Cristina a la Justicia: “La historia ya me absolvió”.

Sospechas de corrupción: Furiosa con los jueces y los medios, la ex presidenta se victimizó en su indagatoria.

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En las tres horas de su declaración volvió a cargar contra el Tribunal que la juzga: “¿Responder preguntas? Preguntas tienen que contestar ustedes”.

Acusada de liderar una asociación ilícita que perjudicó al Estado en 46.000 millones de pesos, la ex presidenta Cristina Kirchner habló este lunes durante más de tres horas ante el Tribunal Oral Federal 2, que la juzga por el redireccionamiento de la obra pública a favor de Lázaro Báez, durante su mandato. Con el devenir de los hechos, el juicio se convirtió en histórico: por primera vez, una vicepresidenta electa es indagada por un caso de corrupción. No disimuló su enojo por estar siendo indagada en una causa que calificó como el paradigma del lawfare. Criticó a los jueces del Tribunal, a quienes acusó de ya tener escrita la sentencia, y al concluir su exposición los desafió cuando el presidente del TOF le preguntó si respondería preguntas: “¿Responder preguntas? preguntas tienen que contestar a ustedes”. Previo a esta desafiante frase ya había dicho que la historia a ella la absolvió, pero que a los tres jueces “será la historia quien los juzgue”.

Dirigentes políticos del kirchnerismo, referentes de los organismos de Derechos Humanos, abogados, militantes, todos confluyeron en los tribunales de Comodoro Py para acompañar a Cristina Kirchner quien por primera vez iba a ser indagada en un juicio por corrupción. Antes del inicio de la audiencia, su abogado Carlos Beraldi presentó un último recurso para que la audiencia sea transmitida en vivo a través del sitio del Poder Judicial. Sin embargo, fue rechazado, al igual que el viernes pasado, por los magistrados del TOF 2, con el voto mayoritario del juez Jorge Gorini y Andrés Basso.

Algo estaba en claro y era que la ex Presidenta realizaría un extenso descargo, con un fuerte contenido político y con una segunda parte abocada a desestimar los cuatro componentes principales del expediente que la condujo a su primer juicio oral por corrupción. En los argumentos que expuso durante más de tres horas, la crítica al Poder Judicial, a los “grandes medios de comunicación” y al gobierno de Mauricio Macri tuvieron mayor protagonismo.

En esta causa la principal acusación recae sobre la electa vicepresidenta, se la procesó como jefa de una asociación ilícita, que “junto con otros funcionarios de distintas reparticiones del Estado y a Lázaro Báez”, se dedicaron entre 2003 y 2015, “a cometer delitos indeterminados para sustraer y apoderarse ilegítimamente de fondos públicos asignados, en principio, a la obra pública vial en la provincia de Santa Cruz”. La defraudación cometida al Estado, fue de $ 46.000 millones por los contratos “asignados al amigo presidencial con diversas irregularidades”, señala el dictamen fiscal.

Con una carpeta en mano y ordenando sus papeles que oficiaron de ayuda memoria, Cristina se sentó a las 10:16 en el estrado. Escueta en su respuesta, y visiblemente molesta por las circunstancias, dijo ante el Tribunal: “Sí, voy a declarar y evaluaré su respondo preguntas”. Tres botellas de agua acompañaron su exposición que en su tono y contenido se asemejó a los discursos que pronunciaba cuando era Presidenta.

El Lawfare fue el eje de su defensa. Empezó con ese planteó y concluyó su indagatoria reforzando esta idea: toda la causa conocida como Obra Pública, fue armada por el Gobierno “con el auxilio del Poder Judicial” con el fin de “desprestigiar y demonizar un proyecto de país”.

Desde el comienzo. Inició la indagatoria remarcando que si alguien tenía la duda de la existencia del Lawfare -supuesta teoría de una “guerra jurídica” contra “líderes populares-, “la lectura que acaba de hacer el señor presidente de este tribunal donde se nos deniega transmitir en vivo y en directo esta audiencia, esto es una clase práctica del lawfare en la Argentina llevado a cabo por este Tribunal”. Entonces amplió la idea: “Se trata de perseguir a dirigentes políticos”.

Su tono de voz marcó la más de tres horas en las que habló. El enojo, la vehemencia -como ella misma describió-, la indignación por las acusaciones, no fueron disimulados. Cristina Kirchner quiso que así sea.

Cuando inició el juicio el 21 de mayo se dio lectura al dictamen de los fiscales Gerardo Pollicita e Ignacio Mahiques, de 600 páginas Para los representantes del Ministerio público fiscal, los “hechos de corrupción” de esta causa no se encuentra “en soledad”, sino que se trata de la “causa madre” de un grupo de investigaciones que involucran a la ex Presidenta, como Hotesur, Los Sauces y otros expedientes. Por ello esta investigación fue determinada como el delito precedente de otras maniobras. Allí radica su relevancia para la justicia, mientras que para la electa vicepresidenta, no es más que una “causa armada, sin argumentos que tengan sustento jurídico”.

Entonces, interpeló directamente los jueces que la juzgan ante la negativa para que la audiencia sea transmitida a través de las redes. “¿No les parece importante”? dijo Cristina mirándolos, y reafirmó: “No les parece importante la acusación que dicen que fui jefa de una asociación ilícita, en serio no les parece importante para transmitir”. Y una vez más, utilizó el lawfare para explicar porqué estaba sentada allí.

Con el transcurso de las horas, las críticas al gobierno de Macri no faltaron y estuvieron vinculadas a la “mesa judicial” de Cambiemos y su relación con los Tribunales de Comodoro Py: “Estuve dos años sin fueros, por decisión propia, por voluntad propia decidí no tener fueros. Ya estaba en marcha la causa, Bonadio dixit, Hotesur. También dólar futuro. Es más, el juez Ercolini en esta causa donde me acusó como jefa de la asociación ilícita, no me dictó prisión preventiva. Bastó que sea electa senadora para que pocos días antes dicten mi prisión preventiva cuando ya contaba con fueros. Entonces dijeron que Cristina no va presa porque se amparaba en los fueros. La pidieron porque no se podía y construyeron ese planteo”.

Entonces, adjudicó la llegada de Mauricio Macri a la Casa Rosada como resultado del “auxilio invalorable del aparato judicial” y de haber funcionado como “ariete del poder político”. Sus quejas respecto al funcionamiento de la justicia federal llegaron hasta el máximo tribunal: “¿Qué hizo la Corte durante estos cuatro años viendo lo que se hacía? Bonadio rompió mi casa con un allanamiento nunca visto durante tres días.¿Qué hizo la Corte?, en años donde hubo prisiones preventivas a través de la doctrina Irurzun” y remató: “Irurzun te escucha e Irurzun te mete preso. Esa sería la fórmula de Comodoro Py”.

Con nueve procesamientos en su contra (siete de ellos en causas de corrupción), siete causas elevadas a juicio oral, cinco pedido de prisiones preventivas (una confirmada por la Corte), la ex Presidenta sin mayores eufemismos cargó contra los jueces federales, en especial contra quienes llevaron sus causas: “Utilizan las facultades como jueces y fiscales para cometer delitos, eso es lo que está sucediendo en la República Argentina. El intento fue el demonizar un proyecto político a través de las causas judiciales, es el lawfare”.

A las 11:27 empezó a referirse puntualmente a la causa. “Este expediente de la obra pública es el caso paradigmático de lawfare”, dijo una vez más. En esta segunda parte, comenzó a desestimar punto por punto las acusaciones y cómo la causa quedó en manos del juez Ercolini y los fiscales Gerardo Pollicita e Ignacio Mahiques”.

En este expediente, el juez Ercolini procesó a la ex Presidenta, a Julio De Vido, José López, Carlos Kirchner, Nelson Periotti (entre otros ex funcionarios) y a Lázaro Báez por asociación ilícita y defraudación al Estado, por haber favorecido al grupo Austral con 51 contratos viales por $ 46.000 millones, “plagados de irregularidades administrativas, sobreprecios y falta de controles”. Por ello, se habla de un “direccionamiento” a favor del conglomerado del empresario K.

La auditoría de Vialidad Nacional que dio origen a este expediente fue criticada por Cristina Kirchner. Ese informe marcó el rumbo de la causa: se planteó allí que el 86% de las obras licitadas en Santa Cruz quedaron en manos de Báez, que la mitad de las mismas no se concluyeron y que se aplicaron sobreprecios promedio del 65%. La electa vicepresidenta dijo que se “tergiversó la información” y que tales irregularidades “no existieron”.

“Resulta que soy jefa de cuatro asociaciones ilícitas. La verdad no sé cómo tuve tiempo para gobernar, me la pasaba creando asociaciones ilícitas, dos familiares y dos con empresarios”, dijo con ironía. En esta investigación, se indicó que ella como presidenta “debía saber” lo que pasaba en los procesos licitatorios que favorecían -según la acusación al Grupo Austral. “Hay que entender que no es responsable porque debía haberlo sabido, sólo el que debía aplicarlo, sino sería imposible conducir y manejar el Estado”.

Desacreditó en este punto la acusación de los fiscales, a quienes acusó de “responder a la mesa judicial de Macri”, y los calificó de “corsarios judiciales”. Y fue más allá: “Se trata de jueces y fiscales a la carta de gobierno”, miró a los jueces una vez más y cerró su frase, “señores es muy evidente todo lo que han hecho”.

Comenzó entonces a confrontar con las cuatro maniobras de la causa: la inmersión del amigo y socio presidencial en el negocio de la construcción vial, la exportación de una estructura provincial montada con gente de confianza a un nivel nacional (en el ministerio de Planificación Federal), la mayor concentración económica de obra pública vial de nuestro país en el sur, y el direccionamiento de la adjudicación de la obra pública y el diseño de un esquema de “beneficios exclusivos y permanentes en favor de Báez en detrimento de las arcas del Estado”.

Todo fue desestimado por la ex mandataria, que dijo que “un amigo por sólo ser amigo no es un delincuente, o como delitos ser amigo del presidente de la República, y se nos denegó prueba por prueba en estos cuatro puntos”.

Sin tapujos y por primera vez de forma explícita, Cristina Kirchner dijo: “No soy amiga de Lázaro Báez, nunca fui amiga de Lázaro Báez pero no voy a tolerar que porque alguien es amigo de alguien hay que condenarlo, eso pasaba en la dictadura, no voy a convalidar eso. Este tribunal seguro es del lawfare y seguro ya escribió la condena. No me importa, sepan, no me importa. A mí me absolvió y me absolverá la historia, y a ustedes los va a condenar la historia”.

Concluyó su exposición, refiriéndose al doble juzgamiento al decir que este hecho ya fue investigado y sobreseído por la justicia de Santa Cruz, “acá (por el TOF 2) nos dijeron que no era lo mismo cuando lo planteamos y ustedes los jueces se convierten en los arietes indispensables de este flagelo que es identificar a la política con la corrupción. No es más fácil decir ‘no estoy de acuerdo con esta ideología, porque no me gustan los negros, los pobres”.

El lawfare estuvo como corolario de su exposición. Su tono de voz fue más enfático, y dijo que no se trataba de “la grieta” la discusión, sino que todo el “armado judicial” tuvo como fin “condenar a un gobierno, el de Néstor Kirchner que desendeudó al país, que canceló la deuda con el FMI, pero había que traer de nuevo al FMI y había que convencer que quien nos desendeudó era un chorro y sólo vino a eso, esto es lawfare”.

Ante los aplausos de quienes la acompañaron, se levantó del estrado, “no tengo nada más que decir” y cuando el presidente del TOF 2 le preguntó si iba a responder preguntas, regresó al lugar, agarró el micrófono y allí les respondió: “¿Preguntas?, preguntas tienen que contestar ustedes”. (Por Lucía Salinas para Clarín // Foto: Aún sonriente, Cristina Kirchner llegaba a los tribunales de Comodoro Py pasadas las 9 de la mañana. Foto: Maxi Failla)

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