Tras las críticas del Presidente, la Corte sigue callada

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Los miembros del máximo tribunal se reunieron por Zoom pero no hicieron comentarios sobre la embestida del Presidente en el inicio de las sesiones ordinarias del Congreso.

Los miembros de la Corte Suprema escuchan por videoconferencia el discurso presidencial en la Asamblea Legislativa por la apertura de las Sesiones Legislativas en el Congreso de La NaciónPrensa del Senado

Tras el discurso del presidente Alberto Fernández en el que fustigó a la Justicia, los cinco jueces de la Corte Suprema de Justicia se reunieron este martes durante 20 minutos, por Zoom, para organizar el trabajo del tribunal. Según pudo saber este diario, no hicieron comentarios entre ellos sobre la virulenta embestida presidencial. Prefirieron el silencio.

“Es el momento de ser inteligentes y actuar con prudencia”, dijo un funcionario de la Corte, aunque admitió que por supuesto el discurso cayó mal. Los cinco ministros del máximo tribunal estuvieron el lunes sentados uno junto al otro, protegidos por barbijos, mientras seguían a distancia el discurso de apertura de sesiones del Congreso.

Ante las expresiones de Alberto Fernández, que dijo que la Justicia estaba “en los márgenes” del sistema republicano, los tapabocas impidieron percibir alguna reacción gestual de los magistrados. Dos fuentes de la Corte dijeron que, apenas terminó el discurso presidencial, los magistrados se levantaron de sus sillones, se saludaron con distancia social y cada uno partió hacia su despacho, sin hacer comentarios entre ellos. No obstante, luego hubo reuniones bilaterales.

Una cosa es que el Gobierno esté enfrentado con la Corte y otra que la Corte se pelee con el Gobierno, en una lucha en la que el tribunal puede ver mellada aún más su credibilidad. Además, para llevar a cabo esta batalla los jueces deberían exhibir una cohesión interna que hoy no tienen.
Este martes, en el Zoom, conversaron sobre el trabajo de la Comisión Interpoderes y prepararon la firma de los fallos de este jueves, donde no se espera ninguna sentencia de alto voltaje político que pueda ser interpretada como una respuesta de la Corte al Gobierno.

Una cosa es que el Gobierno esté enfrentado con la Corte y otra que la Corte se pelee con el Gobierno, en una lucha en la que el tribunal puede ver mellada aún más su credibilidad. Además, para llevar a cabo esta batalla los jueces deberían exhibir una cohesión interna que hoy no tienen.

Los jueces vienen recibiendo críticas del Gobierno desde hace mas de un año y esos cuestionamientos continúan en crecimiento. Alberto Fernández llegó al poder con la convicción de que la Corte actual estaba bien y que no había que hacer cambios. Pero al poco tiempo Cristina Kirchner empezó desde el Senado una tarea de demolición, con cuestionamientos a los altos magistrados y a los jueces federales en general.

Unas 48 horas antes de que empezara al juicio contra la vicepresidenta por favorecer a Lázaro Báez direccionando la obra pública vial en Santa Cruz, en la causa conocida como “Vialidad”, la Corte pidió el expediente. El asunto alentó esperanzas en Cristina Kirchner, pero encendió las alarmas de la opinión pública porque iba a impedir el comienzo del juicio oral.

La reacción de la oposición y de quienes protestaron en la calle contra esa decisión hizo que la Corte devolviera el caso en 24 horas y se iniciara el juicio. Cristina Kirchner intimó a los jueces del máximo tribunal por Twitter porque no resolvieron sus recursos en esa causa. Y empezó a reclamar cambios en el máximo tribunal. La presión hizo que Alberto Fernández cambiara de opinión y convocara a un comité de expertos para que le aconsejen cambios, en la Justicia y en la Corte.

En el medio, la Corte respondió con fallos: dejó firme las condenas por la tragedia de Once, contra Amado Boudou, Milagro Sala y Luis D’Elia y, en un fallo que buscó ser amigable con el Gobierno, pero que no lo logró, decidió mantener a los camaristas trasladados Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi hasta que se elijan a sus reemplazantes por concurso.

En la Corte suelen decir que son inmunes a los ataques y que cada vez que el Gobierno fue contra el máximo tribunal para cuestionar sus fallos o amenazar con cambios en su funcionamiento o integración, las causas que involucran a sus partidarios terminaron agravándose con condenas firmes.

Internamente, en la Corte hay desavenencias que llegaron a enfrentar a su presidente, Carlos Rosenkrantz, con Ricardo Lorenzetti. Ahora no se registra el mismo clima belicoso, pero sí una fría distancia, sostenida en buenos modos, pero con los jueces manteniendo sus diferencias.

Una idea recurrente es que estos embates contra la Corte amalgaman a los jueces y hacen olvidar sus disidencias. Sin embargo, las operaciones no se olvidan y los sinsabores anidan en silencio, mientras se suceden los encuentros semana a semana.

El discurso de Alberto Fernández fue particularmente duro con la jueza Helena Highton de Nolasco. La magistrada llegó a la Corte en época de Néstor Kirchner porque la acercó Alberto Fernández cuando era jefe de gabinete. Además, tiene una excelente relación con la ministra de Justicia, Marcela Losardo.

Fernández le reprochó haberse quedado en la Corte más allá de sus 75 años, merced a un fallo judicial. Dijo que fue una actitud “corporativa”. Highton era la jueza más cercana al Gobierno y, de hecho, la única que asistió al acto de presentación de la reforma judicial y de la comisión asesora que sugirió cambios en la propia Corte. (Por Hernán Cappiello para La Nación // Imagen: Los miembros de la Corte Suprema escuchan por videoconferencia el discurso presidencial en la Asamblea Legislativa por la apertura de las Sesiones Legislativas en el Congreso de La Nación)

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