Tratarán determinar por qué se hundió el submarino con las imágenes.

Queda por ver también si hubo negligencia en la búsqueda del ARA San Juan.

342
Compartir
Juzgado Federal de Caleta Olivia. La Jueza Federal Marta Yáñez a cargo de la investigación de submarino ARA San Juan . Fotos Emmanuel Fernández

La jueza a cargo de la investigación pidió todo el material fotográfico y fílmico que tomó el Seabed y que peritos traten de determinar la causa de la tragedia. Un testimonio y otros indicios complican al ex jefe de la Armada.

A las 0.10 de la madrugada del sábado, la jueza federal de Caleta Olivia, Marta Yañez, recibió una llamada de urgencia de la Armada y escuchó cinco palabras que le trajeron alivio luego de un año de investigación judicial: – Doctora, es el San Juan.

Con esa frase, Yañez se dio cuenta que las dos causas penales que tramitan en su juzgado tendrán, a partir de ahora, un avance importante. Por lo pronto, ayer ordenó a la Armada pedir a la empresa Ocean Infinity todos los registros fílmicos tomados del San Juan. Para cumplir con este orden, los dos submarinistas y el oceanógrafo de la Armada que están embarcados en el Seabed continuarán viaje hasta Ciudad del Cabo donde recibirán esos registros y luego volverán a Buenos Aires. El barco noruego será sometido en esa ciudad sudafricana a trabajos de mantenimiento. Por tal motivo, la jueza planea viajar la semana próxima a Buenos Aires para recibir la información clave en mano.

De la primera observación de esos registros fotográficos saldrán interrogantes y luego la magistrada convocará a peritos que intenten determinar las causas de la tragedia. También quiere “un análisis del lecho marino circundante”. El campo de escombros metálicos que se observa alrededor del casco resistente tiene una superficie “de 80 x 100 metros”, es decir pequeña. Este dato pone en duda la teoría del especialista norteamericano en acústica marina, Bruce Rule, según la cual la implosión fue a 468 metros de profundidad. Como dijo ayer el ex vocero de la Armada, capitán Enrique Balbi, a esa altura el campo de escombros debería ser más grande. Por eso la jueza quiere este estudio.

Además, ordenará un estudio para saber si es factible técnica y económicamente reflotar el buque, revelaron a Clarín fuentes judiciales. Si como dicen la mayoría de los expertos, es casi imposible reflotarlo o hacerlo supone la rotura del submarino en más pedazos -que es como la escena del crimen- “rechazará” esa medida. El ministro de Defensa, Oscar Aguad, adelantó ya que sacarlo “es muy difícil” y que la Argentina no tiene los medios. El intento de EE.UU. de reflotar un submarino soviético, en lo que se conoció como la operación Azorian, hoy costaría “unos 3.500 millones de dólares”, según estimaron expertos.

Más allá de la buena intención de la jueza, expertos submarinistas explicaron a este diario que a lo sumo, además del análisis de las fotos del ROV (robot) se podría intentar realizar “un análisis metalográfico” con rayos laser y que en el caso de que se pudiera ingresar con un robot al interior, el ingreso del agua a 4 mil kilómetros por hora y la implosión equivalente a 5 mil kilos de TNT “no dejó cuerpos humanos, ni equipos para peritar”. Los restos del San Juan están sometidos a 92 presiones atmosféricas lo que hace imposible bajar con buzos.

A 2 mil kilómetros de Buenos Aires, Yañez no quiere que las dos causas penales que tienen se salpiquen con “el barro de la política”, explicaron a Clarín fuentes judiciales. Una es para determinar si hubo negligencia en el operativo de búsqueda y rescate (SAR, en las siglas de la marina) y otra si hubo responsabilidades de la cúpula de la Armada en el naufragio del buque.

Handout picture released by Argentina’s Navy press office on November 17, 2018, showing part of the wreckage of the ARA San Juan submarine located one year after it vanished into the depths of the Atlantic Ocean. – Authorities confirmed the wreckage of the ARA San Juan submarine was found at 907 meters (2,975 feet) of depth, some 500 km from the southern city of Comodoro Rivadavia. (Photo by HO / ARGENTINA’S NAVY PRESS OFFICE / AFP) / RESTRICTED TO EDITORIAL USE – MANDATORY CREDIT “AFP PHOTO / ARGENTINA’S NAVY PRESS OFFICE” – NO MARKETING – NO ADVERTISING CAMPAIGNS – DISTRIBUTED AS A SERVICE TO CLIENTS

Como informó Clarín, el borrador del informe final de la comisión sostiene que una válvula Eco-19 pudo también haber “estado mal cerrada” mientras la tripulación estaba intentando hacer snorkel con un mar bravísimo, es decir tomar aire.

Los sensores del snorkel –una enorme válvula que sale de la torreta- permiten que con cada ola que choca se corta el ingreso del aire, lo que quita oxígeno a la atmósfera interior donde respiraban los 44 tripulantes que enfrentaban una dura tormenta el 15 de noviembre del año pasado.

Con los motores diésel a fondo, en medio de la tormenta, el snorkel cerrándose cada 30 segundos, la situación debe haber sido insoportable y, tal vez, en ese contexto, relajaron la norma de seguridad y abrieron momentáneamente la Eco-19 para que circule más el aire. Entonces, empezó a entrar el agua por donde no debería pasar nunca, se derramó sobre los bornes de las baterías de proa y generó el cortocircuito fatal.

Las dos causas en el juzgado de Caleta Olivia, Santa Cruz, ya tienen 15 cuerpos y 40 cajas de documentación, entre ellas todos los mensajes encriptados de la Armada vinculados al San Juan y sus 44 héroes. Con el apoyo del fiscal federal Lucas Coya, la jueza también realizó 7 allanamientos. Pero la causa aún no tiene ningún funcionario llamado a indagatoria y ya hay tres querellas de parte de los familiares.

Horas antes de aquella llamada, Yañez interrogó, como testigo, durante cinco horas al ex jefe de la base naval de Puerto Belgrano, vicealmirante Luis López Mazzeo, quien la semana próxima dará un informe a puertas cerradas a la comisión investigadora bicameral. En la testimonial, ante una pregunta López Mazzeo confirmó que él había despedido al San Juan en Ushuaia, luego de participar de un ejercicio naval, y que el capitán Pedro Fernández, le dijo que el submarino “funcionaba sin problemas”, tras 53 días de navegación.

Luego, el marino confirmó a la jueza el adelanto de Clarín en el sentido de que el 5 de diciembre del año pasado Gran Bretaña había ofrecido un minisubmarino para bajar a observar el contacto sonoro que había registrado el buque chileno “Cabo de Hornos” y el entonces jefe de la Armada, almirante Marcelo Srur, lo rechazó sin dar explicaciones e incluso no lo puso en consideración del ministro de Defensa, Oscar Aguad. También ratificó que le entregó, tradujo y leyó a Srur, Aguad y otras autoridades civiles un informe de la Armada de EE.UU., un día antesdel que envío el organismo internacional que controla los ensayos nucleares en el mar (CTBTO, por sus siglas en inglés) que adelantaba que había habido una implosión y, por lo tanto, no había sobrevivientes. En cambio, Srur había asegurado que recibió el informe “en sobre cerrado” de parte de López Mazzeo, quien era el candidato seguro a sucederlo al frente de la Armada.

Este sería el punto más débil de la defensa de Srur que la jueza deberá decidir si fue solo una mala decisión o el delito de incumplimiento de los deberes de funcionario público. Si se hubiese aceptado el minisubmarino inglés seguramente la búsqueda hubiese sido más corta. En cambio, Srur le abrió un sumario interno a López Mazzeo y al jefe de la fuerza de submarinos, capitán Fernando Villamide, por “abandono de tropa”, lo que provocó el apoyo de los subordinados del entonces jefe de Puerto Belgrano y el retiro de unos seis altos oficiales que habían participado del operativo internacional de búsqueda.

La pelea entre ambos siguió. López Mazzeo luego le hizo una denuncia por falso testimonio a Srur ante la jueza Yañez, tal como adelantó Clarín dos meses atrás.

El hallazgo del San Juan, “el cuerpo del delito”, permitió observar que sufrió una implosión y no una explosión producida por el ingreso de un torpedo como suponían versiones sin fundamento, explican los expertos.

En el informe que dio ayer la Armada, se informó oficialmente que “una sección mayor, comprendida por el casco resistente, se encuentra en una sola pieza a 907 metros. Dicho casco resistente, de acero especial de 33 milímetros de espesor, es el sector habitable donde se encuentran las baterías y todos los sistemas y equipos que tiene el submarino, y que posee un tamaño de entre 25 a 30 metros de largo por 7 de ancho”. De comprobarse este dato en sede judicial se descartaría la hipótesis de que hubo negligencia en la reparación de media vida que se le hizo al submarino en los talleres Tandanor. Es decir, el submarino no implosionó por las costuras de la soldadura, explicó una fuente. (Por Daniel Santoro para Clarín // Foto principal: La jueza Marta Yáñez, de Caleta Olivia. Foto: Emmanuel Fernández )

ADNbaires