Por Laura Di Marco para LA NACION
El editorial en La trama del poder, por LN+

En ese 20% de la Argentina que Jaime Durán Barba llama “círculo rojo” -ahí mete empresarios, periodistas, sindicalistas, factores de poder y ciudadanos muy informados- hay una sensación de que Javier Milei ya ganó las elecciones. No es así, pero así se lo vive.

En las dos semanas que siguieron a las PASO, de los focus groups que se hicieron entre los votantes de Milei surgió que, entre los ciudadanos comunes, hay mucho más hartazgo y enojo que miedo.

Sin embargo, en el círculo rojo empresario hay miedo a la estabilidad emocional de Milei, un tema que el periodismo político no suele tocar -es un déficit porque lo emocional define mucho de lo político-, pero tanto es el miedo que, este caso, Carlos Pagni sí se refirió a la psicología de Milei. Una emocionalidad que capturó muy bien.

Ayer me decía un empresario que representa a un grupo importante de la Argentina: “A Milei lo vemos como un gran neurocirujano que nunca operó y que mi cabeza va a ser la primera”.

Es por eso que, en el Consejo de las Américas, que reunió a los principales hombres negocios, hubo un aparte con Milei, y no con Patricia Bullrich. Porque todo el mundo sabe quiénes son Carlos Malconian o Luciano Laspina, pero pocos saben bien quién es Milei y qué tiene en la cabeza.

Abro paréntesis: estaría definido que Melconián será el ministro de Economía de Patricia Bullrich, una novedad que va a ser anunciada muy probablemente la semana que viene. Pero más allá de las sensaciones del círculo rojo -que muchas veces se equivoca- la suerte todavía no está echada, ni mucho menos.

La moneda sigue en el aire pese a que todas las encuestas post PASO dan como triunfador a Milei, que hoy está disfrutando a pleno de su temporada como estrella rockera. Con el aditamento de su conveniente romance con Fátima Florez.

Este fin de semana La Nación publicó dos encuestas nuevas, más una de la consultora CBC que ya circulaba. Los sondeos perfilan un escenario de ballotage entre Milei y Massa.

Increíble que, en un país con un 43 % de pobreza -según la actualización de los especialistas-, un dólar a 730 y una inflación anual proyectada de entre 150 y 200%, un candidato como Sergio Massa tenga chances de entrar a una segunda vuelta. Hasta el ultra kirchnerista Roberto Navarro le soltó la mano.

En estos sondeos que vamos a analizar Patricia queda tercera. A veces, cabeza a cabeza con Massa y, en otras, lejos del ministro-candidato.

La consultora Opinaia revela que Milei sacaría el 35% de los votos, Massa quedaría en segundo lugar con el 25% y Bullrich se ubicaría tercera con el 23%. Mucho más lejos quedan el cordobés Juan Schiaretti y Myriam Bregman, la postulante de la izquierda.

Para la consultora Analogías, vinculada con La Cámpora, Milei sacaría el 32,1%, Massa treparía al 26,8% y Bullrich descendería al 20,9% Un tercer sondeo de la Consultora CB, que circuló en la última semana, le da 32,3% de intención de voto a Milei, deja a Massa con el 28,1% y señala a Bullrich con el 25,3%.

Pero no todo está jugado. ¿Por qué? En el búnker de Juntos por el Cambio hacen esta cuenta: el votante del no peronismo, que es menos pasional, en general no vota en las PASO y sí lo hace en las generales. Están mirando la elección de 2019 donde, entre las primarias y las generales, lograron pegar una fenomenal remontada de más de ocho puntos.

Macri pasó del 32 % en las PASO de 2019 a casi el 41% en las elecciones generales. Confían también en que Melconián, que tiene detrás al equipo de la Fundación Mediterránea, le pueda hacer frente en el plan comunicacional a ese gran showman que es Javier Milei.

Esta semana Bullrich difundió la foto con todos sus voceros económicos. Una imagen que muestra que tiene un equipo sólido, a diferencia de Milei. Pero, ¿por qué te hablo de un pacto, entendimiento o acuerdo poselectoral entre Milei y Macri si finalmente ganara Milei? Primero porque Macri viene alimentando un vínculo con Milei, con mucha ambigüedad, que incluso generó ruido y muchas aclaraciones y desmentidas en Juntos por el Cambio.

Macri fue el único dirigente importante que llamó a Milei para felicitarlo después de su triunfo sorpresivo en las primarias. En tercer lugar, porque, más de una vez, dijo que las ideas de Milei eran las suyas. En cuarto lugar porque, si Bullrich pierde, Macri recobraría protagonismo e influencia. Es decir, Macri subiría sus acciones dentro de su propio espacio.

Y en quinto lugar, el más importante, por el miedo que genera la inestabilidad emocional de Milei; este candidato que pareciera no tener frenos o, como dirían los psicólogos, no tener regulación emocional: una aptitud muy importante para un potencial presidente que tiene que tomar decisiones que pueden afectar la vida de millones de argentinos.

¿Cuál sería, entonces, el rol de Macri? Contenerlo. O, como me decía un integrante del círculo rojo que estuvo en la reunión del Consejo de las Américas: “Macri podría atenuar la volatilidad, poniéndole un límite al disparate”.

Dicho de otro modo: los legisladores de Juntos por el Cambio, su estructura territorial, sus intendentes, sus gobernadores podrían modular a Milei, como el partido republicano lo hizo, en su momento, durante el gobierno de Donald Trump.

El hartazgo. El hartazgo y el enojo están detrás del resultado de una elección que definieron los jóvenes.

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