Quién pierde y quién gana en la “coparticipación Sputnik V”

Ganadores y perdedores en el primer reparto de dosis rusas que hizo el Gobierno.

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La “coparticipación Sputnik” difiere de la proporción de médicos y enfermeros de cada provincia, el grupo a vacunar ahora. Algunas tendrán más poder de inmunización. Los datos, distrito por distrito.

Cuando la semana pasada el Gobierno anunció el lanzamiento de la Campaña Nacional de Vacunación contra el Covid-19 hizo hincapié en dos cosas: la distribución de las 300 mil dosis de la Sputnik V se haría bajo un criterio equitativo y la prioridad en esta primera instancia la tendrían los trabajadores de la salud. Sin embargo, en varias provincias el reparto no coincide con la cantidad de profesionales, lo que determina diferencias en la capacidad de cobertura contra el coronavirus entre los distritos.

Hay ganadores y perdedores. Al revisar las cifras, los ganadores siempre reciben un porcentaje de dosis (sobre el lote total) por encima de lo que les correspondería en función del universo de médicos y enfermeros que tienen. Así, la “coparticipación Sputnik” muestra algunas deformaciones.

Los casos más notorios son el de la provincia de Buenos Aires y el de la Ciudad. Al distrito gobernado por Axel Kicillof le toca el 41 por ciento de las vacunas (123 mil) y tiene el 34 por ciento de los médicos y enfermeros del país. Podría vacunar al 85 por ciento.

Al territorio que lidera Horacio Rodríguez Larreta, en cambio, le asignaron el 7 por ciento de las vacunas rusas (23.100) y sus profesionales de la salud representan el 18,4 por ciento de los que hay en Argentina. Con esa cantidad de dosis podría vacunar al 30 por ciento.

El promedio nacional de cobertura, según la disponibilidad actual de la Sputnik V, sería del 76 por ciento si el objetivo fuera vacunar a todos los médicos y enfermeros. Quince provincias equiparan o están por encima de esa proporción. Nueve distritos están por debajo de la media. La prioridad la tendrán aquellos que están en la primera línea de fuego contra el coronavirus.

Al analizar provincia por provincia, aquellas que aparecen por encima del promedio de cobertura son las que han logrado una “coparticipación Sputnik” superior a su cantidad de profesionales. Además del caso bonaerense, ocurre con Catamarca, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, La Pampa, La Rioja, Misiones, San Juan, San Luis, Santa Cruz, Santa Fe, Santiago del Estero y Tucumán.

En la otra vereda, además de la Ciudad de Buenos Aires, aparecen Chubut, Jujuy, Neuquén, Mendoza, Río Negro, Salta y Tierra del Fuego. Son los que de alguna manera “pagan” el déficit: en esta primera etapa hay sólo 300 mil dosis para repartir y los médicos y enfermeros de todo el país suman 418.150, según datos oficiales del Ministerio de Salud.

Los distritos “perdedores” están por debajo del 76 por ciento de cobertura. Y hay que sumarles Chaco (74 por ciento), la única provincia que a pesar de haber sido beneficiada en en el porcentaje de “coparticipación” quedaría por debajo del promedio.

De la distribución se desprende que las partidas de vacunas por provincia se han dispuesto más en función de la población total de cada distrito que de la dimensión del “grupo objetivo” a vacunar. Buenos Aires alberga al 37 por ciento de los argentinos y recibe el 41 por ciento de las dosis. La Ciudad tiene el 6,6 por ciento de los habitantes del país y le toca el 7 por ciento.

Esta correspondencia entre dosis y habitantes por territorio es casi lineal en todos los casos, con alguna ligera variación. Nación habría elaborado un cociente, cuyas variables no se informaron en detalle, para asignar la cantidad de vacunas a cada gobernador.

El criterio, se puede observar además, no siempre contempla la realidad epidemiológica de cada lugar. Neuquén, por ejemplo, es la tercera provincia con mayor cantidad de infectados por millón de habitantes: 60 mil. Pero ahora sólo podría vacunar al 51 por ciento de sus médicos. Santa Cruz vive un escenario epidemiológico similar y, en cambio, con sus 2.400 vacunas podría vacunar al 77 por ciento.

La Ciudad tiene 55 mil infectados por millón (cuarta en el ranking país) y con las 23.100 dosis que le tocan sólo le alcanzaría para inmunizar a 3 de cada 10 profesionales de la salud. En contraste, Formosa, la provincia con el menor impacto pandémico (351 infectados por millón), tendrá vacunas por un total que supera en 18 puntos porcentuales su cantidad de médicos y enfermeros.

Además de Buenos Aires, Formosa y Santa Cruz, las otras provincias beneficiadas con un mayor poder de inmunización son: Catamarca (2.800 dosis, 110 por ciento), Entre Ríos (10.100 dosis, 76 por ciento), Misiones (5.200 dosis, 87 por ciento), San Luis (3.300 dosis, 93 por ciento), Córdoba (21.900 vacunas, 81 por ciento), Santa Fe (24.100 vacunas, 77 por ciento), La Rioja (2.600 dosis, 84 por ciento), San Juan (4.700, 86 por ciento), Santiago del Estero (5.900 dosis, 84 por ciento), Tucumán (11.500 dosis, 88 por ciento), Corrientes (6.700 dosis, 76 por ciento) y La Pampa (2.300 dosis, 76 por ciento).

La Capital Federal tiene, por lejos, el indice de médicos por habitantes más alto del país: 16,63 por cada mil. El bonaerense es 2,85 y el promedio nacional, 3,65, según la Red Federal de Registros Profesionales de la Salud citada en el sitio oficial del Gobierno.

En este contexto, las provincias más exigidas durante la pandemia (sólo a modo de índice, porque no todos los médicos atienden casos de Covid) fueron Tierra del Fuego, con 22 pacientes por médico; Santa Cruz, con 21; Chubut, con 16; Neuquén, con 15; Río Negro, con 13; Buenos Aires, con 13; Tucumán, con 12; Jujuy, con 10; Santa Fe, con 10; Mendoza, con 8; Córdoba, con 7 y CABA, con 3. La más holgada fue Formosa, donde hubo un paciente cada 5 médicos.

Si el mismo cociente de distribución utilizado esta vez se repite sin ajustes en el futuro, cuando haya que vacunar al personal de seguridad o a los docentes es probable que otra vez surjan desfases entre la necesidad y la disponibilidad. El criterio oficial sólo sería compatible cuando el “grupo objetivo” a inmunizar sean adultos mayores o gente con enfermedades de base, donde la incidencia suele respetar de manera homogénea una proporción poblacional constante. (Imagen: La vacuna rusa Sputnik V al arribar al aeropuerto de Santa Cruz. Foto: Télam // Por Pablo Sigal para Clarin)

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