacta fuertemente en las vidas de los argentinos en todo el país.

Retos ambientales
Hoy en día, el costo total de la degradación del medio ambiente equivale aproximadamente al 8% del PIB de Argentina, de acuerdo con un informe reciente del Banco Mundial. Las altas tasas de urbanización del país —9 de cada 10 argentinos viven en ciudades— y una transformación del medio rural (del pastoreo tradicional al cultivo intensivo de la soja) han generado grandes desafíos ambientales.

“El camino de la Argentina hacia la prosperidad económica se dará a través de ciudades eficientes, sostenibles y económicamente pujantes”, afirma el análisis. “Por ende, deben gestionarse las externalidades de la aglomeración para evitar que la prosperidad suceda a costa de la habitabilidad”, agrega. De acuerdo con el informe, estos son algunos de los problemas más urgentes a resolver:

La deforestación. Entre 2001 y 2014, Argentina perdió un área de bosque equivalente a la superficie de Costa Rica —unos 50.000 kilómetros cuadrados—o lo que es parecido a perder un bosque del tamaño de un campo de fútbol cada minuto. El 90% de la deforestación en Argentina se centra en el noroeste del país, impulsada principalmente por la expansión de la agricultura.

Las inundaciones. Según el análisis, representan el 60% de los desastres naturales y el 95% de los daños económicos en el país y afectan a miles de argentinos en todo el país.

La contaminación del aire, que supera el umbral recomendado por la Organización Mundial de la Salud en tres de las urbes más grandes en Argentina: Buenos Aires, Córdoba y Mendoza. Las altas tasas de motorización en las últimas décadas —hay seis veces más autos en circulación que hace 25 años— han hecho estragos con la calidad del aire. El costo del impacto de la contaminación del aire en la sociedad se estima en un 1,8% del PIB, según el informe.

La gestión de residuos. Los tiraderos de basura a cielo abierto siguen siendo la modalidad más habitual de eliminar los residuos y el reciclaje es aún limitado. Además, cada año en Argentina se desperdician 38 kilos de alimentos por persona, que se convierten en una fuente importante de emisiones de gases de efecto invernadero.

La contaminación del agua. Solamente el 65% de las aguas residuales se recolecta y únicamente el 12% se trata antes de volver a los ríos o mares. Las aguas superficiales —aquellas que provienen de las precipitaciones, manantiales o fuentes subterráneas— son la principal fuente para consumo en el país, pero queda expuesta a la contaminación.

Conservación de los parques
Pero a pesar de estos desafíos, Argentina también ofrece un ejemplo a seguir en el mundo en cuanto a la gestión de las áreas protegidas para conservar su amplia biodiversidad.

Es el primer país en Latinoamérica en establecer un sistema de parques nacionales y las áreas protegidas ahora abarcan cerca del 7% de la superficie terrestre argentina, el octavo país más grande del planeta. Más allá de los beneficios ambientales, con un incremento del 88% en visitantes entre 2003 y 2014, estas áreas también representan una fuente importante de ingresos y empleos para el país. En 2014, un 10% del PIB se generó en parques nacionales además de más de 1 millón de empleos.

Para el Banco Mundial, “resulta crítico poder abordar la degradación ambiental a través de una gestión y conservación sostenible del capital natural a fin de asegurar un crecimiento continuo y equitativo en la Argentina”. Y recomienda mejoras en la recolección, gestión y accesibilidad de datos sobre el medio ambiente para hacer frente a los problemas ambientales actuales.

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