Sigue el tironeo dirigencial por la Liga Profesional

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La expectativa que genera la Selección disimula la anomia institucional: una elección postergada por decisión judicial y las internas dirigenciales.
Claudio Tapia y Lionel Messi, representantes diferentes del fútbol argentino.

La clasificación anticipada al Mundial y los 31 partidos invictos de la Selección dirigida por el improbable Scaloni, pero sobre todo el brillo estelar de Messi -sin contras desde que ganó la Copa América nada menos que en Brasil- y la consolidación de una nueva generación -el arquero Dibu Martínez, el defensor Cristian Romero, el volante De Paul, entre otros- empujan la ilusión colectiva con la mirada puesta en Qatar. Este viernes se sortearán en Doha los grupos de la Copa del Mundo, y desde el instante en que salga la última bolilla millones de futboleros transformarán su entusiasmo en una especulación lúdica que sólo se apagará con el pitazo final del último partido. Es la magia del fútbol.

Magia que aprovechan los dirigentes, cual ilusionistas de escritorio, para ocultar sus torpezas, definiéndolos con una mirada piadosa. Porque sin ánimo de arruinar fiestas, vale recordar que al mismo tiempo que la Selección ilumina el futuro, los dirigentes perpetúan una interna que derivó en la suspensión de la elección presidencial en la Liga Profesional. La medida fue definida por el juez Almeida Pons, quien dio lugar a un recurso cautelar presentado por Marcelo Tinelli, actual presidente sin poder de la Liga, organización también vaciada de utilidad y que se limita por estos días a definir los horarios de los partidos. La única lista que aspiraba a conducir la Liga, encabezada por Cristian Malaspina, presidente de Argentinos Juniors, quedó así a la espera de una definición.

El éxito deportivo convive con el fracaso de quienes dirigen, que deriva en la desorganización institucional. Presentar un torneo con mayor valor agregado como producto -para incluir en la misma frase los conceptos fetiches de los marketineros- se convierte entonces en una abstracción.

Porque, ¿qué es el fútbol argentino como producto, es decir como fruto del trabajo de sus dirigentes ? Seguro no Messi, consecuencia de sí mismo y de su esfuerzo. Tampoco la Selección Argentina, más resultado del azar y de oportunas intuiciones (a las que se les reconoce un valor) que de un plan. ¿Acaso Scaloni desarrolló una carrera como entrenador desde los juveniles o fue la alternativa a mano en el momento en que había que decidir?

El verdadero producto de la tarea dirigencial es un torneo local devaluado que, entre otras cosas, promete una artificial fecha de clásicos en la que siete de catorce partidos no ofrecen una historia que respalde la idea, y obliga a los periodistas a recurrir a una palabra tan fea como emparejamiento para explicarlos. Es el VAR implementado en la fecha 8 de un torneo de 14, sin pruebas públicas en amistosos que permitieran a los hinchas una adaptación, más allá de las experiencias visibles en los torneos internacionales.

Vale recordar que Independiente también tiene judicializada su elección presidencial, en otro ejemplo de mala praxis de sus dirigentes, mientras el equipo y sus hinchas transitan entre la bronca y la angustia.

Lo cierto es que la expectativa con que la Selección afronta su etapa previa al Mundial convive y disimula la anomia en las instituciones. Aquel intento de saneamiento económico y organizativo que significó la SuperLiga creada en 2017 es hoy un artefacto obsoleto que los dirigentes se aprestan a descartar definitivamente, y con él un intento de evolución. La debilidad creciente de la Liga significará el fortalecimiento de la AFA y la continuidad de estilos y conductas conocidas.

(Imagen: Claudio Tapia, titular de la AFA)

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